
Las hormigas. Esos bichos admirables por su fuerza, su capacidad de organización y el potencial de entretenimiento que ofrecen cuando se les observa en el campo. Fuera de allí, sin embargo, se convierten en molestos e incluso repugnantes. Con las altas temperaturas, numerosas familias experimentan un incremento en la presencia de parásitos en sus viviendas. Destacan por su capacidad para establecer rutas precisas hacia cualquier fuente de alimento, por mínima que sea, y por su facilidad para infiltrarse en todo tipo de rincones.
Es cierto que estos insectos aparecen en busca de comida y agua, lo que les dirige hasta las cocinas o los baños. Los restos acumulados en el cubo de basura, las migas de pan en el suelo y las sustancias líquidas pegadas a la superficie incentivan su aparición. Asimismo, las fuertes lluvias o el riego de los jardines pueden inundar sus nidos, forzándolas a buscar refugios en el interior de las viviendas.
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Limpias, vuelves a limpiar, tapas cualquier posible acceso y, al día siguiente, ahí están otra vez. Porque el problema no suele ser esa hormiga que vemos paseándose tranquilamente por casa, sino toda la colonia que puede estar escondida cerca. Para estos casos existen soluciones que buscan actuar directamente sobre el origen del problema: un sistema con cebo atrayente que las hormigas recogen y transportan hasta el propio hormiguero.
Una vez las hormigas ya han tomado nuestra casa como la suya, será preciso actuar y hacerlo con la mayor rapidez posible. Por suerte, hay ciertos métodos que nos ayudarán a acabar con este problema fácilmente. La clave para evitar que las hormigas reaparezcan está en actuar directamente sobre el hormiguero, no sólo sobre los ejemplares que recorren la casa. Para ello existen cebos atrayentes que los insectos recogen y llevan hasta la colonia. Estas trampas, cerradas, discretas y listas para utilizar, pueden colocarse en interiores o exteriores, como cocinas, despensas, terrazas, jardines y zonas de paso.
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Entre los remedios caseros, el vinagre puede utilizarse por su olor. Basta con mezclarlo con agua a partes iguales en un pulverizador y rociar las zonas donde se haya detectado actividad. El limón también puede ayudar a desorientarlas: se prepara una mezcla de zumo de limón y agua en la misma proporción y se aplica sobre los recorridos habituales de las hormigas.
El ácido bórico es un antiséptico alimentario apto para su uso en la cocina. Puede colocarse sobre un trozo de pan junto con azúcar para elaborar un cebo que atraiga a los insectos. La tiza y el talco, en cambio, funcionan como una barrera si se esparcen en puertas, ventanas y otros puntos de entrada. La harina de maíz también puede interrumpir sus rastros de olor, aunque las hormigas no logran digerirla.
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Otros recursos son los cítricos y las cáscaras de pepino, que las hormigas evitan porque al descomponerse pueden resultar tóxicos para ellas. Los olores fuertes de menta, laurel, lavanda, ajo y granos de café también actúan como repelentes si se guardan en saquitos de tela distribuidos por la vivienda. Otra alternativa es mezclar bicarbonato de sodio y azúcar a partes iguales y colocarlo en sus rutas de paso.
Un hormiguero puede estar dentro de la vivienda o en zonas próximas. La señal más frecuente es una fila constante de hormigas que entra y sale por el mismo sitio. Seguir ese recorrido puede ayudar a detectar grietas en paredes, juntas del suelo, zócalos, marcos de puertas y ventanas o cañerías.
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En el exterior, los nidos suelen dejar pequeños montículos de tierra en jardines, macetas, terrazas o entre baldosas. Dentro de casa pueden ocultarse detrás de muebles, bajo el suelo, en huecos de las paredes o cerca de lugares húmedos, como cocinas y baños. La presencia de tierra fina o de pequeñas aberturas también puede revelar un punto de acceso.