El “verano de la verdad” obliga a Europa a actuar. La Comisión Europea ha presentado este martes la primera iniciativa legislativa comunitaria sobre resiliencia climática, que quiere obligar a los Estados a dejar de gobernar teniendo en cuenta el clima el pasado y se adapten a la aceleración del calentamiento global después de un durísimo verano con 35.000 muertos provocados por las olas de calor, fenómenos meteorológicos extremos y severas pérdidas económicas. Bruselas quiere establecer una nueva cultura de prevención y gestión de riesgos en las funciones públicas, de manera que todas las políticas se diseñen a partir de ahora teniendo en cuenta esta nueva realidad, pese a que a la vez algunos países comunitarios apuestan por recular en la ambición climática para favorecer a sus industrias.
Es una realidad dura. El impacto de los fenómenos meteorológicos extremos en el Viejo Continente ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en una crisis presentes. De los más de 50.000 muertos adicionales registrados durante el verano en Europa, la comunidad científica atribuye al menos dos tercios directamente al cambio climático. El impacto se sintió en múltiples frentes: incendios forestales, sequías fluviales, la expansión del virus del Nilo Occidental y la paralización de reactores nucleares o caídas de cosechas, llegando a reducirse a la mitad la producción de champán. Las pruebas científicas actuales, señala la Comisión, apuntan a que el mundo va camino de experimentar un calentamiento de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales en el 2030, de 2 °C en el 2050 y de 3 °C de cara al 2100.
“Europa carece de la preparación necesaria y es nuestra responsabilidad minimizar los costes”, advierte Teresa Ribera
En el plano macroeconómico, los costes directos del estrés térmico entre abril y septiembre supusieron una pérdida estimada de 19.000 millones de euros (un 0,17% del PIB europeo) bajo criterios muy conservadores. Otras lecturas, señalan fuentes comunitarias, elevan el impacto económico total a 113.000 millones de euros por la paralización de la actividad, mientras que la Organización Meteorológica Mundial calcula un recorte del 1% en el PIB global debido al calor extremo. Las pérdidas económicas estimadas derivadas de los daños climáticos entre 2022 y 2025 ascendieron a unos 200.000 millones de euros, según los cálculos comunitarios. Es decir, 50.000 millones de euros al año.
“Europa carece de la preparación necesaria y es nuestra responsabilidad minimizar los costes y el sufrimiento que esto conlleva”, reconoce la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva. Las pérdidas acumuladas del PIB ante el impacto climático podrían alcanzar entre el 5% y el 7% en el caso de los países con resultados más dispares, ya sea Francia, Italia, Alemania o España. “El marco reforzará la preparación, aclarará las responsabilidades y dotará a las autoridades públicas, empresas y comunidades de herramientas prácticas para actuar, prestando especial atención a los más vulnerables”, ha señalado Ribera, presentando la iniciativa en una rueda de prensa.
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La propuesta establece un marco común frente a la heterogeneidad actual, para que la lectura de los riesgos sea más coherente entre los diferentes países y también su gestión de riesgo y su respuesta inmediata, más eficiente. También pide a los Estados miembros que identifiquen los responsables de gestionar los riesgos que las respuestas sean más eficaces. Todo el desarrollo debería ser planificado con la perspectiva de los nuevos análisis climáticos, es decir, integrar la resiliencia climática en todos los ámbitos políticos principales, tanto a nivel nacional como internacional.
Ofrece apoyo a las autoridades locales y regionales para que se adapten mediante proyectos piloto y servicios de asesoramiento. Sin embargo, no incluye financiación adicional a la propuesta comunitaria para el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) entre el 2028 y el 2034, que ya prevé destinar -a la espera del acuerdo con los Estados miembros y la Eurocámara- un 35% para clima y biodiversidad.
La Comisión estima que adaptar las infraestructuras exigirá inversiones de unos 70.000 millones de euros anuales en todo el bloque comunitario, pero, bajo estos cálculos, cada euro invertido evitará más de diez euros en daños futuros. En la actualidad, advierte Bruselas, la brecha es enorme: solo el 25% de los bienes expuestos al clima en la UE están asegurados. El resto recae en ciudadanos, empresas o Gobiernos.
“La mayor parte de nuestros esfuerzos se centran en alcanzar el objetivo de 1,5 °C. Sin embargo, los indicios apuntan a que podríamos encaminarnos hacia un calentamiento de tres grados”, ha recordado el comisario de Clima, Wopke Hoekstra. “Debemos tener esto en cuenta a la hora de planificar nuestras ciudades, construir infraestructuras o puentes, y a la hora de gestionar nuestro territorio, nuestros edificios y, por supuesto, nuestros recursos”, ha continuado, poniendo de ejemplo las últimas fuertes tormentas que está experimentando España en los últimos años, un país “acostumbrado, históricamente, a las sequías y las olas de calor”.

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).