Cuando el kirchnerismo pierde, siempre tiene una respuesta armada: piedras, ataques y supuestos infiltrados

2026/10/16

La historia del rey Arturo cuenta el relato de que había una espada clavada en una piedra que solo podía sacarla el verdadero rey de Inglaterra, y el único que lo logró fue Arturo. Así, lo nombraron rey en el año 500 antes de Cristo.

En la Argentina pareciera funcionar al revés. Los manifestantes consideran que será rey aquel que tire la piedra más grande hacia la espada de la democracia. Y, cuanto más grande sea la piedra, más puntos consiguen para llegar a ser nombrado rey.

Horas después de darle una entrevista a María O’Donnell en la mañana de ayer, Juan Grabois publicó el siguiente mensaje en la red social X: “Si el Parlamento está en silencio, que grite la calle”. Una metáfora “filosófica” y “profunda”, del señor diputado.

Diez minutos después, empezaron a llover piedras en la Plaza del Congreso.

Todas las grandes marchas de los últimos diez años en Argentina terminan con una banda de criminales tirándoles piedras a la cabeza a los policías. Y siempre sale un rato después la izquierda y el kirchnerismo a decir: “Nosotros no hicimos nada”, “nosotros somos buenos”, “son infiltrados”, “es la SIDE”, “nosotros somos pacíficos”. ¿Es posible que siempre sean infiltrados?

Los manifestantes tiraron piedras contra la policía. (Foto: TN / Agustina Ribó)

Los manifestantes tiraron piedras contra la policía. (Foto: TN / Agustina Ribó)

En vez de preguntarse si hay infiltrados o echarse la culpa entre ellos, ¿no sería mejor empezar a aceptar que están repletos de gente violenta? Ya sería hora de asumir que la izquierda y el kirchnerismo están llenos de antidemocráticos violentos que rompen el espacio público cuando pierden en el Congreso:

También hay que recordar que estas personas son las mismas que las del año pasado que entraron al edificio de TN y eltrece y rompieron todo, enojados porque la Corte había condenado a la señora Cristina Fernández de Kirchner a seis años de prisión.

Siempre que pasa algo que no les gusta, terminan aplicando la fuerza. No aman la democracia, aman la violencia.

De hecho, el líder de ATE, Rodolfo Aguiar, convocó abiertamente a ir a buscar a los diputados directamente a sus casas. A eso se le llama fascismo, porque el fascismo convierte al adversario en enemigo, y el enemigo debe ser combatido verbalmente y hasta físicamente. El enemigo debe ser identificado, marcado, insultado, escrachado, agredido y hasta eliminado. Entonces, para ellos, la democracia es un campo de pelea donde todo está permitido: “El fin justifica los medios”.

Los camisas negras de Mussolini y la policía de Stalin iban a buscar a la gente que no pensaba como ellos a las casas y los cazaban. Por eso, lo que dice Aguiar es: “Voten como yo digo, sino los vamos a buscar”, profundamente fascista.

Roberto Aguiar, líder de ATE, convocó abiertamente a ir a buscar a los diputados a sus casas. (Foto: X / @ateprensa)

Roberto Aguiar, líder de ATE, convocó abiertamente a ir a buscar a los diputados a sus casas. (Foto: X / @ateprensa)

Algunos pensarán del otro lado de la pantalla que estoy exagerando, que en realidad la gente solo grita, pero no hace nada. Pero, permítanme decirles que no es así. Todo queda registrado en todos los canales de televisión nacionales. Cada manifestación se va poniendo más agresiva y marcha tras marcha vamos naturalizando nuevos niveles de violencia. Cuando deberíamos repudiarla y castigarla.

La siguiente secuencia ocurrió ayer en tan solo un minuto y medio:

  1. Casi le vuelan la cabeza de un piedrazo a un gendarme.
  2. El diputado kirchnerista Germán Martínez recibió otro piedrazo de sus amigos de la izquierda.
  3. Agredieron a una cronista solamente por tener el micrófono de un canal que no les gusta.

Las tres cosas son comportamientos antidemocráticos, orientados a eliminar al que piensa distinto. Pero es mucho más fácil usar el término “infiltrados”.

Creo que ya es hora de que la izquierda argentina y el kirchnerismo reconozcan que están llenos de violentos.

Ya tenemos suficientes ejemplos para que se vayan dando cuenta:

  1. El recordado “Gordo Mortero”, que atacó a la policía en aquella plaza de 2017.
  2. Eva Mieri —actual intendente de Quilmes, mano derecha de Mayra Mendoza— que le tiró bosta en la puerta de la casa del exdiputado Espert.
  3. La patota de Pedraza que asesinó a Mariano Ferreyra en 2010.
  4. Juan Grabois y sus ataques de ira en plena Cámara de Diputados.
  5. Luis D’Elía, que llegó a tomar una comisaría con el apoyo del presidente Néstor Kirchner.
  6. La patota de Camioneros de la familia Moyano que vive bloqueando empresas para ganar afiliados.
  7. La banda violenta de La Cámpora que se metió a eltrece y TN rompiendo absolutamente todo.

¿Son hechos aislados? ¿O será que el kirchnerismo y la izquierda se convirtieron en movimientos que apelan una y otra vez a la violencia como forma de construcción política?

De hecho, ayer el diputado nacional “K” Juan Marino habló concretamente de hacer una “rebelión popular”. La definición de rebelión popular es: “Levantamiento colectivo de parte de la población contra el poder político, autoridad u orden establecido”. A esto se le llama golpismo: no les gusta lo que votó el 56% de la sociedad argentina y su solución es rebelión popular, levantamiento armado, violencia, helicóptero.

Juan Marino habló de "rebelión popular" tras la derrota en el Congreso. (Foto: Cámara de Diputados)

Juan Marino habló de "rebelión popular" tras la derrota en el Congreso. (Foto: Cámara de Diputados)

Por estas cosas, el kirchnerismo se transformó en una máquina de perder elecciones. Porque se convirtieron en un partido violento y trotskista. El peronismo supo ser un movimiento popular hegemónico durante 70 años en Argentina. Hoy son un partido chiquito, radicalizado, sectario, intolerante y elitista. Una mezcla del Frepaso de los 90, con el trotskismo de Altamira, con el hippismo de Litto Nebbia, pero con la tarjeta de crédito de Bill Gates.

Y esa violencia espantosa la llevan adelante, encima, contra mujeres. Ahí están los insultos que le dijeron a la diputada Lemoine: “chorra”, “nazi”, “hija de puta”, “vende patria”, “conchuda”, “delincuente”, “no vas a poder caminar tranquila por la calle”, “te falta salud mental”, “te falta una neurona”. Eran 40 contra 1.

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Se la pasan hablando de cuidar a las mujeres. Se la pasan hablando de la violencia de género. Era una mujer sola contra 30 o 40 tipos. ¿Dónde está el amor o el proyecto colectivo?

El gran problema que tiene el kirchnerismo es que están enfermos de odio. Están consumidos por el rencor y por la envidia. Están intoxicados de fanatismo. Están atrapados en su propio veneno. El odio ya no es su discurso: es su identidad. Por eso, inevitablemente, están condenados a la irrelevancia política. Se han convertido en los verdaderos “kuka tira piedras”.

Opiniones libres; hechos sagrados.