
En los últimos años, la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic han señalado que el consumo regular de café puede ser un aliado eficaz para quienes padecen hígado graso.
Instituciones de referencia recomiendan principalmente el café negro filtrado, descafeinado, instantáneo, molido tipo espresso y el extracto de café verde.
La evidencia sugiere que estos cinco tipos de café reducen la inflamación hepática gracias a su contenido en polifenoles y otros compuestos bioactivos, especialmente cuando se consumen sin azúcar ni grasas añadidas y como complemento de un estilo de vida saludable.
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Según las revisiones sistemáticas de Wadhawan y Kumari, el café filtrado negro con cafeína es la variante que más respaldo científico tiene para disminuir la inflamación y el avance de la fibrosis en el hígado graso.
Estudios revisados por Mayo Clinic y Cleveland Clinic coinciden en que consumir entre dos y cuatro tazas diarias de esta bebida se relaciona con un perfil hepático más sano, menor riesgo de progresión a cirrosis y reducción de enzimas hepáticas como ALT y AST.
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Un metaanálisis dirigido por Ebadi, publicado en Annals of Hepatology, muestra que quienes beben café filtrado presentan hasta un 35 % menos de probabilidad de desarrollar fibrosis significativa.
El filtro de papel retiene compuestos como el cafestol y kahweol, que pueden elevar el colesterol y la ALT, lo que hace que esta forma de café sea más segura para quienes tienen alteraciones metabólicas.
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El café descafeinado ha demostrado en investigaciones de Xiao y en análisis del American Institute for Cancer Research que conserva gran parte de los efectos protectores sobre el hígado, a pesar de la ausencia de cafeína.
Los polifenoles, especialmente el ácido clorogénico, siguen presentes tras la descafeinización y contribuyen a reducir la inflamación y el daño hepatocelular.
Cleveland Clinic subraya que el café descafeinado puede ser útil para personas con alteraciones del sueño, hipertensión o arritmias, ya que permite mantener beneficios hepáticos sin los riesgos asociados a la cafeína.
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Los estudios poblacionales revisados por esta institución demuestran que incluso una taza diaria de café descafeinado se asocia con menor riesgo de enfermedad hepática crónica y mortalidad por esta causa.
El extracto de café verde, que se obtiene de granos sin tostar, concentra cantidades elevadas de ácido clorogénico.
Ensayos clínicos publicados en Hepatology Monthly revelan que la suplementación diaria con extracto de café verde reduce significativamente los niveles de ALT, triglicéridos y marcadores de inflamación en pacientes con hígado graso.
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Los resultados de Shi y colaboradores destacan que el extracto de café verde modula la microbiota intestinal, mejora la sensibilidad a la insulina y reduce la acumulación de grasa en el hígado.
Estos efectos sitúan al extracto de café verde como una alternativa prometedora para personas con resistencia a la insulina y dislipidemia, aunque aún se requieren estudios a largo plazo para confirmar su seguridad y eficacia continuada.
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El café instantáneo, elaborado a partir de extractos deshidratados, mantiene la mayoría de los compuestos beneficiosos presentes en el café tradicional.
Healthline y el American Institute for Cancer Research informan que el consumo de café instantáneo se asocia con una reducción del riesgo de cirrosis, cáncer de hígado y elevación de enzimas hepáticas.
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El estudio poblacional revisado por el AICR indica que tanto el café instantáneo como el filtrado contribuyen a una menor incidencia de enfermedad hepática crónica, con beneficios observables desde una taza diaria y máximos en torno a tres o cuatro tazas.
Por su accesibilidad, el café instantáneo es una herramienta eficaz en estrategias de prevención, especialmente en contextos donde los recursos o el tiempo limitan otras formas de preparación.
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El café molido preparado como espresso o en máquinas de presión también ha sido objeto de análisis en estudios como el de Anty en Hepatology y en revisiones del American Institute for Cancer Research.
Los datos sugieren que el consumo moderado de espresso contribuye a la reducción del riesgo de enfermedad hepática crónica y mortalidad, aunque su impacto sobre los lípidos puede ser desfavorable en personas con dislipidemia.
El ensayo de Urgert advierte que los métodos de preparación sin filtro pueden elevar el colesterol y la ALT debido a mayores niveles de diterpenos.
Por ello, instituciones como la Mayo Clinic recomiendan priorizar el café filtrado en pacientes con alteraciones metabólicas, mientras que el espresso puede considerarse en personas con lípidos controlados y alto riesgo hepático por otras causas.

Las recomendaciones de las instituciones de salud enfatizan que el café, en cualquiera de sus formas analizadas, debe integrarse como complemento de una dieta saludable, actividad física regular y la eliminación del alcohol y el tabaco.
La dosis sugerida suele situarse entre dos y cuatro tazas diarias, preferentemente en su versión negra y sin aditivos calóricos.
El café filtrado negro y el descafeinado son las opciones preferidas para la mayoría de los pacientes con hígado graso.
El extracto de café verde ofrece una vía experimental prometedora, mientras que el café instantáneo proporciona accesibilidad sin perder eficacia.
El espresso, finalmente, debe consumirse con moderación y atención al perfil lipídico individual.
La evidencia institucional acumulada respalda la inclusión de estos cinco tipos de café en el manejo integral del hígado graso, siempre que se adopten junto con medidas de autocuidado y bajo supervisión médica cuando existan otras comorbilidades.
Ante cualquier duda sobre el consumo de café o el manejo del hígado graso, es fundamental consultar con un médico o profesional de la salud antes de hacer cambios en la dieta o el tratamiento.