El cochayuyo, un alimento tradicional de las costas chilenas, podría tener un uso que va mucho más allá de la cocina.
Una investigación liderada por la académica de la Universidad Finis Terrae, Layla Simón, está analizando las propiedades bioactivas de esta alga y sus posibles aplicaciones para reducir la capacidad de propagación del cáncer.
Los primeros resultados del estudio muestran que algunos compuestos presentes en el cochayuyo podrían interferir en la glucólisis, un proceso mediante el cual las células obtienen energía a partir de la glucosa.
En el caso de las células tumorales, este mecanismo les permite crecer, multiplicarse y diseminarse hacia otros órganos.

¿Cómo actúan los compuestos del cochayuyo?
“Hemos realizado pruebas in vitro y preclínicas. Logramos determinar que los compuestos del cochayuyo son capaces de inhibir la glucólisis”, explicó Simón en una entrevista publicada en junio por la casa de estudios.
La investigación, desarrollada en el Centro de Investigación Avanzada en Nutrición y Salud (CIANS), utilizó extractos ricos en florotaninos obtenidos de Durvillaea incurvata, nombre científico del cochayuyo.
Según el estudio, estos compuestos lograron reducir el potencial metastásico de células cancerosas al bloquear una enzima involucrada en el metabolismo de la glucosa.
“Cuando tratamos esas células con el extracto de alga, se inhibe ese proceso (la glucólisis) y con eso se reduce su potencial de migrar. En términos aún más simples: les cortamos el combustible”, explicó la investigadora.

Un estudio que aún está en fase experimental
Los resultados fueron obtenidos tanto en pruebas de laboratorio como en modelos preclínicos, un paso previo a cualquier estudio en seres humanos.
Sin embargo, Simón enfatiza que aún queda un largo camino antes de pensar en una aplicación clínica.
“Hemos encontrado algo que, a nivel preclínico, parece tener un efecto positivo. Todavía faltan investigaciones para probarlo en pacientes, pero los resultados son alentadores”, señaló Layla Simón.
La científica también descartó que este tipo de compuestos busquen reemplazar las terapias actuales contra el cáncer.
La proyección es que, si futuros estudios confirman su eficacia y seguridad, puedan utilizarse como un tratamiento complementario a las terapias convencionales, con el objetivo de aportar beneficios adicionales y reducir los efectos adversos.