Fabián Corral B.: ¿Consumidores? | Columnistas | Opinión

2026/07/23

23 de julio, 2026 - 05h30

¿Ciudadanos o consumidores? ¿República de hombres libres o bazar de facilidades y subsidios? ¿Sociedad civil o masa con apetitos? ¿Pueblo soberano o público espectador? ¿Cultura o espectáculo?

Me pregunto, y me asombro, pese al hábito que vamos adquiriendo de mirar cosas extraordinarias. Y me inquieto porque las respuestas no satisfacen las dudas ni llenan las expectativas ni sugieren un horizonte de posibilidades más allá de la coyuntura económica. Me pregunto –y creo que hay derecho a preguntarse– si pese a todo aún persistimos en las ilusiones que alimentó la teoría democrática y la posibilidad de tener una cultura. Me pregunto por qué el Estado de derecho se ausentó sin fortuna y se despidió sin drama y en silencio, y por qué nació, en su lugar, el Estado constitucional en el cual, paradójicamente, la vigencia y la militancia por los derechos individuales se han hecho tan inciertas; por qué cada día otras teorías derogan las innumerables ilusiones que alimentó la idea del progreso indefinido, y edificó el confuso entusiasmo, y la gran equivocación, de creer que el destino del mundo apuntaba hacia la plenitud de la felicidad política.

¿Ciudadanos o consumidores?, me pregunto. Dudo, no descalifico ni me anticipo, pero sí advierto la distancia entre esas dos formas de ser, porque el crecimiento económico, el sustancial despegue de la clase media y la portentosa capacidad de información y de consumo no han permitido el paralelo desarrollo de instituciones políticas ni de un cultura de razones. Y la “nueva sociedad” sigue sometida a los cánones de viejas dependencias y de antiguos temores. Y ahora, de enormes miedos.

¿Ciudadanos, vecinos o adversarios?, me pregunto cuando veo la ciudad colapsada por el tráfico y abrumada por la conducta de nuevos ricos y antiguos pobres, engreídos y suficientes; cuando veo el deterioro del paisaje, el empobrecimiento de la cultura y la “prosperidad” de la chabacanería que nos invade; cuando veo la anulación de la sencillez y la pérdida de vinculación con las raíces; cuando veo que la publicidad ha reemplazado a la reflexión y la propaganda ha sustituido al pensamiento. Y que el espectáculo y la algarabía nos abruman.

¿Ciudadanos o consumidores?, porque veo el creciente deterioro del sentido de vecindad, el “quemeimportismo” respecto de los bienes comunes y el egoísmo cerril que marca las conductas de no pocos individuos. Consumidores que demandan, que determinan la índole de la sociedad, que arruinan las ciudades y que imponen sus gustos.

Pese al predominio del consumidor sobre el ciudadano, pese a la proscripción de la crítica y al imperio creciente del acomodo, pese a todo, aliento la esperanza de que la sociedad transite, alguna vez y sin tropiezos, hacia la ciudadanía verdadera, hacia la revalorización del viejo concepto de ciudadanía, y de la noción de república, entendida no como el Estado interventor, sí como el espacio en el que cada cual, cada mayoría y cada minoría, ocupe el sitio que su dignidad le franquea. (O)