
La inflación y tasas de interés volvieron a dividir a los miembros de la junta directiva del Banco de la República en Colombia, que optó por mantener en 12,0% la tasa de política monetaria, que es el interés que cobra o paga el banco central a los bancos comerciales por prestarles o recibirles dinero a un día, pese a que la inflación total subió de 5,8% a 6,1% entre mayo y junio de 2026.
El órgano mantuvo la tasa en 12,0% por una votación de cuatro directores contra tres. De acuerdo con las minutas de la reunión del 31 de julio de 2026, la mayoría sostuvo que las alzas acumuladas de 275 puntos básicos (pb) en el primer semestre ya configuran una política restrictiva y que conviene esperar para medir su efecto sobre la economía y los precios, mientras tres directores defendieron que las presiones de oferta “no tienen que ver con el aumento del salario mínimo” y que a ese factor “se le ha dado excesivo protagonismo en la explicación de la inflación”.
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Cuatro directores respaldaron la pausa con el argumento de que conviene “hacer una pausa que permita verificar con mayor claridad los resultados de los incrementos de la tasa de interés”. También señalaron que el nivel alcanzado tras las alzas acumuladas implica una política monetaria restrictiva.

Tuvieron en cuenta que la inflación básica, sin alimentos ni regulados, se mantuvo en 6,0%. Al mismo tiempo, la información del segundo trimestre sugiere que la economía colombiana habría aumentado su ritmo de crecimiento.
De igual manera, que el Índice de Seguimiento de la Economía (ISE) registró en mayo una variación anual de 4,1%, impulsada por actividades terciarias como administración pública, salud, educación y entretenimiento. A eso se sumaron otros indicadores a junio, como el pulso regional, el transporte de carga, las matrículas de vehículos y motocicletas y la confianza del consumidor.
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Resaltaron que el mercado laboral también mostró una mejora. La tasa de desempleo en el agregado nacional cayó a 8,0% en junio y el equipo técnico proyectó un crecimiento de 2,5% para 2026.
Qué está empujando la inflación
De acuerdo con las minutas, los codirectores tuvieron en cuenta que el repunte de la inflación entre mayo y junio obedeció a alimentos y regulados:
- Alimentos: la variación anual pasó de 6,0% a 6,8% por alzas en los precios de los perecederos.
- Regulados: la inflación subió de 5,2% a 5,9% por mayores tarifas de algunos servicios públicos.
- Inflación básica: permaneció estable en 6,0%.
Las expectativas de inflación de los analistas económicos para diciembre de 2026 y 2027, según la encuesta de julio, aumentaron hasta 6,6% y 5,0%, respectivamente. En cambio, las expectativas sobre inflación básica para esas mismas fechas bajaron algo más de 10 puntos básicos, hasta 6,1% y 4,8%.
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A su vez, las expectativas derivadas del mercado de deuda pública se mantuvieron por encima de 6,0% en todos los plazos, aunque disminuyen a medida que el horizonte se alarga. El comportamiento alimentó el debate sobre si el repunte reciente de precios es transitorio o exige nuevas alzas de tasas.
Para la mayoría de los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República, el endurecimiento acumulado ya actúa como freno suficiente y los efectos aún no se reflejan por completo en la economía. Ese grupo añadió que la fuerte apreciación del peso, reforzada en los dos últimos meses, puede aliviar de forma importante las presiones inflacionarias.
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Dicen las minutas que los cuatro directores que votaron por mantener la tasa también advirtieron sobre el efecto cambiario de una nueva subida. Según ellos, ampliar el diferencial frente a la tasa externa puede estimular operaciones financieras ligadas a esa brecha, favorecer una apreciación del peso difícil de sostener y abrir espacio a una volatilidad inconveniente para la economía colombiana.
Uno de los codirectores de ese grupo planteó que la necesidad de retomar alzas debe revisarse en próximas sesiones, a la luz de la información nueva y de la materialización de riesgos al alza y a la baja. Algunos de sus colegas añadieron que la estabilidad de la inflación básica en junio sugiere que las presiones de demanda podrían empezar a moderarse.
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La minoría, en cambio, pidió subir la tasa 50 pb. Esos tres directores afirmaron que “el ciclo de aumentos de la tasa de política debe continuar” y que “el momento menos costoso para profundizar el ajuste es ahora”. Dicho grupo sostuvo que resulta muy difícil atribuir a la política monetaria una parte importante del movimiento reciente de la tasa de cambio. Según ellos, la desviación del componente estructural del tipo de cambio responde sobre todo a factores idiosincráticos y a la reducción de la prima de riesgo país.
También restaron peso a las operaciones financieras asociadas a ese diferencial en la explicación del comportamiento cambiario. Señalaron que ese canal parece responder más a la volatilidad cambiaria que a la brecha de tasas en este momento.
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Dentro del bloque mayoritario, tres directores insistieron en que el origen de las presiones inflacionarias está en choques de oferta. Mencionaron condiciones climáticas desfavorables y los efectos del conflicto en Medio Oriente sobre los precios de la energía y los fertilizantes.
Sobre ese punto, fueron explícitos al afirmar que esos factores “no tienen que ver con el aumento del salario mínimo”. Añadieron, además, que al salario mínimo, que tuvo un aumento de 23,7% para 2026 y para este año es de $2.000.000 bajo el concepto de “salario vital”, “se le ha dado excesivo protagonismo en la explicación de la inflación”.
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Esos directores resaltaron que dicho tipo de presiones no desaparece con aumentos en la tasa de interés. Un director también cuestionó la idea de “combatir la inflación exclusivamente mediante políticas monetarias contractivas” sin corregir causas estructurales del aumento de precios.

El señalamiento incluyó referencias a:
- Heterogeneidad productiva.
- Cuellos de botella sectoriales.
- Restricción externa.
- Formación de precios en mercados poco competitivos.
La discusión también abarcó qué parte de la inflación puede responder a esa herramienta. La minoría que defendió un nuevo aumento puso el acento en los riesgos futuros. Advirtió que la probabilidad de un fenómeno de El Niño fuerte o muy fuerte supera el 95% y que podría materializarse hacia el final del tercer trimestre del año.
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Consideran razonable incorporar ese riesgo al escenario más probable y actuar con anticipación para limitar su traslado al resto de los precios por medio de mayores expectativas de inflación. También recordó lo ocurrido en 2025, cuando la inflación se mantuvo persistente pese a una postura restrictiva. A esos riesgos se suma la intensificación reciente del conflicto en Medio Oriente, que puede elevar la inflación global y local y reducir el crecimiento económico. Al mismo tiempo, la apreciación del peso podría traducirse en un crecimiento desigual entre sectores en 2026 si ese comportamiento persiste.
Así las cosas, la Junta Directiva del Banco de la República dejó una señal de cautela. Mantuvo una postura monetaria restrictiva mientras espera si los ajustes ya aplicados logran enfriar la inflación y dejó las próximas decisiones sujetas a la nueva información disponible.