El buen rollo, casi tutelaje, de Fernando Alonso hacia Carlos Sainz, en los primeros años del madrileño en la Fórmula 1 parece cosa de otra época si uno atiende a la frialdad que hay entre los dos pilotos españoles, más aún tras el último rifirrafe protagonizado entre ambos, este domingo en el Madring. Corría la vuelta 13 y Alonso intentó superar al corredor de Williams por su derecha, pero Sainz se movió hacia allí y los dos coches se tocaron. El roce obligó a Aston Martin a sustituir el alerón delantero del ovetense, cuyo cabreo por la radio fue transmitido por la señal de televisión internacional.
“En la salida ha chocado contra dos, y ahora me ha estrujado contra el muro”, soltó el bicampeón del mundo con Renault. Sainz, que por aquel entonces ya circulaba con el bólido tocado, tuvo que abandonar más adelante (vuelta 48), mientras que Alonso terminó el penúltimo (17º), antes de ponerse ante los periodistas, que pudieron intuir fácilmente su calentura. “Afortunadamente estoy sano y salvo. A 340 kilómetros por hora, prefiero que nadie me encierre contra el muro. Quiero llegar vivo a final de carrera”, declaró el veterano corredor, de 45 años. Sainz, por su parte, puso el acento en los lamentos de su rival por la radio como elemento detonante de la sanción de cinco segundos que le cayó como consecuencia. “Se quejó y consiguió que me penalizaran. Llevaba el coche tocado desde la salida, y era muy difícil mantenerlo en pista”, señaló el hijo del bicampeón del mundo de rallies (1990 y 1992), en un ejercicio para olvidar: “El coche va tan mal en este tipo de escenarios, que el mejor resultado habría sido un 15º, o un 16º. Es lo que hay”, dijo el de la escudería de Grove.
Si hay algo que ha quedado claro a lo largo de su trayectoria, es que Alonso puede ser muy transparente cuando le apetece. Presentado Sainz como embajador del Madring, él se convirtió en el principal reclamo de Montmeló. Preguntado si el hecho de que la F1 haya firmado un contrato con el trazado urbano hasta 2035 es un motivo de peso para prolongar su contrato, que expira a final de año, su respuesta fue directa pero ambigua: “Eso cambia nada”.
“Hay que mejorar los adelantamientos”
Gran parte de la sacudida que se le dio al reglamento técnico con vistas a esta temporada perseguía aumentar los adelantamientos, el principal argumento de venta de las carreras y el que más se echó de menos en el Madring. El perfil del circuito, abrazado por muros, ya anticipaba un domingo de desfilada, con los coches en procesión al estilo del resto de trazados urbanos. Lando Norris fue el piloto con más ritmo del fin de semana, pero se desesperó embotellado entre el pelotón, enjaulado y viéndose incapaz de progresar, simplemente a la espera de que los bólidos de delante desaparecieran al hacer sus paradas. Al final, la velocidad de su monoplaza papaya le llevó a subirse al podio, uno de los menos celebrados por el muchacho de Bristol.
“El evento ha sido fantástico, pero hay que mejorar los adelantamientos”, convino Fred Vasseur, director de Ferrari, que volvió a quedarse sin ninguno de sus bólidos en el podio. “Este circuito necesita algunos ajustes, porque es imposible adelantar”, añadió George Russell. “Dadme un mapa y lo arreglo”, bromeó Max Verstappen.