Barcelona espanta a muchos grafiteros redoblando el borrado de pintadas

2026/10/02

El Ayuntamiento de Barcelona está espantando de la ciudad a los grafiteros más ocasionales, por llamarlos de algún modo, a base de multas y, sobre todo, de borrar sus pintadas una y otra vez.

Porque este mandato el gobierno del alcalde Jaume Collboni declaró la guerra a las pintadas en el espacio público, y aún no aflojó su presión. Es una de sus grandes prioridades. Barcelona se gasta un millón de euros al día en su nueva contrata de limpieza. Y muchos vecinos de la ciudad están muy hartos de tanto pintarrajo por doquier. Aquella tolerancia de hace ya tres décadas que hizo de Barcelona uno de los referentes planetarios del grafiti quedó atrás.

Fuentes municipales cuentan que los servicios de limpieza del Ayuntamiento adecentaron el año pasado 378.249 m2de calles y plazas pintadas, un 20% más que los registrados en el 2024. Y durante los primeros ocho meses de este año sumaron 222.087 m2. Es una superficie similar a la de doce manzanas y media del Eixample o 31 campos de fútbol.

LV

Este ligero descenso del ritmo de limpieza no responde a un relajamiento del plan Endreça, del plan dispuesto por el gobierno del alcalde Collboni para mejorar la calidad del espacio público, sino a que los servicios de limpieza hallan cada vez menos pintadas. Las fuentes municipales dicen que los viales más afectados son revisados tres meses después de su limpieza para comprobar si regresaron los aficionados al aerosol.

Este es el nuevo aspecto de la plaza Les Tres Xemeneies, otrora una de las mecas del graffiti barcelonés

Este es el nuevo aspecto de la plaza Les Tres Xemeneies, otrora una de las mecas del graffiti barcelonésANA JIMENEZ

Y sí, siempre regresa alguno, pero cada vez menos… Si en el 2024 en estas inspecciones los empleados municipales encontraban siempre unas cuantas nuevas pintadas, una superficie otra vez pintarrajeada de más o menos el 20% de la recientemente adecentada, en estos momentos los niveles de reensuciamiento rondan el 2%.

Este era el aspecto acostumbrado de la plaza hasta hace muy poco tiempo

Este era el aspecto acostumbrado de la plaza hasta hace muy poco tiempoXavier Cervera / Propias

Porque el grafiti es un movimiento contracultural, y los grafiteros de siempre no buscan el reconocimiento del gran público. Si lo legalizaran, el grafiti desaparecería, perdería todo su sentido. Porque todo esto nació como una protesta anónima. A los writters no les amedrenta ni que les multen ni que les borren. A lo mejor alguno ya veterano baja el ritmo...

Los servicios de limpieza se encuentran cada vez con menos fachadas pintarrajeadas

Sí que se desaniman mucho más quienes simplemente quieren llamar la atención, quienes cogen los rotuladores de punta gruesa para presumir de comportamientos alternativos en las redes sociales y sumar followers, quienes tienen pretensiones artísticas más convencionales y plasman sus obras en el espacio público con el objetivo de darse a conocer y promocionarse... ¡hasta firman sus trabajos con su dirección de Instagram!

Otra de las consecuencias de la presión municipal es que las pintadas de la ciudad son cada vez menos elaboradas. El nivel cayó mucho. Y esta abundancia de pintarrajos también alimenta el hastío ciudadano. De un tiempo a esta parte priman los trazos más burdos y toscos, aquellos que se realizan en cuestión de segundos y que apenas se diferencian los unos de los otros.

Uno de los escenarios de la guerra contra el grafiti es la plaza de Les Tres Xemeneies, junto a la avenida Paral·lel. En los tiempos del alcalde Xavier Trias, el Ayuntamiento permitió que la gente pintara aquí legalmente, en varios muros autorizados. La iniciativa atrajo a 25.000 artistas de todo el planeta que firmaron unas 35.000 obras. El problema es que las pintadas se desparramaron más allá de los muros autorizados.

Otra consecuencia de la presión municipal es que las pintadas de la ciudad son cada vez menos elaboradas

Durante el final del gobierno de Ada Colau y el principio del de Collboni, el Consistorio retiró a la plataforma Rebobinart la gestión de estos muros y derribó muchos de ellos. Y, a principios de año, un buen día los servicios de limpieza borraron la mayoría de pintadas desparramadas por la plaza y sus alrededores, y durante semanas se afanaron en hacer desaparecer en cuestión de horas cualquiera que apareciera de nuevo.

También durante semanas la Guardia Urbana tuvo aquí una patrulla durante las 24 horas del día. Las incursiones grafiteras se sucedieron, pero apenas lograron hacerse notar. Muchos vecinos de los alrededores ya estaban cansados de tanta pintada desparramada, de que algunos se encaramaran a la segunda planta de la residencia de ancianos de la calle de atrás para tatuar su fachada.

A principios del milenio, Barcelona era una de las mecas del grafiti. Keith Haring no pintó su obra contra el sida en el Raval a finales de los 80 por casualidad. Pero, a la postre, el éxito derivó en saturación y un creciente hartazgo ciudadano. En los ocho primeros meses de este año, el Ayuntamiento recibió unas 8.000 peticiones de ciudadanos que querían que borrara alguna pintada.

La Guardia Urbana se apostó las 24 horas en Les Tres Ximeneies para que los grafiteros no regresaran

Así, de tanto borrar, de tanto desanimar, este año también descendieron las denuncias de la Guardia Urbana en un 23,1%. Pese a que la caza del grafitero in fraganti es una de las consignas de la policía municipal –basta con enarbolar un rotulador de punta gruesa para comprobarlo–, entre el 15 de febrero y el 30 de junio la Guardia Urbana tramitó 103 denuncias al respecto. Y en el mismo período del 2025, 134.

Tras la reforma de la ordenanza de civismo a finales del año pasado, quienes son sorprendidos alterando de algún modo el espacio público no solo han de enfrentarse a sanciones que fácilmente pueden alcanzar los 600 euros, también tienen que pagar el coste de la correspondiente reparación.

El gobierno de Collboni está satisfecho. Los barómetros municipales de los últimos años muestran cómo la limpieza pierde posiciones entre las principales preocupaciones de la gente. La teniente de alcalde de Urbanismo, Laia Bonet, destaca “el impacto positivo de las actuaciones para mejorar el servicio de limpieza de pintadas gracias al incremento de equipos y recursos económicos”.

La proliferación de pintarrajos alimentó durante los últimos años el hartazgo de muchos vecinos

La teniente de alcalde subraya también que “esta combinación de prevención, rapidez y planificación nos permite tener una ciudad más limpia y reducir los niveles de reensuciamiento. El Ayuntamiento de Barcelona continuará trabajando así para continuar garantizando la calidad del espacio público”.

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La proliferación de pintarrajos afecta especialmente a las fincas catalogadas. Hace poco, la fachada de la iglesia de Betlem amaneció tatuada por tags muy toscos y burdos. También hace poco, la Guardia Urbana detuvo a tres personas por pintarrajear edificios protegidos del barrio Gòtic. Los servicios de limpieza municipales hicieron los primeros ocho meses de este año 3.619 actuaciones en fachadas catalogadas con niveles de protección B y C. “Usan –dicen fuentes municipales– una maquinaria específica para la proyección a baja presión de microesferas de vidrio reciclado, un sistema para borrar pintadas de forma respetuosa con la superficie. Las finca catalogadas con nivel A requieren de una autorización de la Generalitat. “Una vez eliminada la pintada –siguen las fuentes municipales– los técnicos aplican una protección antigrafiti de base acuosa que reduce el riesgo de afectar las superficies en limpiezas posteriores”.

Luis Benvenuty Alcalde

Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.