Argentina está en semifinales. Con sufrimiento, especialmente en los partidos eliminatorios (los mata-mata, como los definen los españoles) la Scaloneta enfrentará a Inglaterra el miércoles. Y llega con la imagen de equipo cansado, casi con el tanque de combustible en reserva, por eso las analogías con la épica de la Selección de 1990 asoma rápidamente.
Obviamente hay diferencias, porque aquel Diego de 29 años no estaba como este Leo con una década más encima del lomo. Y también el seleccionado de Carlos Bilardo era un equipo más “viejo” más allá de la coincidencia de una importante cantidad de campeones mundiales que tuvieron continuidad en la Copa siguiente.
Italia ‘90 fue El Mundial. Desde ese himno aún recordado, Un’estate italiana con las voces de Gianna Nannini y Edoardo Bennato hasta la victoria sobre Italia, pasando por el tobillo de Diego y el gol de Caniggia para mandar a casa a Brasil, todo lo que pasó durante ese mes en la península es inolvidable. Al menos, la épica de ese equipo remendado que perdió la final ante Alemania en medio de la polémica por el arbitraje del mexicano Edgardo Codesal suele reaparecer en nuestro fútbol como símbolo de coraje y lucha contra la adversidad.
Claramente, esa personalidad es un diferencial del futbolista argentino, lo que lo convierte en diferente y hace que sus equipos siempre tengan un plus, más si visten la albiceleste en una Copa del Mundo. Argentina aseguró semifinales en tres de las última cuatro ediciones y aún en la eliminatoria ante Francia en el papelonezco ciclo Sampaoli fue apenas 4-3 contra un equipo galo que comenzaba a ser la máquina que se extendió por tres mundiales.
En la final del ‘90 tuvo a Diego en una pierna y las bajas de Batista, Cani, Giusti y el Vasco
Así como este equipo de Scaloni fue criticado por la debilidad de sus rivales en los últimos años, la Selección de Bilardo recibió cuestionamientos post México, desde la Copa América del ‘87 jugando en nuestro país hasta los amistosos jugados en la previa del Mundial de Italia contra clubes como Mónaco (derrota 2-0), Linfield de Irlanda (triunfo 1-0) y Valencia (1-1) además de selecciones que no clasificaron a la máxima competencia: Siza (1-1) e Israel (triunfo 2-1).
Entre Qatar y esta Copa del Mundo, la Scaloneta jugó contra Curazao, Panamá, Indonesia, El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Puerto Rico, Angola, Mauritania, Zambia, Honduras e Islandia, casi una ONU con poco y nada predicamento en el fútbol. Hasta la Finalissima con España quedó descartada por problemas de agenda. Hubiese sido el único rival fuerte entre copas.
En competencia en el Mundial, el camino del ‘90 no empezó igual que en este 2026, pero el sufrimiento en el derrotero se asemeja bastante. En Italia, Argentina perdió en el debut contra Camerún, hizo 5 cambios para le ganarle a Unión Soviética (partido en el que se recuerdan la segunda mano de Dios, la lesión de Pumpido y el gol de Pedro Troglio) y empató con Rumania para pasar como uno de los mejores terceros. Fue de punto ante el Brasil de Lazaroni y quedaron en el recuerdo los ruidos de los remates brsileños en los postes y la patriada de Maradona para el gol de Cani que marcó el 1-0. Además, claro está, del bidón de Branco.
La Scaloneta llegó con varios jugadores al limite y tiene poca nafta en el tanque pero sigue ganando
Después fue el turno de un durísimo empate con Yugoslavia que comenzó a agigantar la figura del arquero Sergio Goycochea, imbatible en las definiciones por penales, como lo demostró días después al eliminar por esa vía al anfitrión Italia. Contra la Azzurra fue el partido más serio del equipo, un empate 1 a 1 con el arbitraje en contra que lo dejó muy herido para la final ante Alemania.
Con Diego en una pierna, Oscar Ruggeri con pubalgia, suspendidos Ricardo Giusti (expulsado), Claudio Caniggia, Julio Olarticochea y Sergio Batista (por acumulación de amarillas), Argentina peleó el partido hasta el final, terminó con 9 jugadores por las rojas a Gustavo Dezzotti y Pedro Monzón pero cayó solo por un penal de Sensini a Völler en tiempos en los que los fallos arbitrales eran adversos, en contra de la moda actual de una Argentina favorecida impuesta por las redes sociales. El gol de Brehme y las lágrimas del 10 aún duelen, pero aquel fue un equipo de hombres con amor por los colores.
Lo mismo se puede decir de esta Selección, que llegó a Estados Unidos con varios futbolistas en duda por cuestiones físicas. Si bien la fase de grupos fue simple (3-0 a Argelia, 2-0 sobre Austria, 3-1 a Jordania), desde 16avos la historia se complicó: ganó todos sus partidos por 3 a 2 pero Cabo Verde lo complicó en 16avos y lo llevó a suplementario; tuvo que levantar un 0-2 a 13 minutos del final ante Egipto y otras vez Suiza lo obligó a jugar 120 minutos, un partido que se destrabó gracias a la justa roja a Embolo pero que exhibió el peor rendimiento argentino en el Mundial.
Con vibras muy ‘90, agotado pero entero y sin bajas, Argentina quiere seguir escribiendo una historia épica en Estados Unidos. La Scaloneta aún depende de sí misma.
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