Para miles de familias chilenas, el temporal de los últimos días no fue solo una noticia, ni una imagen más en los medios. Fue una interrupción abrupta de la vida cotidiana: cortes prolongados de luz, viviendas dañadas o destruidas, caminos bloqueados, comunidades aisladas y, lamentablemente, personas desaparecidas y vidas perdidas. Detrás de cada una de esas consecuencias hay dolor, incertidumbre y una huella que permanecerá mucho después de que termine la emergencia.
Pero una emergencia no termina cuando culmina la lluvia, vuelve la luz o se despejan los caminos. Para muchas personas, recién ahí comienza la parte más difícil. Recuperar la tranquilidad, reconstruir lo perdido y volver a confiar en una normalidad que se reveló más frágil de lo que pensábamos. Por eso, más allá de la respuesta inmediata, este temporal nos deja una pregunta de fondo: ¿cuánto estamos haciendo, como sociedad, para anticiparnos antes de que el daño ocurra?
Durante mucho tiempo construimos nuestras decisiones sobre la idea de que el mañana se parecería bastante al hoy. Planificamos ciudades, proyectos, inversiones y lugares de trabajo bajo la idea de un entorno relativamente estable y predecible. Sabíamos que existían riesgos, pero tendíamos a mirarlos como excepciones: eventos aislados que interrumpían por un tiempo la rutina, hasta que la normalidad volvía a instalarse.
Al parecer, uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo va de la mano con la velocidad con que estamos llamados a adaptarnos a una realidad que evoluciona más rápido que nuestras costumbres, nuestras instituciones y, muchas veces, nuestra propia forma de tomar decisiones. Seguimos pensando en términos de normalidad y excepción, cuando probablemente estamos entrando en una época donde el cambio constante es parte del escenario y eso exige una nueva manera de entender la prevención.
Durante años, la prevención se ha entendido como un conjunto de protocolos, normas y medidas para evitar accidentes específicos. Pero como hemos señalado anteriormente hoy esa mirada resulta insuficiente. Prevenir también es aprender a leer el entorno, anticipar escenarios, prepararse para lo inesperado y fortalecer la capacidad de respuesta de personas, organizaciones y comunidades frente a riesgos que no siempre podemos controlar.
En el mundo del trabajo esta reflexión adquiere una relevancia particular. Cuando un sistema frontal altera la conectividad de una ciudad, una inundación interrumpe una operación o miles de trabajadores ven afectados sus desplazamientos, queda en evidencia que la seguridad ya no puede limitarse al espacio físico donde se realiza una tarea. Cada vez depende más de nuestra capacidad para comprender los riesgos del entorno, prepararnos para ellos y reaccionar de manera oportuna.
Dado esto, la pregunta más importante no es cómo respondemos cuando ocurre una emergencia, sino cuánto hicimos antes de que ocurriera. La diferencia entre una organización que está preparada y otra que se paraliza rara vez se explica por las decisiones tomadas en medio de la crisis. Generalmente se construye mucho antes: en la cultura que se trabaja día a día, en la importancia que se otorgó a la prevención cuando aún no parecía urgente y en la disposición a prepararse para escenarios que muchos consideraban improbables.
Las lluvias de estos días pasarán. Sin embargo, sería un error pensar que la principal lección se relaciona únicamente con este temporal. Lo que deja este episodio es una reflexión más profunda: vivimos en un entorno donde la vulnerabilidad forma parte de la realidad y donde la preparación ya no puede entenderse como una opción. Nuestro país lo vive cada año: hoy es el frente de mal tiempo; durante el próximo verano, pueden ser los incendios forestales; y así, de forma cíclica, uno que otro evento de estas características nos golpea. Por ello, en Mutual de Seguridad creemos que la prevención no puede ser entendida como un ejercicio técnico pasando a convertirse en una responsabilidad colectiva. Porque cuando las certezas se vuelven más frágiles, anticiparse se transforma en una necesidad, en especial, cuando se trata de la salud y seguridad de las personas.
Felipe Bunster, gerente general de Mutual de Seguridad
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