
A los pies de los Picos de Europa, en un pliegue de montaña donde apenas viven 800 personas, se esconde un pueblo capaz de justificar por sí solo un viaje a Asturias. Sus calles guardan casonas centenarias, hórreos de madera envejecida y una iglesia medieval declarada Bien de Interés Cultural, pero lo que atrae cada año a más visitantes está bajo tierra, en cuevas naturales donde madura, durante meses, el queso más caro del mundo.
Las oficinas de turismo de Asturias describen a Cabrales como “el vigoroso corazón de los Picos de Europa”, un territorio donde buena parte del municipio se integra en el Macizo Central del parque nacional. El recorrido por esta comarca combina patrimonio arquitectónico, tradición ganadera y una de las rutas de senderismo más célebres del país, en un territorio donde el paisaje y la economía local siempre estuvieron unidos.
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Las Arenas funciona como acceso natural al macizo y, según el portal turístico oficial del Principado, es “una de las cunas del montañismo ibérico”. El pueblo es también el punto de partida de la Ruta del Cares, uno de los senderos más transitados de España, que atraviesa un desfiladero excavado en roca caliza y conecta con Cabrales.
La iglesia de Santa María de Llas, con documentos que datan de su existencia desde el siglo XIV, preside el conjunto histórico del pueblo y conserva elementos originales de fábrica románica. Desde 1992 tiene la categoría de Bien de Interés Cultural.
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Alrededor de la iglesia, Las Arenas mantiene el trazado de los pueblos de montaña asturianos, con galerías acristaladas, balcones de madera y fachadas porticadas en casonas ligadas a la antigua economía ganadera. Los hórreos, todavía en pie en varios puntos del pueblo, recuerdan su función tradicional como sistema de almacenamiento elevado.

El nombre de Cabrales identifica tanto al concejo como al queso que se elabora en sus cuevas, un producto que en 2026 alcanzó una cifra sin precedentes en su Certamen del Queso de Cabrales. La cita, que este año cumplió su edición número 54, se celebra desde 1968 y reúne cada verano a los queseros de la comarca en una subasta que se ha convertido en referencia dentro del sector.
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Una pieza de algo más de dos kilos se vendió este año por 37.500 euros, lo que equivale a unos 18.000 euros por kilo, la cifra más alta pagada nunca por un queso de Cabrales. El precio de mercado habitual del producto ronda los 50 euros el kilo, muy por debajo del valor alcanzado en la subasta.

El queso premiado maduró más de 220 días en la cueva de Los Mazos, situada a 1.430 metros de altitud en Peña Maín, dentro del territorio del concejo de Tielve. “Joya de alta montaña”, la definió el quesero Ángel Díaz Herrero, responsable de la pieza subastada.
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Para quien quiera profundizar en el proceso, Turismo Asturias recomienda, dentro de sus rutas oficiales, la visita a la Cueva-museo del Queso Cabrales en Arenas de Cabrales, donde se explican los secretos de un producto que ha llevado el nombre de este pequeño concejo asturiano a mesas de todo el mundo.