
La pérdida auditiva permanente no se recupera una vez que el oído interno sufre daño, y especialistas citados por BBC Mundo alertan de señales cada vez más tempranas en adolescentes, niños y adultos jóvenes.
Valerie Pavlovich Ruff, audióloga y especialista en pérdida auditiva de la Cleveland Clinic de Ohio, resumió el problema en declaraciones recogidas por el medio: “Una vez que se pierde, ya no hay vuelta atrás”.
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La explicación está en la cóclea, una estructura del oído interno llena de líquido y recubierta por miles de células ciliadas. Cuando las ondas sonoras llegan al oído, esos cilios convierten la vibración en impulsos eléctricos que el cerebro interpreta como sonido. El ruido demasiado fuerte o prolongado puede doblarlos o romperlos, y esas células no vuelven a crecer.

Los audiólogos ya no observan este problema solo en edades avanzadas. Jamie Bogle, audióloga de la Mayo Clinic en Arizona, dijo a BBC Mundo que muchas personas descuidan la protección de sus oídos cuando son jóvenes, aunque esa exposición se acumula y pasa factura años después.
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Pavlovich Ruff añadió que ya aparecen signos de pérdida auditiva en adolescentes y niños menores de 10 años. Entre esos casos, mencionó a una niña de 6 años en la que detectó indicios de daño atribuidos al uso del ordenador portátil escolar con el volumen al máximo.

Un estudio citado por la fuente y realizado en Suecia encontró una diferencia pequeña, pero estadísticamente significativa, entre niños de 9 años que usaban auriculares con frecuencia y los que no.
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Además, investigadores estiman que hasta 1.350 millones de personas menores de 35 años podrían estar en riesgo de pérdida auditiva prematura por exposición a sonidos amplificados y dispositivos de audio personales.
La preocupación no se limita al oído. Pavlovich Ruff señaló que la pérdida auditiva puede empujar al aislamiento social, porque algunas personas temen intervenir al no haber escuchado bien.
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Los conciertos y eventos deportivos representan un riesgo claro para la audición debido al volumen elevado. Pavlovich Ruff señaló que la exposición a música en directo puede dañar el oído interno en apenas 10 o 15 minutos. Para eso, recomienda usar tapones de alta fidelidad, ya que los de espuma distorsionan el sonido.
La exposición más frecuente suele llegar a los auriculares. Pavlovich Ruff aconsejó respetar los limitadores de volumen que hay en los dispositivos. Su referencia práctica es simple: si alguien cercano debe gritar para que la otra persona lo escuche, o si ni siquiera logra oírle, el volumen probablemente es excesivo.
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Las herramientas de jardinería y bricolaje, como cortadoras de césped, sopladores de hojas y sierras eléctricas, pueden generar ruidos elevados; según Cleveland Clinic y Mayo Clinic, es recomendable usar tapones, cascos acústicos o ambos.
Conducir con la ventanilla bajada en carretera representa un riesgo auditivo poco evidente, ya que la corriente de aire puede dañar la audición y favorecer la pérdida unilateral, especialmente si se suma el hábito de subir el volumen de la radio para contrarrestar el ruido del viento, lo que constituye un doble impacto.
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Las motocicletas plantean una amenaza similar. Según Pavlovich Ruff, quienes las conducen deberían usar tapones de alta fidelidad que reduzcan el rugido del motor sin impedir que se escuchen sirenas y otros sonidos del tráfico.
Cómo proteger los oídos y cuándo hacerse una prueba

La protección, según la nota, también exige cuidado con lo que se introduce en el conducto auditivo. El cerumen cumple una función natural de lubricación y ayuda a expulsar células muertas y bacterias.
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Ese material avanza hacia la salida del oído por un mecanismo natural y por el movimiento de la mandíbula al hablar o masticar. Bastoncillos de algodón u otros objetos pueden compactarlo y empujarlo hacia el tímpano, con picor, presión, audición amortiguada e incluso infecciones.
Si hay sospecha de acumulación de cerumen, la recomendación es consultar a un médico o a un audiólogo para retirar la obstrucción.
Las pruebas de audición en la infancia están más extendidas, pero ese control se reduce con la edad. Bogle comentó que, al hacerse mayores, muchas personas dejan de someterse a revisiones hasta que notan alguna dificultad.
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La recomendación habitual citada por la fuente es realizar una detección antes de los 60 años, aunque la pérdida auditiva puede aparecer a cualquier edad. Pavlovich Ruff pidió atención incluso en personas de 30 años o menos si les cuesta seguir conversaciones en ambientes ruidosos.