Balogun, Garrincha y Völler

2026/08/21

El Mundial terminó y fue muy bonito. Los periodistas, sobre todo los siempre quejosos europeos, no tienen por estos días nada de qué escandalizarse. Si algo hubo para criticar con justa razón fue cuando Donald Trump pidió que le quitaran la suspensión de un partido al goleador norteamericano Folarin Balogun para que pudiera jugar ante Bélgica. La FIFA accedió, sentando un precedente pésimo. Balogun había sido expulsado en el cotejo anterior ante Bosnia por una falta inocente, saltó a cabecear y, al caer, de espaldas, pisó a un rival sin siquiera verlo. Totalmente involuntario, aunque falta al fin. Finalmente les salió todo mal. El caso tuvo una repercusión mundial negativa, llovieron críticas y eso le pesó una tonelada al muchacho, que se vio el centro de una polémica internacional. Jugó como cohibido, achicado, no fue él. Encima, Estados Unidos perdió 4 a 1 y fue eliminado.

Faltan grandes jugadores

Toda la vida, jugador expulsado no juega el partido siguiente. Sin embargo, hay un precedente muchísimo peor en Chile 1962. Garrincha fue expulsado en la semifinal, pero jugó la final. Única vez en la historia, hasta este 2026, en que un futbolista no recibe sanción por expulsión. Balogun sí fue sancionado, pero quedó en suspenso.

En la semi que Brasil le ganó a Chile 4-2 con dos goles de Garrincha, este fue expulsado al minuto 83 por dar una patada de atrás a su marcador Eladio Rojas. Brasil había ido al Mundial casi con el mismo plantel campeón de 1958, todos con cuatro años más, y lo sintió. Ganó su segundo título raspando. A falta de Pelé, desgarrado en el segundo partido, Garrincha se puso el traje de Superman y fue la superfigura del torneo. Brasil y Checoslovaquia llegaron a la final, pero ya se habían enfrentado en primera fase pues compartieron grupo, empatando 0 a 0.

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FIFA: guerra total

Sin sus dos ases —Pelé y Garrincha—, las posibilidades de Brasil se reducían notablemente. ¿Qué hicieron…? Nos lo contó Emídio Marques de Mesquita, famoso árbitro brasileño e instructor FIFA:

-Sabiendo que Garrincha era decisivo para ganar la final y que debía ser suspendido automáticamente, la dirigencia de Brasil entró en pánico. Y se decidió hacer una jugada arriesgada, que finalmente salió bien. Apenas la terna arbitral volvió a su hotel tras dirigir esa semifinal, dos personas fueron a buscar al juez peruano Arturo Yamasaki y le dijeron que tenía que salir de Chile inmediatamente. “¿Pero, por qué...? -preguntó Yamasaki-, si tengo pasaje para después de la final”. Porque así se ha determinado, le respondieron. Lo esperaron hasta que armó la maleta, lo llevaron al aeropuerto y lo embarcaron esa misma noche en el primer vuelo que salía. Al día siguiente se reunió la Comisión Disciplinaria del torneo para analizar el juego de Brasil-Chile, pero no estaba el informe del árbitro. Y no estaría. Yamasaki había salido del país, y sin informe arbitral no se puede sancionar. Así, Mané pudo jugar la final.

Garrincha volvió a ser determinante, Brasil ganó 3-1 a Checoslovaquia y logró su segundo título mundial. Pelé jugó apenas un partido y medio en aquel Mundial. Y a media máquina. Se suele decir que “lo molieron a patadas” en Chile 1962. Para nada. Pelé llegó lesionado a Santiago. Lo contó en su libro Mi legado.

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-Ya estábamos cerca de partir para la Copa. Se programaron cuatro partidos de preparación previos. Al terminar el primero sentí un dolor en la ingle y no le di mayor importancia, pensé que al día siguiente pasaría. Pero luego se convirtió en una puntada. El doctor Gosling me preguntó: “¿Puedes entrenar?”. La sangre se me heló y mentí. El preparador físico Amaral había dicho: “Hombre que no entrena, no juega”. Así que respondí que podía. Fue un error. En el segundo partido, ante Checoslovaquia, no daba más del dolor y tuve que salir. Me perdí el resto de la Copa.

Le dio su vida entera

Al minuto 27 del primer tiempo O Rei sacó un derechazo fuerte al arco y terminó de desgarrarse. Estuvo fuera 5 minutos siendo atendido, no podía continuar jugando, pero volvió a entrar para hacer número, pues antes no se permitían cambios. Se arrimó a una punta y no tocó más la pelota. Permaneció así hasta el final del juego, que terminó 0 a 0.

Tras finalizar el Mundial en Estados Unidos, el 27 de julio, Rudi Völler, director deportivo de la selección de Alemania y campeón del mundo en 1990, aprovechó su intervención en el Congreso Internacional de Entrenadores de la BDFL (Asociación Alemana de Entrenadores) para lanzar duras críticas hacia la selección Argentina. “Eso no es fútbol”, dijo, en referencia al estilo del equipo de Lionel Scaloni. “Muchos han puesto a los argentinos como ejemplo de buena defensa. Me parece un mal ejemplo”, declaró. Dijo que la discusión sobre la supuesta excelencia defensiva argentina le resultaba “un tanto hipócrita”. Consideró que Argentina defendió con demasiada agresividad, interrupciones y comportamientos que él considera poco deportivos. Y agregó: “No quiero un equipo que juegue como Argentina. Eso no tiene nada que ver con el fútbol”, lo que provocó aplausos generalizados.

Los 20 más decepcionantes

Völler tiene todo el derecho a no gustarle la forma en que defiende Argentina. Sin embargo, vale puntualizar que el equipo Albiceleste recibió 14 tarjetas amarillas y una roja. En 8 partidos no es tanto, menos de dos por juego. La expulsión fue de Enzo Fernández, un volante ofensivo, en campo rival. Y sí exhibió un juego fuerte en la final con España, antes hizo una defensa normal.

No obstante, no deja de ser irritante que la crítica provenga de Rudi Völler. En Italia 90, Alemania le arrebató a Argentina un título mundial con un penal absolutamente inexistente en el minuto 85. Y Völler estuvo involucrado en la acción, pero nunca lo reconoció, sí sus compañeros. Fue un penal otorgado por el árbitro uruguayo Edgardo Codesal. Se lo menciona erróneamente como “el mexicano Codesal”, pero nació y vivió en Montevideo, allí se graduó como réferi y dirigió primera división. Luego, contratado por la Federación Mexicana, se afincó en México y representando a ese fútbol llegó a Italia 90.

Fue una corrida por derecha de Völler apareado por Sensini. Este se estiró al máximo y logró puntear el balón hacia el córner sin golpear al delantero alemán, que cayó por imperio de la jugada, pero Codesal estaba de gatillo fácil. Andreas Brehme ejecutó con tiro bajo y convirtió. Un título mundial no puede decidirse por un fallo tan infame, de tal ligereza. Y menos faltando 5 minutos para caer el telón. Seis minutos antes sí hubo un penal claro de Matthäus a Calderón y el juez lo ignoró. No había VAR. Era tiempos en que Blatter y Havelange sostenían que era mejor que se discutiera en los bares y oficinas, que esa era la sal del fútbol, y no recurrir a la tecnología.

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En 2016, en una entrevista con el diario El País, de Madrid, el propio Brehme confesó: “No fue penal, la marca fue correcta”. Y en entrevista con La Nación, de Buenos Aires, Lothar Matthäus también lo aceptó: “Yo estaba muy bien ubicado. Veo que hay un contacto, pero para mí no fue suficiente para cobrar penal. En un partido así, si va a cobrar un penal, el árbitro tiene que estar 100 % seguro de que la infracción fue clara. Y para mí no fue tan clara”. Muy hidalgos ambos.

El colombiano Armando Pérez Hoyos juez de línea de ese partido, confesó en 2020: “Voy a ser muy franco: no fue penal. Me paré donde debe pararse el juez de línea cuando no cree que la jugada es penal. Si lo cree, va a la bandera de la esquina. Y yo me quedé donde estaba. Edgardo insistió en que sí era”.

Völler sabe que Sensini no le pegó a él sino a la pelota. Nunca dijo nada. Eso sí es un mal ejemplo. (D)