Así es la Toscana eslovena: viñedos, castillos y cerezos entre los Alpes y el Adriático

2026/09/01

Polca eslovena, noticias en italiano, polca eslovena otra vez. En Goriška Brda, la radio del coche salta de país cada pocos kilómetros. Esta franja de colinas entre los Alpes y el Adriático no siempre fue Eslovenia. Durante siglos formó una sola región vitivinícola con lo que hoy es el Collio italiano.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de Brda pasó a formar parte de Yugoslavia, y el Tratado de Osimo, firmado en 1975, terminó de establecer la frontera. Algunas casas se quedaron con la fachada en Italia y el patio trasero en Yugoslavia; en otras, el establo se quedó a un lado y la bodega, justo al otro. 

Algunas casas se quedaron con la fachada en Italia y el patio trasero en Yugoslavia

El punto de partida es Dobrovo, con su castillo barroco, convertido hoy en vinoteca y centro cultural, donde se celebra una de las fiestas más importantes de la comarca —Praznik češenj (la fiesta de la cereza)—, con degustaciones de platos típicos, desde el clásico prosciutto frito con polenta hasta la frtalja, una tortilla de verduras de temporada muy típica de Brda, y strudel de cereza.

Desde Dobrovo parten dos rutas temáticas: la Vinska cesta (carretera del vino), que conecta las principales bodegas de la comarca, y la ruta Gradnik, dedicada al famoso poeta Alojz Gradnik, que recorre lugares que marcaron su vida. Para moverse, una opción a considerar es alquilar una bicicleta eléctrica y recorrer algún tramo de la ruta del Alpe Adria Trail, que cuenta con 750 kilómetros en total y conecta Austria, Eslovenia e Italia. El trecho, que atraviesa Brda, arranca en la aldea de Breg pri Golem Brdu, pasa por Vrhovlje pri Kožbani y Fojana, cruza Dobrovo y termina en Šmartno.

Calle empedrada en el pueblo medieval de Šmartno

Calle empedrada en el pueblo medieval de ŠmartnoV.Koshevaya

Šmartno es un pequeño pueblo medieval de apenas doscientos habitantes. Debe su nombre a San Martín, patrón de la vendimia, al que están dedicadas muchas de las iglesias de Brda. La parroquia de Šmartno, además, es la más grande de la comarca y conserva frescos del pintor esloveno Tone Kralj, uno de los grandes nombres de la plástica religiosa del país del siglo XX. Al recorrer sus calles cuesta creer que alguien viva aquí. Šmartno parece un plató de película de época que se quedó vacío tras el rodaje. Dos de sus edificios del siglo XVI albergan hoy la Casa de Brda, un pequeño museo etnográfico, y la Casa de la Cultura con exposiciones temporales.

A pocos kilómetros se encuentra la torre panorámica de Gonjače, desde la que se abre una vista a un paisaje de viñedos y olivares distribuidos en terrazas, y también a pequeñas bodegas familiares que reciben huéspedes. Desde la plataforma superior, la vista alcanza los Alpes Julianos y Cárnicos, los Dolomitas, el golfo de Trieste, el Karst esloveno y el valle del Vipava. Es fácil orientarse gracias a una brújula que indica el nombre de los lugares en cada punto cardinal.

La tradición vinícola de Brda se remonta a tiempos prerromanos, cuando la zona estaba habitada por los vénetos, atraídos por un clima favorable para el cultivo de la vid. Hoy, por cada dos vinos tintos se producen aproximadamente ocho blancos. Y aunque la región apenas alcanza las dos mil hectáreas de viñedos, ya reúne más de 120 bodegas y se ha convertido en una zona vinícola eslovena con más medallas por hectárea. Las marcas más reconocidas  son Movia, Marjan Simčič, Edi Simčič, Kabaj, Ščurek y la cooperativa Klet Brda, la mayor productora del país.

Además de los paisajes y las catas de vino, quien se aventure hasta el límite oriental de la comarca encontrará el Sabotin Park Miru, un recordatorio de que esta tierra fértil también fue campo de batalla. La ubicación estratégica del monte llevó al ejército austrohúngaro a fortificarlo frente a las tropas italianas durante los combates de 1915 y 1916. Para ello, excavaron en la roca una compleja red de trincheras, galerías y cavernas que hoy son visitables. 

Hay seis rutas para llegar hasta la cima, donde sobreviven las ruinas góticas de la iglesia de San Valentín del siglo XIV. Abajo, las aguas límpidas del río Soča serpentean por el valle. Desde Sabotin se baja directamente a Nova Gorica y su gemela italiana, Gorizia, en apenas 15-20 minutos en coche, mientras que Venecia queda a poco más de dos horas por carretera.

Más información:

Cómo llegar
En vuelos directos de Barcelona a Liubliana con Vueling desde poco más de cien euros ida y vuelta, con dos frecuencias semanales en octubre. Desde allí, Brda queda a poco más de una hora en coche por la autopista E61.

Dónde comer
Belica, un restaurante familiar en Medana, cuyo nombre nace de un apodo cariñoso “Belička” – “blanco”, por el pelo color plata del abuelo Pepo, que se extendió a toda la finca. Su cocina no tiene carta fija, y su gran seña de identidad son los embutidos y curados propios, como prosciutto, salami y pancetta.