No fue el día de su nacimiento, pero la historia de Copito de Nieve empezó en cierta manera el 1 de octubre de 1966 . El indígena de la tribu fang Benito Manié estaba cansado de que los gorilas salvajes destrozaran sus terrenos dedicados a la plantación de plátanos y café ubicados en la selva de Nkó, en la provincia de Río Muni, en Guinea Ecuatorial, y decidió organizar una batida para acabar con ellos.
Así, aquel 1 de octubre, un grupo de agricultores liderado por Manié acabó asesinando a una pareja de gorilas que andaban por la zona. Una vez se acercaron a los cuerpos, se encontraron que la hembra todavía llevaba una cría en brazos, pero no era una cría cualquiera. El pequeño gorila era totalmente blanco, lo que llamó rápidamente la atención de los cazadores.
En ese momento, todos recomendaron a Benito que le llevara el animal a un tal Jordi Sabater Pi, pues este hombre seguro que querría pagar por él. Jordi era un barcelonés apasionado por la naturaleza y el comportamiento animal que entonces llevaba unos 26 años en Guinea Ecuatorial y que trabajaba como conservador del centro de Ikunde. Sabater, tal como le habían dicho a Manié, quiso quedarse con el gorila.
El animal de pelo blanco pasó un mes en Ikunde, donde se adaptó bien a la vida en cautividad y al trato con humanos. La noticia de que había un gorila albino empezó a expandirse y, ese mismo año, mientras Montreal preparaba la Exposición Universal de 1967, a Jordi le ofrecieron hasta un millón de dólares por el animal que acabó llamándose Copito de Nieve.
Sin embargo, el primatólogo catalán no dudó ni un segundo y rechazó aquella oferta económica. Si el gorila viajaba a algún sitio, lo haría al Zoológico de Barcelona, y así lo hizo finalmente. En noviembre de 1966, apenas un mes después de haber sido capturado tras el asesinato de su madre, Copito de Nieve aterrizó en el que se convertería en su hogar durante los siguientes 36 años de su vida.
Su estancia en Barcelona
Durante los once primeros meses de estancia en Barcelona, Copito de Nieve vivió en el piso del doctor Roman Luera i Carbó, entonces veterinario del Zoo, y su mujer Maria Gracia. En ese tiempo, el gorila incluso se fue de vacaciones con la familia a Menorca, pero al animal no le quedó otra que ingresar en el zoológico de la ciudad una vez se hizo más grande. Allí se convirtió en uno de los grandes reclamos del centro.
Medía 1,63 metros de altura y llegó a pesar 187 kilos. En las casi cuatro décadas que vivió en el zoo, Copito tuvo una extensa familia compuesta por 21 hijos con tres hembras diferentes: siete con Ndengue, nueve con Bimvili y cinco con Yuma. En 1999, nacieron sus nietas, Nimba y Batanga, pero ninguno de sus descendientes fue albino como él. El gorila, único en el mundo, murió en 2003 enfermo de cáncer de piel.