Carne, lácteos y ultraprocesados: por qué la dieta de los adolescentes es la más dañina para el clima en todo el mundo

2026/07/31

Joven con sudadera amarilla come ensalada de un cuenco de madera mientras graba un video con un teléfono en un anillo de luz, en su sala de estar.

Un análisis internacional de 149 países, con datos de 2000 a 2019, halló que las personas de 11 a 29 años concentran la mayor huella climática individual (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio internacional publicado en la revista científica Nature Food y liderado por la Universidad de Birmingham revela que adolescentes y adultos jóvenes de entre 11 y 29 años son los responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero per cápita más elevadas relacionadas con la alimentación a escala mundial, principalmente por su mayor consumo de carne, lácteos y ultraprocesados.

Al mismo tiempo, el envejecimiento demográfico convierte a los mayores de 60 años en el grupo con el crecimiento más acelerado de emisiones alimentarias totales en los países de altos ingresos.

La investigación, difundida por Infosalud, analizó las dietas de 149 países en 22 grupos de edad con datos de 2000 a 2019. Sus resultados desafían la idea extendida de que son las generaciones mayores quienes más carbono consumen individualmente, y obligan a repensar las estrategias climáticas vinculadas al sistema alimentario global.

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Una infografía de Infobae muestra cómo la dieta de jóvenes y el envejecimiento poblacional influyen en las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la alimentación a nivel mundial. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los adolescentes de 11 a 19 años y los adultos jóvenes de 20 a 29 años presentan, en promedio, la mayor huella de carbono dietética per cápita del mundo. El estudio atribuye este fenómeno a un patrón alimentario marcado por el consumo elevado de carne roja, productos lácteos, alimentos azucarados y bebidas procesadas, todos ellos con alto impacto ambiental en su producción.

En los países en desarrollo, esta tendencia se agudiza: a medida que crecen los ingresos, los jóvenes acceden a más alimentos de origen animal, lo que incrementa las emisiones de forma pronunciada. Según informó el medio especializado en salud, el fenómeno plantea un dilema de fondo para los responsables políticos, ya que reducir las emisiones en estas poblaciones podría colisionar con el objetivo de mejorar su nutrición.

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El profesor Yuli Shan, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Birmingham, advirtió que “nuestros hallazgos cuestionan la narrativa dominante de que las poblaciones de mayor edad son las que más carbono consumen e instan a los responsables políticos a afrontar algunos retos difíciles", según recogió Infosalud.

Tres bandejas metálicas con carne roja (cortes y molida, vísceras), productos lácteos (quesos variados, leche, yogur) y alimentos ultraprocesados empaquetados.
La investigación observó que adolescentes y adultos jóvenes registran mayores emisiones per cápita asociadas a la alimentación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si bien los jóvenes lideran el impacto individual, el estudio identifica una segunda tendencia que redefine el panorama global: los mayores de 60 años son actualmente la fuente de emisiones alimentarias totales de crecimiento más rápido, sobre todo en países con sociedades envejecidas. En naciones de altos ingresos como Estados Unidos, los de Europa Occidental y Japón, este grupo ya representa entre el 22% y el 29% de las emisiones nacionales relacionadas con la dieta.

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Las emisiones alimentarias mundiales aumentaron en 2,1 gigatoneladas de CO₂ equivalente (GtCO2e) entre 2000 y 2019, y las personas mayores aportaron el 25,4% de ese incremento, la mayor proporción entre todos los grupos etarios. No obstante, el informe aclara que este aumento no responde a una dieta más contaminante por parte de los mayores, sino a un factor demográfico: hay más personas mayores porque viven más tiempo y tienen menos hijos.

De acuerdo con el reporte, el estudio subraya que el crecimiento de las emisiones entre adultos mayores está impulsado por el envejecimiento de la población, no por un empeoramiento en sus elecciones alimentarias. Esta distinción resulta relevante para el diseño de políticas públicas, ya que señala que las soluciones climáticas genéricas no son suficientes para abordar un problema con raíces demográficas.

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Pareja feliz come en mesa de picnic al aire libre. Hombre con ensalada, mujer con salmón y verduras. Bol de hojas verdes a la derecha.
El trabajo estima que el crecimiento demográfico de adultos mayores explica el avance más rápido de las emisiones totales en países ricos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frente a estos datos, el equipo investigador rechaza las soluciones climáticas uniformes centradas únicamente en la dieta y defiende estrategias segmentadas por grupos etarios y por nivel de desarrollo de cada país.

Para las economías de altos ingresos, la recomendación apunta a priorizar dietas bajas en emisiones y nutricionalmente adecuadas para las poblaciones que envejecen. En el caso de los jóvenes a escala global, los investigadores sugieren impulsar la educación alimentaria y el cambio de comportamiento desde los entornos escolares, además de reformar los entornos donde los adolescentes acceden a la comida.

En los países de ingresos bajos y medios, la propuesta es equilibrar las necesidades nutricionales con una transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles, priorizando la productividad local y el acceso a dietas diversas. El estudio advierte que, en estas regiones, las dietas con mayores emisiones suelen coincidir con una mejoría en la nutrición, lo que agudiza la tensión entre los objetivos climáticos y los sanitarios.

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