Del hijo del entrenador al MVP del derbi

2026/09/22

Actualizado 22/09/2026 - 06:52CEST

En este fútbol faltón en el que vivimos hoy en día vale todo. Y poco a poco se estaba instalando el runrún de que Giuliano Simeone jugaba más por ser quien era que por sus méritos. Y, sinceramente, no sé dónde hay tanto ciego o tanto malintencionado, porque ni llegó al primer equipo por un capricho de su padre ni se instaló en la titularidad por lo mismo. Pero en este deporte nacional que tanto entusiasma de dar leña, Giuliano estaba empezando a sufrir una campañita de desprestigio que ni era justa ni estaba argumentada con la solidez necesaria para ser creíble.

Para empezar, cuando el míster, es decir, su padre, ha visto que no estaba dando las prestaciones que se le habían encomendado, el chaval ha salido del campo antes de los 90 minutos sin problema ninguno. Llegó al primer equipo sin prisas y poco a poco empezó a tener minutos hasta que, por aclamación, se hizo con un puesto. Luego la renovación, luego el Mundial y a estas alturas, después de algún intento de echar por tierra su tarea –argumentando su parentesco–, se marcó un derbi sobresaliente.

Y cuando se les van acabando los argumentos a sus detractores, empezamos con el asunto de la calidad y el talento. Y para esos también tengo, pero empecemos por el principio. Su compromiso, su talante, su esfuerzo, su derroche permanente, su velocidad y su manera de defender la camiseta es la de un jugador top. Dígame algún entrenador que no quiera en su equipo a un jugador de este perfil. Porque yo niego la mayor. No es un jugador que defienda su titularidad desde el talento, pero tiene mucho más nivel de lo que predican las crónicas. Y, por supuesto, no es un pichichi, pero también tiene gol. Por coraje, por empuje, porque no da un balón por perdido y por pundonor saca adelante de manera notable casi todos los partidos.

Contra el Real Madrid fue el mejor del partido en todos los terrenos y, además, provocó el penalti y dio la asistencia a Jonathan David del 2-0. Si en algún momento los palos que alguien querría dar a su padre –el mejor entrenador de la historia del Atlético– se derivan al culo del hijo, no solo estaremos cometiendo una injusticia, estaremos defendiendo una falsedad. Giuliano juega porque es bueno, porque rinde, porque da la cara, porque resuelve, porque ve puerta y porque se deja la vida en el campo. Y si además tiene el privilegio de recibir clases particulares por ser hijo de quien es, mejor para él. Pero el MVP del derbi está en el salón de su casa y mire usted, querido lector, que había estrellas sobre el césped del Metropolitano... Pues bien, el mejor fue el hijo del entrenador. Sí, al que le regalan, según algunos, minutos sobre el campo. Un poquito menos de acidez, por favor, y, si puedo pedir algo más, un poco más de mesura y justicia para el que se lo merezca, independientemente de parentescos o similares. Sería bueno. Gracias.