Anna Lembke, psiquiatra de Stanford: «Mirar el móvil cada vez que te sientes incómodo está destruyendo tu capacidad de relajarte» | El Diario Vasco

2026/07/27

J. F.

27/07/2026 a las 07:16h.

La epidemia de ansiedad que afecta a la sociedad contemporánea no es consecuencia de amenazas físicas inminentes ni de catástrofes repentinas. Según la doctora Anna Lembke, médica especialista en adicciones, profesora de psiquiatría en la Universidad de Stanford y autora del referente editorial 'Dopamine Nation', el origen de este malestar crónico se encuentra en la rutina diaria. En sus recientes intervenciones académicas y divulgativas, como su participación en el 'Huberman Lab Podcast', Lembke sostiene que el sistema nervioso humano está sufriendo las consecuencias de pequeños hábitos cotidianos que, de forma imperceptible, desencadenan estados de pánico y agotamiento emocional.

El núcleo de las investigaciones de la doctora Lembke radica en el equilibrio neurobiológico entre el placer y el dolor en el cerebro. En un entorno hiperestimulado, la población ha normalizado seis mecanismos de evasión emocional que prometen descanso pero que, paradójicamente, desmantelan la capacidad interna para alcanzar la calma.

El ciclo adictivo de la pantalla y el «escape» digital

El principal hábito dañino señalado por la psiquiatra es recurrir al teléfono móvil ante el menor indicio de incomodidad o aburrimiento. De acuerdo con Lembke, cada vez que una persona desliza la pantalla para evitar un pensamiento o emoción desagradable, envía una señal directa al sistema nervioso: la premisa implícita de que es incapaz de tolerar su propia experiencia presente.

Este comportamiento crea un bucle adictivo. La persona mantiene una conciencia subconsciente de que, al soltar el dispositivo, se enfrentará a una sensación de vacío o molestia. Para aplazar ese malestar, continúa consumiendo contenido digital, lo que profundiza la dependencia.

Los 6 hábitos cotidianos que bloquean el descanso mental

A través de sus análisis clínicos, la experta de Stanford categoriza las seis conductas más comunes que perpetúan esta crisis de autorregulación:

  1. 1.

    Uso compulsivo del teléfono móvil: Huir del malestar presente a través de las redes sociales, invalidando la tolerancia natural al vacío

  2. 2.

    Maratones de series nocturnas: Aunque socialmente se perciben como un método para descomprimir tras la jornada, sobreestimulan el sistema nervioso e inyectan cortisol, interfiriendo directamente con la arquitectura del sueño y la relajación real

  3. 3.

    Dependencia de sustancias externas: Recurrir a la comida, el alcohol o el cannabis para alterar artificialmente el estado de ánimo. Con el tiempo, este hábito debilita los mecanismos neurobiológicos de regulación interna, volviendo insoportables las emociones cotidianas

  4. 4.

    Ocupación constante y falsa productividad: Mantener una agenda hiperactiva actúa como una «armadura» socialmente aprobada para evitar la quietud e ignorar el estado real del sistema nervioso

  5. 5.

    Dieta informativa hiperactiva: El consumo ininterrumpido de noticias de última hora, debates polarizados y opiniones en redes entrenan al cerebro para evaluar el entorno como un lugar hostil, manteniendo la mente en una alerta permanente de baja intensidad

  6. 6.

    Incapacidad para aburrirse: El equilibrio dinámico entre el placer y el dolor requiere fricción. Si el cerebro jamás se detiene a divagar, pierde su habilidad biológica para generar descanso de manera autónoma

El camino neurobiológico hacia la calma

Frente a la inercia de la sobreestimulación, la propuesta de la especialista no pasa por soluciones complejas, sino por la recuperación de la tolerancia a la quietud.

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Lembke reflexiona en sus estudios sobre la necesidad de reintroducir deliberadamente momentos de aburrimiento y pausa diaria. Actividades analógicas que no saturan el sistema dopaminérgico (como leer en papel, pintar, mantener conversaciones pausadas o permanecer en silencio) permiten que la balanza neurobiológica recupere su punto de equilibrio natural, devolviendo al individuo la capacidad de descansar desde el interior.