Ana Ojeda: una literatura que desarma el mundo para volver a nombrarlo | El Dia

2026/08/23

Hay escritores que construyen una obra alrededor de determinados temas. Ana Ojeda parece hacerlo alrededor de una pregunta: ¿qué pasa cuando también ponemos en discusión las palabras con las que contamos el mundo? En sus libros, la lengua nunca es un instrumento transparente. Se mueve, se deforma, se ríe de sí misma, incorpora voces ajenas, mezcla registros, inventa sonidos y, sobre todo, se resiste a permanecer quieta.

Leer tres de sus libros -Vikinga Bonsái, Mujer peor y Diario de un dolor, entre tantos otros- permite reconocer algunas de las obsesiones que atraviesan su literatura, aunque cada obra encuentre una forma distinta de ponerlas en escena. Hay allí una escritora interesada por los vínculos, por los cuerpos, por las instituciones, por la familia, por el trabajo, por la vida doméstica y por esas pequeñas situaciones que, bajo una mirada atenta, dejan de ser pequeñas.

SOBRE SUS OBRAS

En Vikinga Bonsái, la vida cotidiana aparece atravesada por una lengua exuberante. La novela sigue a un grupo de amigas que debe arreglárselas después de la muerte inesperada de Vikinga, mientras su marido permanece incomunicado durante un viaje por Paraguay y su hijo queda bajo el cuidado de esa comunidad improvisada. La trama podría leerse como una comedia doméstica, pero Ojeda aprovecha ese escenario para hacer algo más: convertir la lengua en protagonista.

Boedo, San Cristóbal, la bicicleta, el supermercado, los grupos de amigas, las obligaciones laborales y familiares forman el paisaje de una novela donde conviven el lunfardo, palabras de origen italiano, expresiones contemporáneas y lenguaje inclusivo. No se trata simplemente de cambiar algunas palabras. La apuesta es más profunda: mostrar que una lengua también se transforma porque quienes la hablan cambian.

La capacidad de hacer convivir lo íntimo con lo histórico, una característica propia

En Mujer peor, esa experimentación se vuelve todavía más radical. El libro reúne tres nouvelles —Lograr los logros, Urara y Alcanfor— y las convierte en un laboratorio de formas. Monjas que intentan reconvertir un convento en un negocio, una trabajadora que entra en crisis frente a un universo laboral atravesado por el abuso y una mujer mayor cuya enfermedad abre la puerta a una disputa familiar por su casa: situaciones reconocibles que Ojeda lleva hacia el absurdo, la sátira y la poesía.

El humor es una de sus herramientas fundamentales. Pero no funciona como un descanso frente a la crítica: es la forma que encuentra para mirar de frente aquello que de otro modo podría resultar insoportable. El patriarcado, la explotación laboral, la burocracia, la religión, el mercado inmobiliario, las tareas de cuidado y las relaciones de poder aparecen deformados hasta volverse ridículos. Y en esa deformación hay una pregunta política: ¿por qué aceptamos como normal aquello que, visto desde otro ángulo, resulta completamente absurdo?

La elección del verso en Mujer peor profundiza esa búsqueda. Ojeda juega con el ritmo, las repeticiones, las rimas, los sonidos y la oralidad rioplatense. El lenguaje no solamente cuenta una historia: produce una experiencia física de lectura. Las palabras parecen tener memoria propia, como si antes de significar algo pudieran sonar, golpear, provocar una imagen.

En Diario de un dolor, en cambio, el punto de partida es el cuerpo. Un dolor físico irrumpe y obliga a la autora a detenerse, a buscar explicaciones médicas y también a mirar hacia atrás. La enfermedad se convierte entonces en una puerta hacia la genealogía familiar, especialmente hacia la historia de su abuela y de su madre.

SU PROSA

En sus obras aparece otra característica de la escritura de Ojeda: la capacidad de hacer convivir lo íntimo con lo histórico. Una pensión alemana, una familia de inmigrantes, una casa en Banfield, los recuerdos de la infancia, una abuela que llega a vivir 102 años y los trámites posteriores a su muerte forman parte de una misma corriente narrativa. La memoria familiar no aparece ordenada ni solemne. Está llena de huecos, contradicciones, preguntas y zonas que nadie recuerda del todo.

Su literatura se alimenta de la conversación, de la calle, de la cultura popular, de la política, de la poesía y de la vida diaria

Incluso frente al dolor, la autora conserva el humor. Y esa decisión resulta significativa: reírse no significa quitarle importancia al sufrimiento, sino encontrar una distancia desde la cual poder mirarlo. El cuerpo que duele termina conduciendo hacia una historia de mujeres, de desplazamientos, de silencios y de herencias que no siempre son materiales.

En los tres libros hay, entonces, una misma confianza: la literatura puede desarmar aquello que parece dado. Puede hacerlo con una novela vertiginosa, con una nouvelle escrita en versos o con un diario íntimo que convierte una experiencia corporal en una exploración familiar.

Ana Ojeda escribe contra las formas cerradas. También contra las palabras que parecen definitivas. Su literatura se alimenta de la conversación, de la calle, de la cultura popular, de la política, de la poesía y de la vida doméstica. Y en ese cruce encuentra una voz que no busca ordenar el mundo sino ponerlo en movimiento.

Quizás allí esté una de las claves de su obra: en entender que cambiar las palabras también puede ser una manera de cambiar la mirada. Porque cuando una escritora altera el ritmo, rompe una frase, inventa un término o lleva una escena cotidiana hasta el delirio, no está solamente jugando con la literatura. Está preguntando qué otras formas de contar -y por lo tanto, de imaginar- todavía nos quedan.

VIKINGA BONSÁI

ANA OJEDA
Editorial: Eterna Cadencia
Páginas: 144
Precio: $31.500

Mujer peor

ANA OJEDA
Editorial: Random House
Páginas: 320
Precio: $45.900

DIARIO DE UN DOLOR

ANA OJEDA
Editorial: Bosque Energético
Páginas: 96
Precio: $26.900

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