Artivist Network y Ecologistes en Acció han llevado este martes al barrio del Raval de Barcelona la campaña 'Cities, not saunas' (Ciudades, no saunas), impulsada en varios países europeos para denunciar cómo las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas a causa del cambio climático, están convirtiendo las ciudades en espacios cada vez más hostiles para la vida y afectan especialmente a las comunidades más vulnerables.
La acción ha consistido en una actuación visual en la que varias personas se han reunido en la Rambla del Raval vestidas únicamente con toallas, como si estuvieran en una sauna, para denunciar que muchos barrios europeos se están calentando hasta niveles incompatibles con una vida digna.
La campaña '#CitiesNotSaunas' se desarrolla este verano en diferentes ciudades europeas para recordar que el calor extremo constituye ya una emergencia de salud pública y que la adaptación al cambio climático debe convertirse en una prioridad política. Las organizaciones impulsoras insisten en que las ciudades pueden salvar vidas si actúan con rapidez, reduciendo las temperaturas urbanas y protegiendo a las personas que más sufren sus impactos.
La intervención va acompañada de fotografías térmicas que muestran las diferencias de temperatura entre distintos espacios urbanos y evidencian el efecto de la falta de sombra, vegetación y materiales adecuados en el diseño de la ciudad.
Las olas de calor no afectan a toda la población por igual. La exposición al calor extremo está profundamente condicionada por factores sociales y económicos: vivir en una vivienda mal aislada, no poder permitirse aire acondicionado, trabajar al aire libre o residir en barrios con escasez de árboles y espacios verdes incrementa significativamente el riesgo para la salud. En Barcelona, barrios densamente urbanizados y con índices más elevados de vulnerabilidad socioeconómica, como el Raval, sufren especialmente el efecto isla de calor y concentran una población con menos recursos para protegerse de las altas temperaturas. La emergencia climática, por tanto, es también una cuestión de justicia social.
Diversos estudios advierten, además, que los impactos económicos y sociales del calor extremo seguirán aumentando si no se adoptan medidas ambiciosas. Actualmente, las olas de calor ya representan pérdidas equivalentes a hasta el 0,5% del PIB europeo cada año, una cifra que podría superar el 3% en los países más afectados del sur de Europa antes de 2060. Si las emisiones continúan aumentando y la adaptación sigue siendo insuficiente, la mortalidad asociada al calor podría incrementarse en torno a un 50% de aquí a finales de siglo.
Con esta acción, las organizaciones reclaman que Barcelona y el resto de ciudades adopten planes de adaptación al calor que sitúen la salud pública y la justicia climática en el centro de las políticas urbanas. Entre las medidas prioritarias destacan aumentar el arbolado y las zonas verdes para reducir el efecto isla de calor, sustituir superficies de asfalto y hormigón por soluciones permeables y ajardinadas, ampliar la red de refugios climáticos gratuitos y accesibles, proteger a las personas trabajadoras expuestas al calor y garantizar que el urbanismo incorpore criterios de resiliencia climática en todos los nuevos proyectos.
Desde Ecologistes en Acció exigen al gobierno municipal, y por extensión a toda la clase política, que “deje de emitir mensajes contradictorios ante la emergencia climática y actúe con coherencia. No es aceptable colgarse medallas por el número de refugios climáticos con que cuenta la ciudad mientras se potencian actividades que emiten enormes cantidades de CO2, como el turismo de cruceros o el tráfico aéreo, cuyas emisiones aumentarían un 45% con la ampliación del aeropuerto que se proyecta, y que, además, deterioran las condiciones de vida en la ciudad con el agravamiento de la masificación turística”. “Estas actividades contribuyen fuertemente al calentamiento global y nos acercan todavía más al abismo climático. Es lamentable que los gobiernos sigan sin planificar una movilidad realmente más sostenible o un urbanismo más verde”, añaden.