Desafíos para reducir el alto desempleo - La Tercera

2026/10/03

Joaquín Vial R-TPor Joaquín Vial R-T3 OCTUBRE 2026

Una tasa de desempleo de 9,6% significa que cerca de un millón de personas están buscando trabajo y no lo encuentran. Es un problema grave y urgente, pero que no se resuelve de la noche a la mañana. En 1990 Chile vivía una situación similar, y tomó más de tres años rebajar esa tasa desde 8,5% a 6,5%, a pesar de que la economía crecía por sobre el 6% anual.

El gobierno ha anunciado medidas en dos planos: uno para proporcionar alivios en el corto plazo, centrado en incentivos fiscales, y el otro, más enfocado en cuestiones normativas que apuntan a mejorar el funcionamiento del mercado de trabajo, todo lo cual debería producir resultados a mediano plazo.

Si el aumento del desempleo tuviese un origen puramente cíclico como, por ejemplo, por el alza de los precios de los combustibles, el foco principal debería estar en los incentivos fiscales y los efectos se verían relativamente rápido. Si fuese un problema más persistente, se necesitaría un esfuerzo grande y sostenido para impulsar reformas laborales cuyos efectos demorarían más tiempo en materializarse.

El Banco Central dedicó nuevamente un recuadro del último IPOM a este tema, concluyendo que existen “efectos persistentes” que explican entre 1 y 2 puntos porcentuales de mayor desempleo y que los factores cíclicos aportan entre 0,5 y 1 punto de aumento. Entre los primeros destacan nuevamente el fuerte aumento de los costos laborales, a lo que ahora se suma evidencia de que la automatización también está afectando al empleo, sin que esto incluya todavía impactos derivados de la Inteligencia Artificial.

Una mirada rápida a los datos confirma lo anterior: Mientras el número de empleos formales cayó en 86 mil personas en el último año, los costos de mano de obra aceleraron su ya elevado crecimiento. Al mismo tiempo hace más de un año que se viene observando que la distancia entre el Índice de Costos Laborales y el de Remuneraciones se va ampliando sistemáticamente. Los datos también muestran que este deterioro del mercado laboral comenzó mucho antes de la crisis del petróleo.

Estos resultados no son una sorpresa: muchos economistas insistimos (infructuosamente) en los últimos cinco años sobre las potenciales pérdidas de empleos derivadas de sucesivas leyes que pretendían favorecer a los trabajadores, pero que iban a terminar perjudicando a quienes perdieran su trabajo o no pudieran encontrar empleos formales como consecuencia de los mayores costos que se estaban imponiendo. La muy valorada reducción de la jornada laboral ciertamente tenía ese costo asociado. El imprescindible aumento de las cotizaciones para las pensiones también provoca el mismo efecto. Se advirtió que un reajuste desmesurado del salario mínimo iba a impactar especialmente a las pequeñas y medianas empresas y así sucesivamente. Cada una de estas medidas por sí solas habrían causado problemas. Todas juntas nos han traído a lo que estamos viendo hoy: caídas persistentes en el empleo, por los mayores costos laborales. La brecha creciente entre los costos laborales y las remuneraciones muestra también que incluso los trabajadores que conservan sus empleos están experimentando un menoscabo en sus ingresos.

Las medidas de estímulo van a ayudar a paliar la emergencia, pero hay limitaciones de recursos, tanto para expandirlas como para prolongarlas en el tiempo. Las reformas laborales que apuntan a facilitar los ajustes al mercado de trabajo son esenciales y urgentes, pero van a tardar más tiempo y todavía falta toda su tramitación en el Congreso.

¿Qué podría aliviar en algo la situación en plazos más breves sin comprometer la solvencia fiscal?: Un fuerte aumento de la inversión privada. El proyecto de reconstrucción apunta en esa dirección. En los últimos años las inversiones en energía has hecho un aporte importante y tienen buenas perspectivas a futuro. La minería tiene vientos de cola fuertes. Todos pueden ayudar, pero urge facilitar el tránsito de estos proyectos, tanto por las entidades administrativas como por los tribunales.

Hay mucha gente esperando por un empleo, justo cuando cunde el temor por las consecuencias de la IA sobre el futuro del trabajo. No podemos darnos el lujo de perder más tiempo.

El autor de la columna es profesor adjunto Instituto de Economía UC, Investigador principal CLAPES UC.

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