
La Promesa se ha convertido en una de las series diarias de referencia de RTVE, y buena parte de su atractivo reside en la cuidada recreación de la España de principios del siglo XX. La ficción arrancó situando su historia en 1913, durante el reinado de Alfonso XIII, y actualmente sus tramas han avanzado hasta 1917, un año especialmente convulso para España y para Europa. En ese contexto, los personajes de palacio viven sus propios conflictos mientras, fuera de sus muros, el país atraviesa una etapa de importantes cambios políticos y sociales.
La serie ha hecho incluso que la figura del monarca aparezca de forma indirecta en algunas de sus tramas, con referencias a Alfonso XIII y a las famosas fiestas de la corte. Pero, ¿quién era realmente el rey que gobernaba España mientras transcurre La Promesa? Su biografía está llena de episodios que parecen propios de una ficción: nació siendo rey, sobrevivió a varios atentados, perdió la Corona, terminó exiliado y mantuvo una relación compleja con Francisco Franco.
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Y hay un detalle familiar que conecta directamente aquella historia con uno de los rostros más conocidos de la televisión española. Alfonso XIII fue bisabuelo de Alessandro Lequio, ya que el aristócrata y colaborador televisivo desciende de la infanta Beatriz de Borbón, hija del monarca. Una conexión que quizá resulte desconocida para muchos espectadores de La Promesa y que enlaza a la familia real española de comienzos del siglo XX con uno de los personajes habituales del papel couché.
Alfonso XIII nació en Madrid el 17 de mayo de 1886, seis meses después de la muerte de su padre, Alfonso XII. Por ese motivo se convirtió en rey desde su nacimiento, aunque fue su madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena, quien ejerció la regencia durante su minoría de edad. En 1902, al cumplir los 16 años, asumió personalmente las funciones de la Corona.
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Su reinado estuvo marcado por una España políticamente inestable y por una sucesión de acontecimientos que terminarían transformando por completo el país. En 1906 se casó con Victoria Eugenia de Battenberg y aquel mismo día sufrió uno de los episodios más dramáticos de su vida.
El 31 de mayo, cuando los recién casados regresaban al Palacio Real después de la ceremonia, el anarquista Mateo Morral lanzó una bomba contra la comitiva desde un balcón de la calle Mayor de Madrid. El artefacto cayó entre la multitud y, aunque provocó numerosas víctimas, los reyes resultaron ilesos. Aquel no sería el único episodio de este tipo que marcaría su trayectoria.
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La pareja tuvo siete hijos, aunque solo seis llegaron a la edad adulta, y entre ellos se encontraba la infanta Beatriz, abuela materna de Alessandro Lequio. Así se explica el vínculo genealógico que convierte a Alfonso XIII en bisabuelo del conocido colaborador televisivo.
Pero mientras su familia crecía, la situación política española se deterioraba. La crisis de 1917, la conflictividad social y militar y, años después, el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera colocaron a la monarquía en una posición cada vez más delicada.

En 1923, Primo de Rivera tomó el poder con el respaldo de Alfonso XIII, dando comienzo a una dictadura que se prolongaría hasta 1930. El deterioro de la situación política terminó afectando directamente a la imagen de la corona. Cuando Primo de Rivera abandonó el poder, el rey intentó recuperar la normalidad constitucional, pero la monarquía había quedado profundamente debilitada.
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Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 se convirtieron en el preludio del cambio de régimen. Dos días después se proclamó la Segunda República y Alfonso XIII abandonó España. El monarca se marchó voluntariamente para evitar que su permanencia pudiera provocar un conflicto mayor y comenzó así un largo exilio que lo llevaría primero a otros países europeos y finalmente a Roma.
Su historia con Francisco Franco pertenece ya a los últimos capítulos de su vida y resulta especialmente llamativa. Alfonso XIII apoyó al bando sublevado durante la Guerra Civil y llegó a respaldar económicamente la causa franquista, confiando en que una victoria de los rebeldes pudiera facilitar el regreso de la monarquía.
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Sin embargo, la relación entre ambos terminó deteriorándose. Franco no restauró la corona durante su vida y Alfonso XIII llegó a expresar públicamente su decepción con quien había considerado una figura clave para el futuro de la institución. Una de las frases que se atribuyen al antiguo monarca resume aquella decepción: “Elegí a Franco cuando no era nadie. Él me ha traicionado y engañado a cada paso”.

Alfonso XIII renunció a la jefatura de la Casa Real en favor de su hijo Juan en enero de 1941. Poco después, el 28 de febrero, murió en Roma, donde llevaba años viviendo alejado de España. Tenía 54 años.
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Cuatro décadas después, sus restos regresaron a España. En 1980 fueron trasladados al Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial, cerrando así el último capítulo de una vida que comenzó con una circunstancia excepcional —nacer siendo rey— y terminó marcada por el exilio.
Para los espectadores de La Promesa, Alfonso XIII es, por tanto, mucho más que el nombre del monarca que aparece al fondo de algunas de las tramas.
Pero la vida de Alfonso XIII guarda otra curiosidad mucho más inesperada. El monarca fue un gran aficionado al cine y, según diversas publicaciones que han recuperado esta historia, habría tenido además un papel pionero en la producción de películas porno en España.
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El medio Cultura Inquieta rescató este episodio a través de uno de sus contenidos en redes sociales, en el que se explica la relación del monarca con los hermanos Ricardo y Ramón Baños, cineastas vinculados a los primeros años de la industria cinematográfica española. Según este relato, durante las décadas de 1920 y 1930, Alfonso XIII habría financiado y supervisado películas de carácter erótico realizadas bajo la productora Royal Films, llegando a producirse más de 70 cintas.

La historia va todavía más allá. De acuerdo con el mismo relato, el monarca no se habría limitado a aportar dinero, sino que también habría participado en la supervisión de estas producciones. Entre otras cuestiones, habría intervenido en la selección de las actrices, recurriendo en algunos casos a prostitutas del Raval barcelonés. También se le atribuye cierta participación en los argumentos de algunas de aquellas películas.
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La Filmoteca Valenciana conserva, de hecho, tres películas de contenido sexual que habrían formado parte de su colección personal: El confesor, El ministro y Consultorio de señoras.
Esta faceta encaja además con otra característica que se ha atribuido a Alfonso XIII: su afición por el cine y su agitada vida sentimental. Su comportamiento privado alimentó durante años la imagen de un rey mujeriego y amante de la vida nocturna, hasta el punto de que algunas publicaciones lo han presentado como un auténtico “rey playboy”.