Los datos ya están sobre la mesa y permiten responder, al menos parcialmente, una pregunta que flotaba desde hace semanas: ¿cuánto turismo adicional trajo realmente el Mundial a México?
La respuesta corta es: menos del que se esperaba en número de visitantes, aunque más en gasto por visitante. El torneo no multiplicó los turistas, pero sí los reacomodó.
Sectur informó que durante las seis semanas del Mundial 7.8 millones de viajeros pasaron por las tres ciudades sede y dejaron una derrama turística de más de 42 mil millones de pesos.
Pero la cifra requiere contexto. No significa que hayan llegado 7.8 millones de turistas adicionales. Incluye viajeros nacionales e internacionales, turistas y excursionistas.
Las cifras de junio de la Encuesta de Viajeros Internacionales (ENVI) del INEGI cuentan otra historia: México registró 8.19 millones de visitantes internacionales, 2.1 por ciento más que un año antes. Pero la composición dice otra cosa.
El INEGI distingue entre turistas, que pasan al menos una noche en México, y excursionistas, que no pernoctan. Entre los primeros separa a los fronterizos de los turistas de internación.
El crecimiento provino principalmente de los turistas fronterizos, que aumentaron 6.5 por ciento, y de los excursionistas de crucero, que se dispararon 21.5 por ciento.
En cambio, el segmento que el torneo debía favorecer especialmente, el turista de internación, cayó 3.2 por ciento. Y los turistas que ingresaron por vía aérea disminuyeron 5.3 por ciento.
Es decir, en el mes del partido inaugural en el Estadio Azteca entraron a México menos turistas por avión que en junio de 2025.
Las estadísticas de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) muestran, además, que el total de pasajeros internacionales en los aeropuertos del país cayó 4.2 por ciento.
Pero la geografía cuenta historias diferentes.
Las ciudades sede ganaron: Guadalajara creció 11.5 por ciento; Monterrey, 10.1 por ciento; el AIFA, 20.1 por ciento, y el AICM apenas 1.5 por ciento. Incluso Querétaro y Morelia crecieron 31.9 y 27.8 por ciento, respectivamente.
Los destinos de playa, en cambio, retrocedieron con fuerza: Cancún perdió 13.1 por ciento de sus pasajeros internacionales; Los Cabos, 14.1 por ciento; Puerto Vallarta, 33.3 por ciento, y Tulum, 63.2 por ciento.
Hay que ser justos: esa caída no comenzó con el Mundial. Ya venía desde meses atrás por una menor demanda estadounidense, problemas de conectividad aérea y otros factores.
Pero el torneo tampoco la compensó. Lo que ganaron las ciudades sede no alcanzó para cubrir lo que perdió el resto del país.
Es una radiografía del llamado efecto sustitución: el turista habitual puede evitar el país sede por precios elevados, saturación o complicaciones, mientras los aficionados que llegan por el evento no necesariamente compensan esa ausencia.
La experiencia internacional muestra que estos beneficios no siempre aparecen durante el evento: parte de ellos puede llegar después, por la imagen y el posicionamiento del país.
Donde el Mundial mexicano sí funcionó fue en la caja.
El gasto de los viajeros internacionales subió 5.9 por ciento, a 2 mil 912 millones de dólares, pese a que llegaron menos turistas por vía aérea.
El turista de internación gastó en promedio mil 96 dólares, 8.6 por ciento más que un año antes, y quien llegó por avión desembolsó mil 284 dólares, 9.6 por ciento más. Sectur reportó además tarifas hoteleras 51.5 por ciento más altas en las ciudades sede.
En pocas palabras: México le cobró más caro a menos gente.
Como resultado en términos de ingreso por visitante, funcionó. Como impulso al volumen turístico, no.
Y hay otro dato que ha recibido poca atención.
En el mes mundialista, las salidas de mexicanos al exterior crecieron 8.2 por ciento y su gasto fuera del país se disparó 18.2 por ciento, hasta mil 222 millones de dólares. El peso, en cerca de 17 unidades por dólar, probablemente hizo su parte.
El resultado es revelador. El superávit de la balanza de viajeros fue de mil 691 millones de dólares, frente a mil 718 millones un año antes.
Es decir, en el mes de la mayor fiesta turística que México ha vivido en muchos años, el saldo neto de divisas generado por los viajeros se redujo 1.6 por ciento.
Falta una pieza importante. Junio captura apenas las primeras tres semanas del torneo. Julio recoge su tramo decisivo y sus datos se publicarán el 14 de septiembre.
Por ahora, la conclusión es clara: los megaeventos no multiplican turistas por arte de magia. Los redistribuyen y pueden elevar considerablemente el gasto de quienes sí llegan.
El verdadero dividendo del Mundial, si existe, se verá en 2027 y después, cuando sepamos si la enorme exposición internacional que tuvo México consiguió atraer nuevos visitantes una vez apagadas las luces de los estadios.
Esa es la apuesta que todavía está abierta.