¿Depresión o alzhéimer?: cómo distinguir el olvido común del deterioro real

2026/07/13

Columnista invitada (*) l Ansiedad, estrés y otros cuadros emocionales pueden imitar el deterioro cognitivo y llevar a diagnósticos apresurados. Cuáles son las señales que permiten distinguir un caso de otro y por qué conviene no demorar la consulta.

María Luciana Ojeda

13 de julio 2026, 09:12hs

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más común de deterioro de la capacidad cognitiva.

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más común de deterioro de la capacidad cognitiva.

Un padre que repite la misma pregunta tres veces en una tarde, una madre que de golpe se muestra apática y desconectada de todo: para muchas familias, la primera sospecha es siempre la misma, alzhéimer.

Sin embargo, buena parte de esos episodios responde a otra cosa: cuadros de ansiedad, depresión o duelo que, mal diagnosticados, terminan generando alarma innecesaria o, peor, tratamientos equivocados.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 55 millones de personas viven hoy con demencia en el planeta y cada año se suman cerca de diez millones de casos nuevos, una cifra que crece a la par del envejecimiento poblacional y que obliga a afinar el diagnóstico diferencial.

Cuando la angustia se disfraza de olvido

Las llamadas “pseudodemencias” son más frecuentes de lo que se cree. Depresión, ansiedad, estrés postraumático o un duelo mal elaborado pueden provocar dispersión, dificultad para concentrarse y lagunas de memoria que a simple vista se parecen al deterioro cognitivo.

La diferencia suele estar en los detalles: mientras la demencia avanza de forma lenta y progresiva, sin un punto de arranque preciso, los cuadros emocionales aparecen de manera más brusca, ligados a un evento concreto.

Además, quien atraviesa un problema de salud mental generalmente es consciente de sus fallas y puede hablar de ellas, mientras que casi la mitad de las personas con demencia no percibe ningún cambio en su propia memoria.

El diálogo entre neurología y psiquiatría, la clave del diagnóstico

Neurología y psiquiatría están, casi por naturaleza, llamadas a entenderse: el neurólogo necesita incorporar esa lectura más amplia del proceso cerebral que suele manejar el psiquiatra, mientras que este último se beneficia de profundizar en los mecanismos biológicos que el neurólogo domina.

Esa mirada compartida es la que permite leer mejor los síntomas neuropsiquiátricos que suelen colarse en las enfermedades neurológicas —cambios de humor, irritabilidad, apatía, trastornos del sueño— y elegir el camino más adecuado para cada paciente, ya sea a través de estrategias sin fármacos, como los programas de estimulación cognitiva, o con tratamientos farmacológicos cuando la situación lo amerita.

La enfermedad de alzhéimer va alterando la memoria y las aptitudes del pensamiento. (Foto: Adobe Stock)

La enfermedad de alzhéimer va alterando la memoria y las aptitudes del pensamiento. (Foto: Adobe Stock)

El horizonte de los tratamientos tampoco se quedó quieto. Un equipo de investigadores españoles, con base en un centro de neurociencias de Madrid, logró algo que hasta hace poco sonaba a ciencia ficción: abrir de forma segura y reversible la barrera hematoencefálica, esa especie de muro natural que cuida al cerebro pero que, de paso, les cierra el camino a un montón de medicamentos.

Lo consiguió con ultrasonidos focales de baja intensidad, en pacientes con párkinson y deterioro cognitivo, ya que este grupo suele enfrentar un riesgo de demencia bastante más alto que el resto de la población.

El hallazgo se publicó en la revista Nature Communications y deja entrever algo prometedor: la posibilidad de, en un futuro no tan lejano, hacer llegar nuevas moléculas directamente a las zonas del cerebro más castigadas por enfermedades neurodegenerativas, alzhéimer incluido.

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Frente a este panorama, la recomendación no cambia: ante cualquier cambio de memoria o de ánimo que se sostenga en el tiempo, lo que corresponde es consultar a un profesional y dejar de lado tanto la autoevaluación como el ninguneo del síntoma. Es la única forma de distinguir a tiempo un tropiezo emocional de un cuadro neurológico, y de arrancar con el tratamiento que realmente corresponde.

(*) La Dra. María Luciana Ojeda (M.P. 07.257) es médica especialista en Psiquiatría. Diplomada en Adicciones, con formación en Terapia Dialéctico-Comportamental y abordaje cognitivo integrativo. Fellow en Demencias y Enfermedad de Alzheimer.