14 de agosto de 202615:028'minutos de lectura
“¿Lo tengo? ¿Soy suficiente?”. Joaquina Alderete recuerda que se le vino esa pregunta a la cabeza cuando leyó un requisito poco frecuente para acceder a una beca de estudios para jóvenes de bajos recursos: tener alto potencial.
Corría la pandemia y Joaquina encaraba con mucha dificultad el desafío de estudiar en la universidad. Quería ser la primera profesional de su familia, compuesta por un papá y una mamá que apenas sabían leer y escribir y por su hermanito.
“Mi papá y mis tíos son albañiles. Mi mamá, mis tías y hasta mis primas mayores de 35 son todas empleadas domésticas”, cuenta como para dejar en claro el salto que intentaba dar.
Sin embargo, sentía que sola no podía. “Nadie en mi entorno entendía mis preocupaciones cuando empecé el CBC para hacer la licenciatura en Administración”, recuerda. En cada reunión familiar le preguntaban “¿cómo va la facultad?” o comentaban “vos sos la esperanza de la familia”.
“Yo no quería defraudar a nadie, pero estudiar se había vuelto un peso enorme, no lo disfrutaba”, reconoce. “Empecé a sentir que mis primos de mi edad que trabajaban y no estudiaban estaban mejor que yo”.
Hasta que un amigo del barrio, Villa Lugano, en donde vivió prácticamente toda su vida, le habló sobre la Fundación BisBlick, que acompaña a jóvenes de bajos recursos y alto potencial para que sean los primeros profesionales de su familia. Los apoyan con becas, tutorías y capacitaciones.
Después de un proceso de selección que duró varios meses, Joaquina quedó seleccionada. “Cuando me puse en contacto con ellos, sentí que era mi lugar. No solo porque podían ayudarme, sino porque empecé a estar en contacto con otros chicos que estaban en la misma que yo”, recuerda.
“Nadie en mi entorno entendía mis preocupaciones cuando empecé el CBC para hacer la licenciatura en Administración”, recuerda Joaquina, que está a seis materias de recibirse
“Con apoyo, estos chicos vuelan”
“Nosotros no miramos la vulnerabilidad de estos chicos, sino las competencias”, explica la directora ejecutiva de BisBlick, Belén Ochoa. “Seguimos creyendo que la educación es el motor para el ascenso social. Y nuestro foco son los chicos que se proponen estudiar a pesar de todas las barreras que enfrentan”, agrega.
Entre los jóvenes que crecen en hogares pobres y tienen entre 18 y 24 años, casi la mitad (48,2%) no termina el secundario y apenas uno de cada cuatro (23,5%) sigue estudios superiores, según datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Solo el 1% termina una carrera antes de los 25 años.
“Cuando estos chicos tienen el acompañamiento que necesitan, vuelan”, dice Ochoa con seguridad. Habla de quienes se acercan a la organización, unos 3000 desde los inicios de la fundación, en 2013. Para ser admitidos, el proceso arranca con una evaluación socioeconómica y sigue con varias entrevistas y dinámicas grupales para definir si el aspirante tiene alto potencial.
Para BisBlick, tener potencial significa contar con ciertas competencias de base, como comunicación efectiva, resiliencia, capacidad de abstracción, liderazgo, confianza y proactividad. Con esta premisa, hasta el momento han acompañado unas 702 trayectorias académicas y laborales.
“Los chicos empiezan a sentirse valorados y lo agradecen”, cuenta Ochoa. “Empiezan a ver que hay alguien que los mira desde su potencial y no desde la carencia.” Entonces comparte la frase de una participante del programa que le quedó grabada: “Es la primera vez que me eligen por quién soy y no por el lugar de donde vengo”.
Para la especialista, el punto de partida es reconocer lo que estos jóvenes ya lograron. “Terminaron el secundario cuando muchos de quienes viven en el mismo contexto no lo logran. Además deciden estudiar una carrera aunque no tengan referentes profesionales cercanos y vivan en un contexto marcado por la desigualdad”, dice. Y agrega: “Cuando entran a un espacio de trabajo tienen hambre de futuro, es la oportunidad de su vida y dan todo”.
En 2024, Joaquina entró como pasante en Danone y un año y dos meses más tarde la efectivizaron
Requisitos que operan como barreras
La parte más incómoda de la reflexión de Ochoa no tiene que ver con los jóvenes, sino con el otro lado del mostrador. “Hay barreras de ingreso muy altas para las primeras experiencias profesionales”, plantea. “Las empresas piden experiencia o alto nivel de inglés y eso termina operando como barrera en los procesos de selección”, considera.
Esto hace que muchos de estos jóvenes, aún con el potencial que tienen, sean rechazados en las entrevistas o ni siquiera logren acceder a una, cuenta Ochoa: “Cuando se dan estas situaciones, nos genera mucha ansiedad. Nos preguntamos por qué no se le está dando la oportunidad si realmente tiene todo el potencial”.
“Al principio no me afectaban los rechazos, pero llegó un momento en el que me empecé a preguntar si el problema era yo”, reconoce Joaquina. Había logrado avanzar en la carrera con el apoyo económico de BisBlick y el acompañamiento de un mentor vinculado con el mundo de la administración. Sentía que las inseguridades habían quedado atrás y quería ir por más: empezar a trabajar como pasante en lo suyo.
Lograr ese puesto que buscaba le llevó largos meses. Después de mucho insistir, y con el acompañamiento de la organización, en 2024 logró entrar como pasante en el área de Finanzas de Danone.
Durante la entrevista, cuenta, le preguntaron qué sentía que tenía para aportarle a la empresa. Ella respondió: “Hoy podría parecer que nada porque no tengo un gran nivel de inglés o no tengo un manejo avanzado de Excel. Pero lo que sí tengo son muchas ganas de aprender”.
Un año y dos meses más tarde quedó efectiva. La gerenta, cuando se lo informó, valoró su proactividad y su compromiso. “Me acuerdo de que cuando me lo informaron me puse a llorar. No me lo esperaba”, dice.
Cuando una organización puede mirar distinto, dice Ochoa, los resultados hablan por sí solos. Se apoya en el siguiente dato: “Ya acompañamos a 144 jóvenes en sus pasantías y ni uno dejó antes de tiempo”, dice, como para desarmar cualquier prejuicio sobre falta de compromiso. La mujer agrega el siguiente dato: de esos 144, el 20% ya logró ser efectivizado. “Es un porcentaje superior a la media, que ronda el 13%”, contextualiza.
Hasta el momento, unos 3000 jóvenes accedieron a diferentes programas de apoyo de la organización. “Los que pasan por el proceso de selección pero no son admitidos, en muchos casos acceden a capacitaciones, o los derivamos con otras organizaciones. Tratamos de no soltarles la mano”, explica Ochoa.
Los que terminan el proceso de selección en forma exitosa, como Joaquina, reciben una beca económica para estudiar, mentoreo y capacitaciones. La organización también cuenta con un programa de intermediación laboral. Actualmente cuentan con 59 jóvenes trabajando en empresas, ya esa con pasantías o como empleados efectivizados.
Por otra parte, hasta el momento, de los jóvenes que pasaron por BisBlick unos 48 terminaron sus estudios universitarios. “En nuestros primeros años, teníamos niveles de deserción cercanos al 60%. Pero fuimos ajustando nuestros procesos y hoy logramos bajar esa tasa al 18%”, dice Ochoa.
Ahora que se encamina hacia el tramo final de la carrera (le faltan aprobar solo seis de las 30 materias), Joaquina ya no siente que la vida le pesa. Su efectivización fue el empujoncito que necesitaba para dejar la casa familiar e irse a vivir con su novio, aunque sigue en el mismo barrio.
Ahora que va cumpliendo sus proyectos, vive su presente como un privilegio que la anima a soñar en grande. “La gerenta de mi empresa es la primera profesional de su familia”, dice. Entonces hace una pausa, piensa y concluye: “Si ella logró llegar tan alto, tal vez yo también”.
Más información
La Fundación BisBlick acompaña a jóvenes de bajos recursos y alto potencial para que sean los primeros profesionales de su familia. Los apoyan con becas, tutorías y capacitaciones.
- Si querés conocer más sobre la organización o sumarte a su red de voluntarios, podés escribir a [email protected]
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Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables
Por Lorena OlivaLA NACION