El nuevo primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, está decidido a que el periodo de gracia que acaba de estrenar dure todo lo posible. Horas después de poner un pie en Downing Street, su primera medida anunciada este martes ha sido la supresión del IVA de la factura eléctrica de los hogares. No es una cantidad muy elevada. Es un impuesto reducido, del 5%, por lo que el recorte supondrá un ahorro de poco más de 50 euros anuales medios por hogar a partir de octubre.
“Prometí que quería dar a la gente más espacio para respirar. Y eso es lo que estoy anunciando en mi segundo día como primer ministro. Vamos a adoptar medidas de inmediato para rebajar los impuestos en la factura energética, poner más dinero en el bolsillo de los ciudadanos y devolverles la esperanza”, ha dicho Burnham al anunciar el recorte.
Las promesas del nuevo jefe de Gobierno, que pretende construir más viviendas sociales, reindustrializar el país, mejorar la atención a la dependencia y aliviar el coste de la vida, han comenzado a poner nerviosos a los mercados. Nadie olvida el “efecto Liz Truss”, cuando la efímera primera ministra conservadora ―que apenas duró en su puesto 45 días― logró hundir la libra esterlina y la deuda pública con anuncios de recortes de impuestos que ponían en riesgo la disciplina fiscal del país.
Aunque Burnham lleva meses intentando enmendar declaraciones anteriores suyas en las que sugería que el Reino Unido no debía sentirse tan constreñido frente a los inversores de deuda pública, los expertos han comenzado ya a echar cuentas sobre algunos de sus planes anunciados, para averiguar de dónde saldrá el dinero.
En el caso de la supresión del IVA en la factura eléctrica, el equipo del nuevo primer ministro asegura que compensará esa pérdida con lo que se ahorrará en la supresión del plan para imponer carnés de identidad electrónicos, una idea del anterior Gobierno de Starmer para controlar la inmigración irregular que Burnham ha eliminado de un plumazo por su impopularidad.
Asegura el actual equipo de Downing Street que el presupuesto para poner en marcha el carné electrónico era de unos 2.100 millones en tres años, y que la supresión del IVA, calculada en unos 1.000 millones, puede salir de esa partida.
Pero Darren Jones, exministro y mano derecha de Starmer, ha sido de los primeros en señalar que el anterior Gobierno nunca llegó a señalar a qué partida presupuestaria iba a acudir para financiar ese proyecto. “El nuevo Gobierno va a tener que explicar cómo pretende pagar sus nuevas medidas”, ha dicho Jones.
Burnham sorprendió el lunes a propios y extraños al nombrar como ministro de Economía (chancellor, en la jerga política británica) a John Healey, exministro de Defensa de Starmer, cuya división fue el último clavo en el ataúd del anterior jefe de Gobierno británico. Healey abandonó su puesto en protesta por la reducción del presupuesto para las capacidades militares del Reino Unido, que consideraba un golpe mortal al intento de rearme perseguido por su departamento.
Como nuevo ministro de Economía, sus críticos se han apresurado a señalar que deberá demostrar cómo consigue ahora para Defensa el dinero que reclamaba. Tanto él como Burnham han sugerido la emisión de bonos especiales para el rearme, como han hecho otros países, pero expertos como Paul Johnson, el ex director del prestigioso Instituto de Estudios Fiscales, ya se ha apresurado a señalar que esa fórmula, se llame como se llame, no deja de ser más endeudamiento público.