De Brigitte Bardot a Capucine: así fotografió Georges Dambier la democratización de la moda

2026/08/08

“Desde el principio me llamó la atención la naturalidad y la espontaneidad que transmiten sus fotografías”, explica Anabela Becho, comisaria de Vivre sa vie. Georges Dambier y la moda, exposición que podrá verse en el Cristóbal Balenciaga Museoa, en Getaria, hasta el 13 de diciembre. “Eran muy diferentes de las fotografías típicas de la época. Fue un precursor de lo que estaba por venir”. En los albores de la historia de la moda, Georges Dambier estuvo allí para fotografiar a las mujeres que la hicieron posible.

Dambier se consolidó como fotógrafo del glamour en un momento en el que la moda y la fama se hacían más accesibles. Inició su carrera como fotoperiodista junto al fotógrafo italiano Willie Rizzo y ambos recorrían los bares del barrio parisino de Saint-Germain, donde se convirtieron en presencias habituales entre las grandes figuras de la Rive Gauche, como Colette o Jean Cocteau. Aquellas noches exigían rapidez: la diferencia entre una buena fotografía y una imagen memorable podía reducirse a capturar un gesto en el instante preciso.

El fotógrafo visto en París en 1955 

El fotógrafo visto en París en 1955 Cristóbal Balenciaga Museoa

“Dambier quería que las fotografías transmitieran una absoluta naturalidad”

Anabela Becho

Comisaria

Por entonces, Dambier trabajaba para el periódico de Pierre Lazareff cuando Hélène Lazareff, esposa del director y fundadora de Elle en 1945, lo invitó a colaborar con la revista, fascinada por las imágenes que Dambier realizaba para el diario. Aquella propuesta resultó decisiva tanto para su carrera como para la consolidación de su estilo. ”Elle ocupaba una posición distinta a la de Vogue. Lazareff tenía la idea de acercar la alta costura parisina, hasta entonces reservada a una élite, y quería democratizarla”, explica Becho sobre el momento en que las maisons comenzaron a dirigirse a mujeres más jóvenes con colecciones más asequibles. “Las casas de alta costura comprendieron que debían abrirse un poco más si querían sobrevivir”, señala.

Ese momento coincidió también con la expansión de la red de contactos de Dambier. Su relación con Françoise Dorléac, una de las modelos más destacadas de la época, le abrió las puertas de diseñadores como Jacques Fath o Jean Barthet, lo que contribuyó a afianzar su afán y comprensión de la moda. Dorléac trabajaba además junto a Brigitte Bardot en Maison Virginie, una casa de alta costura especializada en moda para jóvenes, circunstancia que dio lugar a una de las fotografías más reconocibles de la exposición de Getaria.

Brigitte Bardot, París, 1952. Abrigo en lana de Basta 

Brigitte Bardot, París, 1952. Abrigo en lana de Basta Georges Dambier

A diferencia de VogueElle empezó además a publicar patrones inspirados en la alta costura para que “si las mujeres no podían comprar una prenda, al menos pudieran reproducirla”, explica Becho. En la revista, se podían encontrarse patrones inspirados en los diseños de modistos como Fath, Christian Dior e incluso Cristóbal Balenciaga. Balenciaga, sin embargo, limitó el número de modelos suyos que podían reproducirse por temor a que la competencia los copiara. No le faltaban motivos. En el apogeo de su carrera, Georges Dambier debía planificar sus sesiones fotográficas con sumo cuidado para impedir que los diseños cayeran en manos de quienes buscaban imitarlos.

“En ocasiones trabajaban por la noche para protegerse de las copias, porque si fotografiaban un modelo a plena luz del día, cualquiera podía verlo e intentar reproducirlo”, afirma Anabela Becho. “Por supuesto, fotografió mucho al aire libre, a menudo en lugares apartados, sobre todo junto al mar, en el campo o en Marruecos, pero en la ciudad realizaban las sesiones de moda de noche. En esas ocasiones solía contar con un amplio equipo para encargarse de la iluminación y el montaje y, cuando la luz escaseaba, tenía que trabajar de otra manera”.

Nina, París, 1955. Traje-capa en tweed color chocolate de Balenciaga 

Nina, París, 1955. Traje-capa en tweed color chocolate de Balenciaga Georges Dambier

La apertura de la alta costura propició también un paralelismo entre las trayectorias de Georges Dambier y Hubert de Givenchy, discípulo de Cristóbal Balenciaga, con quien Givenchy inició su formación. “Si se analiza Elle durante la década de 1950, Hubert de Givenchy es uno de los diseñadores con mayor presencia en la revista”, explica Anabela Becho.

Fue precisamente el debut de Givenchy en la alta costura el que brindó a Dambier una oportunidad decisiva. Su primer gran reportaje de moda para Elle fue el desfile inaugural de Hubert de Givenchy en 1952. “Los dos eran jóvenes y representaban ese cambio que estaba viviendo la alta costura. Givenchy proponía prendas separadas que las mujeres podían combinar libremente. Además, introdujo el algodón en la alta costura, un material mucho más humilde que la seda o el gazar”.

El primer reportaje de moda de Dambier para <i>Elle </i>fue el desfile inaugural de Hubert de Givenchy 

El primer reportaje de moda de Dambier para Elle fue el desfile inaugural de Hubert de Givenchy Georges Dambier

Aquella transformación permitió también que Dambier rompiera con los códigos tradicionales de la fotografía de moda. “Llevó la alta costura al movimiento, fotografiando a las modelos en la calle y en situaciones cotidianas”. Ese cambio fue posible gracias a una nueva manera de entender el diseño: las creaciones de Givenchy eran mucho más ligeras que las de otros modistos y, al ser menos estructuradas, resultaban más fáciles de transportar y de vestir en escenarios reales.

Los propios vínculos de Dambier, especialmente con sus modelos, lo situaron en los entresijos de la moda. Muchas de las mujeres no eran únicamente modelos, sino también protagonistas activas en la construcción de las imágenes. Suzy Parker, por ejemplo, era la modelo favorita de Georges Dambier porque también era fotógrafa. También disfrutaba trabajando con la supermodelo francesa Simone d'Aillencourt. Aunque la fotografió luciendo un abrigo de Pierre Cardin, la sesión fue tan fluida y el movimiento de la modelo tan elegante que Dambier comentó más tarde que D'Aillencourt ‘podría llevar un saco de patatas y hacerlo parecer un Dior’.

Suzy Parker, Place du Tertre, París.Traje de cuerpo holgado y ajustado a las caderas de Balenciaga. ELLE Numéro spécial / Les Collections Printemps 1953, 2 de marzo de 1953, n.º 379.

Suzy Parker, Place du Tertre, París.Traje de cuerpo holgado y ajustado a las caderas de Balenciaga. ELLE Numéro spécial / Les Collections Printemps 1953, 2 de marzo de 1953, n.º 379.Georges Dambier

Bettina, a quien Dambier retrató con frecuencia, fue quizá el mejor ejemplo de cómo un nuevo tipo de modelo se convirtió en el rostro de la moda. “Georges decía que Bettina era una auténtica profesional. Era una mujer extraordinaria porque sabía reinventarse en cada sesión y, además, estaba muy bien relacionada. De hecho, fue en gran medida gracias a ella que Hubert de Givenchy tuvo tanto éxito en sus comienzos. Consiguió reunir en su primer desfile a las editoras de moda más importantes del momento, no solo Hélène Lazareff, sino también Bettina Ballard, de Vogue, explica Becho. ”Las modelos de entonces eran mujeres muy cultas, con una gran red de contactos. Viajaban solas para ser fotografiadas con prendas de alta costura en una época en la que muchas mujeres necesitaban el permiso de sus maridos o de sus padres para desplazarse. Eran, en cierto modo, mujeres libres. Y creo que esa libertad se percibe en las fotografías de Georges”.

Para la historiadora, esa sensación de libertad se transmite a través del movimiento. Más que posar, las modelos parecen vivir la escena. Becho destaca tanto la perfección técnica y el cuidado de la luz como la atmósfera de libertad que envolvía todo el proceso creativo. “Lazareff le dio una libertad absoluta y Georges pudo unir todas sus pasiones: las mujeres hermosas, la alta costura, el mar y los viajes”, explica. Aun así, nunca rebajó el nivel de exigencia. “Quería que todo fuera perfecto y que, al mismo tiempo, las fotografías transmitieran una absoluta naturalidad”.

Capucine, París, 1952. Sombrero y guantes de Jean Barthet 

Capucine, París, 1952. Sombrero y guantes de Jean Barthet Georges Dambier

No fue hasta los últimos años de su vida cuando Dambier comprendió plenamente que el legado que había construido no solo era extenso, sino que poseía un auténtico valor artístico. Tras vivir intensamente la efervescencia cultural del París de los años cuarenta y convertirse en una figura clave de la fotografía de moda durante la década siguiente, abandonó Elle en 1964 para emprender dos proyectos editoriales con los que esperaba dar impulso a nuevos talentos. 

Poco después se trasladó a Chaufourg, en la Dordoña, para hacerse cargo de la finca familiar, donde acabaría reuniéndose con su hijo Guillaume Dambier, también fotógrafo y reportero. Guillaume dejó París para estar cerca de su padre en los últimos años de su vida y comenzó entonces a trabajar con su archivo fotográfico. “Creo que fue gracias a Guillaume que Georges comprendió que su obra tenía un carácter intemporal”, señala Becho.

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Fue precisamente Guillaume quien contactó con Anabela Becho para proponerle trabajar juntos en una exposición. La historiadora ya conocía la célebre fotografía de Capucine, pero apenas sabía nada del recorrido de Dambier. “Cuando Guillaume quiso empezar a trabajar con el archivo de su padre, Georges solo tenía un miedo: caer en la nostalgia. Aquellos habían sido años muy felices, entre su estilo de vida, las modelos y los grandes modistos, y temía mirar atrás con excesiva melancolía. Pero creo que fue muy feliz al vivir lo suficiente para comprobar que sus fotografías tenían un valor artístico y que trascendían el momento en que fueron tomadas”, relata Becho.

La exposición de Getaria reúne 77 fotografías organizadas en seis ámbitos temáticos. Fruto de largas horas de conversación e investigación en los archivos —una labor que Guillaume Dambier continúa hoy—, la muestra no solo reconstruye la trayectoria de un fotógrafo, sino también el momento en que nuevas ideas sobre la moda, el arte y la cultura confluyeron delante de una misma cámara.