Es indudable que el lugar donde habita un artista puede inspirar algunas de sus más grandes obras, pero, ¿cómo sucede esto?, ¿cómo llega a definirse un estilo gracias a la ciudad?
Para intentar comprender esto, Diario EL UNIVERSO conversó con músicos que sienten que Guayaquil es pieza fundamental de su trabajo artístico.
Algunos más convencidos que otros, pero ninguno dudó sobre la gran influencia que la urbe porteña ha dejado por sus cancioneros.
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Sepia Jazz Band y la elegancia porteña
La agrupación de jazz manouche que publicó su álbum debut en el presente año es guayaquileña sin discusión, y ha buscado mantener viva la tradición de un género que podría considerarse antiguo, pero que ha tomado fuerza durante los últimos años.
Esa especie de jazz gitano que puede poner a todos a bailar sin importar el traje elegante que porten.
Conformada por los urdesinos Cristina Hernández, Carlos Hernández y José Andrés Pechiche, complementados por Luis Illescas, Sepia Jazz Band, coincide en que la impronta guayaquileña es inconfundible en su trabajo.
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“Si eres guayaquileño puedes tocar cualquier género o tipo de música, pero seguirá siendo música guayaquileña”, fueron algunas de sus palabras.
“Hay un verso del pasillo Guayaquil pórtico de oro, que dice: “Ciudad cosmopolita, hogar fecundo”... Las ciudades portuarias como la nuestra son un centro de acopio de muchas culturas e identidades. Estamos constantemente en el intercambio cultural. Nuestro aporte a la identidad guayaquileña contemporánea es ese; hacer música de corte internacional, que se reconozca y se disfrute en cualquier lugar del mundo”.
En su álbum se encuentra el tema Al manso, el que dicen “es el resultado del amor que tenemos por nuestra ciudad”.
Estos jazzistas también mencionaron tener como referentes a los músicos locales Lucho Silva, Héctor Napolitano, Francisco Echeverría, Lyzbeth Badaraco, entre otros.
Lucas Napolitano: el heredero de una gran tradición musical
“Imagínate lo difícil que es apellidarte Napolitano en estos tiempos”, dijo entre risas Lucas, el único hijo guitarrista del icónico Viejo Napo, reconocido justamente por dedicar gran parte de su música a la identidad del guayaquileño de otros tiempos; sin embargo, para Lucas no todo se queda en acompañar a su padre interpretando canciones como Guajira a Guayaquil, Barcelona es la camiseta o Bolón de verde.
“Claro que tocar con mi papá es increíble, pero en algún momento decidí que tenía que empezar a hacer mi música, lo que me gustaba, y a mí me gusta el blues desde muy chico”.
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Pese a no ser guayaquileño de nacimiento (nació en Galápagos), haber vivido en Quito seis años y estar constantemente en la playa por algunas temporadas, él se considera guayaquileño por excelencia.
“Viví toda mi adolescencia en el cerro del Carmen. Mi papá compró un terreno ahí cuando yo tenía como 10 años. Estudié en una escuela fiscal por la misma zona y me tocó aprender a defenderme desde muy chico. El guayaquileño no se puede dejar sorprender, pues”.
El año pasado, el heredero de la guitarra de Viejo Napo publicó su EP El sobreviviente, que según sus propias palabras, suele ser la definición del músico guayaquileño.
“Si de por sí es difícil ser músico, serlo en Guayaquil es una odisea. Tienes que andar apretado, viendo cómo te mueves y qué haces, porque no olvides que este sigue siendo nuestro trabajo, así como cualquier otro”.
Aunque menciona a su padre como una influencia inevitable, también habló de músicos como Segovita, Ricardo Pita y Willy Wong, a quienes mencionó haber visto desde joven, teniendo mucha admiración por ellos.
Kalmar de la Mar: la versatilidad del guayaquileño
“Guayaquil ha influido mucho en mi trabajo como artista. Es la ciudad que me ve nacer y la que le da la personalidad a mi proyecto, mismo que defino como muy versátil”, dice Karen Márquez, una joven artista que bajo el seudónimo Kalmar de la Mar busca llegar al público local.
“Somos una mezcla infinita de culturas, por eso tenemos aquí muchos estilos de música, por eso no me especializo en un solo género”. Esto es cierto, ya que en su álbum Almática, mezclaba rumba flamenca, boleros, baladas, pop y más.
Márquez creció en Sauces y en la Alborada, donde muchos de sus temas fueron tomando forma e identidad.
“Guayaquil se ha impregnado en mi trabajo de manera orgánica. Está ahí, por supuesto siento mucho orgullo por eso. Boleros, pasillos, hay muchas de mis canciones que tienen una ciudad vibrante y naciente en ellas”.
De manera muy grata, la artista mencionó a Pamela Cortés, Hilda Murillo y Patricia González como modelos de aprendizaje para su trayectoria, y espera poder compartir escenario con ellas muy pronto.
“Hace falta trabajar en conjunto para poder llegar más lejos, porque los artistas estamos trabajando por nuestra cuenta. Debe haber mayor responsabilidad sociocultural. Hay que crear una identidad sólida para poder visibilizarla al exterior”.
Cholo y la nacionalización de un estilo extranjero
Guillermo Ríos, mejor conocido como Cholo, es un rapero que se ha encargado de guayaquileñizar géneros norteamericanos como el rap y el hip hop.
“Tal vez esto debería decirlo otra persona, pero creo que mi aporte a la música local ha sido darle una cara y un sonido guayaco al hip hop, porque por supuesto que no es un género autóctono, pero creo que gracias a mi trabajo y al de otros hermanos se ha podido representar a todo este movimiento”.
Cholo vivió en varios barrios del sur de la ciudad, mencionando que eso marcó su manera de ser y de ver las cosas.
“En el sur, la gente siempre está fuera de su casa. Cuando yo era pelado, todos jugábamos en la calle, caminábamos con los amigos y creo que esas cosas me acompañan hasta el día de hoy que soy padre y tengo una familia”.
“Guayaquil aparece en todo lo que hago con el hip hop, no a propósito, sino porque era el único camino que tenía. Soñar desde aquí es difícil, pero para mí, ese sueño se convirtió en disciplina”.
No dudó en nombrar a Julio Jaramillo como uno de los más grandes referentes de la música guayaquileña.
“Mi madre tiene fotos de JJ con mi abuelita. La huella de JJ sigue siendo grande, incluso hasta ahora”.
Además, mencionó a AU-D como un pilar fundamental para el hip hop guayaquileño.
“También están Segovita, Héctor Napolitano. En Guayaquil hay artistas que me han dejado boquiabierto con su trabajo. Yo sé lo que es ser un obrero del arte”.
Aire del Golfo y el legado porteño
Aire del Golfo fue el proyecto del fallecido cantautor Diego Gallardo, quien sin darse cuenta dejó un legado en base no solo al sonido de su música, sino también a la estética visual de los artistas guayaquileños que siguieron su trabajo y carrera.
Para analizar este fenómeno, José Andrés Pechiche Mena, quien fuera productor de gran parte de lo que se publicó de Aire del Golfo, dijo:
“Diego era realmente lo que proyectaba. A veces llegaba al estudio en guayabera, con botas de trabajador de campo o con racimos de verde. Era muy chistoso porque la gente pensaba que él actuaba como un personaje, pero en realidad eran elementos característicos de él”, y es que Aire del Golfo de manera inesperada marcó un precedente en lo que en algún momento se empezó a definir como música porteña.
“Viví en Buenos Aires siete años… Allá lo “porteño” es un sonido específico. Acá podríamos decir que también, porque la música de Aire del Golfo no era solo tropical, solo funk o solo rock, era una mezcla de muchos de esos géneros, acompañados del relato cotidiano. Esto empezó a ser parte de un movimiento que otros colegas adoptaron también”.
Aunque Gallardo no se encuentra entre nosotros hace más de dos años, se convirtió en un distintivo de la música porteña de autor. Eso no se olvida, y en este espacio se le rinde merecido homenaje. Su música se volvió el verdadero aire que zumba en el golfo.
Guayaquil presente en canciones
Hay artistas que de manera directa sienten la influencia de la ciudad, mencionando en sus canciones los barrios, costumbres o usando su jerga única de la que muchos se enamoran. No hablamos de himnos legendarios como Guayaquil de mis amores, Guayaquileño, madera de guerrero o Guayaquileña, que son melodías que, de manera incuestionable han trascendido el paso de los años, sino de algunas que llegaron incluso a inspirar a extranjeros, como la agrupación europea Mano Negra, que en Guayaquil City, mencionaba nuestro peculiar calor y el emblemático malecón.
Por supuesto, también tenemos a la homónima Guayaquil City, de los quiteños Rocola Bacalao, quienes popularizaron el estribillo “yo me voy al nivel del mar”.
Por otro lado, está Sauces 6, de la banda La Pham, quienes también se han hecho conocer por la fusión de géneros, y en esta canción narran la historia de un amor a distancia que concluye con el encuentro en el mencionado barrio del norte de la ciudad.
En 491 años del proceso fundacional, la Perla del Pacífico ha sido fuente de inspiración de poetas, pintores, músicos, cineastas e incluso de personas que han decidido quedarse buscando un futuro más amplio, Guayaquil es un pequeño rincón que muchos anhelan, pero que no siempre todos valoran como se debe.
¡Viva Guayaquil! (O)