Espacios de escucha atenta, con escenario y tocadiscos; talleres de artes orientales; bares que mezclan el juego, la narrativa y la gastronomía. Se multiplican en todos los barrios de Barcelona los locales que hibridan la cultura, el ocio y el ritual.
Calle Casp, 12
Club del Disco
La época del podcast y Spotify es también la del éxito masivo de los conciertos, esas lluvias de estrellas, y la de la escucha atenta y profunda. En esta última tendencia se inscribe la apertura, hace poco más de una semana, de los 300 metros cuadrados de la sede barcelonesa del Club del Disco, un proyecto que nació en el 2005 en Buenos Aires (y que recuerdo con un aura de templo). Música ambiente en máxima calidad; discos de vinilo a la venta y para escuchar en tornamesas de gama alta; encuentros con melómanos alrededor de una copa o en el ritual del concierto en directo (con espacio para unas cien personas). La sala de los shows en vivo y sesiones de escucha, aterciopelada, inundada en rojo, emana intimidad. Atención: muchas de las actuaciones y actividades de las próximas semanas son gratuitas, sólo hay que adquirir la entrada en la web.
Calle Brosolí, 7
Dr. Stravinsky Parfumerie
Muy probablemente sea la coctelería más narrativa del mundo. Su prólogo es la casa museo de Grigori Stravinsky, hermanastro del músico, que murió en el Born después de haber abandonado Rusia y haber conocido en París a Pablo Picasso, Marc Chagall y Coco Channel (a quien ayudó en el diseño del famoso perfume número 5). Decenas de libros, postales, fotos y tarjetas estereoscópicas acompañan el relato de su vida. Después de la visita, entras en un local preciosista, donde el bar se funde con la perfumería tanto en la decoración como en los propios cócteles, pues cada uno de los dieciséis que ofrece se puede combinar con tres perfumes distintos que cambian su percepción. Y pronto prevén empezar a organizar talleres y degustaciones en el playground o laboratorio donde –con la maquinaria más avanzada, alquimistas del siglo XXI– ya realizan sus propios destilados y fermentaciones.

Todo está diseñado, pensado y contado en sintonía con otros proyectos del Grup Confiteria y según códigos literarios, con la dirección creativa de Mad Studio. La carta parece una revista antigua. Y el libro ha sido editado por el sello Flanêur, cuyo catálogo incluye a amigos de Stravinsky, como Charles Baudelaire o Marcel Proust. Un detalle: en los créditos de la exposición dan una pista sobre el origen de esa biografía migrante: “In memoriam, W.G. Sebald”. Es una alusión al escritor alemán que radiografió los exilios del siglo XX y, a partir de historias reales, creó una muy poderosa ficción.
Calle Josep Torres, 25
El Bol
El nuevo espacio multidisciplinar, que abrió sus puertas el 6 de septiembre, une la cerámica, la joyería y el bambú. Las promotoras del proyecto son la ceramista Àngels Rodríguez y su hija Fiona Campreciós, a quien acompañan la joyera Rosa Maria Farré y la artista Alicia Martínez. Sus clases de sumi-e comienzan con la representación de la planta del bambú (con sol, luna, viento, nieve, reflejada en el agua), como paso previo para llegar al dibujo de la orquídea, el ciruelo en flor y el crisantemo. Una vez dominas esas figuras, continúas con los pájaros y otras criaturas más complejas. Sumi-e, me explica Martínez, es “una técnica muy antigua, de origen chino, que se basa en los principios estéticos del zen, para ella no existe el error y se sigue la regla de la pincelada única, con tinta china, que no se puede borrar ni retocar, como la vida”. En los ejercicios previos se calienta el pincel y se prepara al alumno para la pintura, que algo tiene de meditación.

Calle Viladomat, 239
Video Instan
El mítico videoclub de Barcelona, fundado en 1980, se ha trasladado de la calle Enric Granados a la calle Viladomat, donde inicia una nueva vida con más servicios: una cafetería y una sala privada de proyección. Treinta butacas amarillas y una pantalla que se pueden alquilar para ver con amigos una de las cerca de 47.000 películas (un 30% de ellas descatalogadas) que atesoran en el mayor fondo en alquiler de España. Mientras en el televisor o el iPad pasamos casi tanto tiempo buscando qué ver o abandonando contenidos como disfrutando de series y películas, en el videoclub puedes recuperar el placer de la selección definitiva y acompañar con palomitas el largometraje que decides ver. En nuestro caso fue ¿Quién mató a Roger Rabbit?

Paseo Sant Joan, 23
Bar 64
En el Triángulo Friki se ha defendido durante más de cuarenta años la cultura analógica: desde las novelas de ciencia ficción, los fanzines o los cómics de superhéroes, debidamente impresos, hasta las figuritas de Warhammer o las cartas de Magic . Por eso siempre se ha visto en sus bares y cafeterías, en los últimos años también asiáticas, a aficionados a los juegos de mesa y de estrategia. Bar 64 ha invocado la presencia, en esos mismos metros cuadrados, de otro tipo de jugador: el ajedrecista. El local, decorado con grandes figuras de caballos y álfiles, dispone de una docena de tableros, que son utilizados tanto en el interior como en la terraza, mientras los clientes degustan un café o un cóctel. Treinta años exactos después de que Deep Blue de IBM le ganara una partida a Gari Kaspárov, en plena explosión mundial tanto de la IA como de Chess.com, con 250 millones de usuarios registrados, hay más de medio millón de jugadores de ajedrez federados y no para de crecer su presencia en los colegios. Y en los bares, al parecer.
Calle Ferran, 41
La Rebotiga Sant Jordi
En su nueva vida, la histórica librería Sant Jordi ofrece un refugio gustativo en su recámara, para un máximo de veinte personas, bajo vigas de madera y entre paredes con estratos. Después de haber recorrido el suelo hidráulico y los anaqueles blancos, con esos libros que son un viaje tanto al arte local como a las literaturas más lejanas, la oferta gastronómica es casi kilómetro cero: quesos y embutidos de proximidad, platos típicos y una biblioteca líquida a partir de uvas del Penedès, Alella, Conca de Barberà o Priorat. El local albergó en los siglos XIX y XX diversos comercios delicatessen (confitería, sedería, mercería), hasta convertirse en 1983 en una librería. Tras una crisis que casi acaba con ella, el año pasado fue rescatada y reactualizada por la agencia Temps d’Oci, de Rafa Serra, que también atesora ahora la librería Quera (y el espacio del mismo nombre, con sus platillos, vinos y vermuts).

Paseo de Gràcia, 43
Bon Appétit Casa Batlló
Más que un restaurante, es una experiencia. O, quizá, un ecosistema. Desde este mes de septiembre, en la tercera planta del legendario edificio de Gaudí, donde hasta hace poco vivieron los últimos descendientes de la familia Batlló, se le puede sumar a la visita tanto el desayuno como un aperitivo. Con el café o las tapas se accede a espacio restaurado arqueológicamente, en el que ha sido mimado cada detalle de la madera o los ornamentos o la pintura o el pavimento, en diálogo con el interiorismo submarino y orgánico de la arquitecta y diseñadora italiana Paola Navone y su Otto Studio.
La conversación es, en efecto, ecosistémica: te sumerge en un ambiente distinto al del resto de la casa, entre la materialidad original y las texturas del siglo XXI. La propuesta se inscribe en un programa de aprovechamiento cultural y turístico de todos los metros cuadrados del emblemático edificio de Antoni Gaudí, tras la apertura a principios de año del nuevo espacio Contemporary, que ya ha organizado dos exposiciones con estudios artísticos de referencia –United Visual Artists (Mark Clark) y Tomorrow Bureau– y ha publicado los volúmenes Casa Batlló Contemporary y Gaudí-Miró-Gomis: Deconstructed . El monumento se pixela una vez al año, con el icónico mapping de la fachada, pero durante los otros 364 refuerza su dimensión física y sensorial.