Diana Salazar señala que su libro Diana, más allá de la fiscal general fue como una especie de “catarsis” para hablar de su paso por la Fiscalía General del Estado, en el que encaró causas penales de gran connotación política.
En el texto, presentado en Quito recientemente, relata entretelones poco conocidos del trámite de los casos FiFAGate, Odebrecht, Sobornos 2012-2016, Metástasis y otros que mostraron el nivel de relación entre poderes políticos, económicos, judiciales y hasta deportivos que ha hecho tambalear las bases de la democracia en el país.
¿Cómo surge la idea de este libro?
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La idea surge después de haber terminado mis funciones como fiscal general. Consideré oportuno y, sobre todo, necesario hacer un relato de los hechos desde mi perspectiva, una especie de posverdad que le permita a la ciudadanía tener conocimiento de qué es lo que pasó más allá de lo que se veía públicamente en los medios a diario y de lo que nos estaban contando desde ciertos sectores. Me apoyé, sobre todo, en las notas que fui recabando no solamente de los últimos seis años de ejercicio en la Fiscalía, sino durante toda mi vida profesional. He tenido esa costumbre de tomar notas, siempre con libreta y lápiz; no escribo con esfero. Y también me apoyé, por supuesto, en testimonios, como el de mi madre, para que me vaya contando cómo fue todo en lo referente con mi familia y lo propio ya en los casos. De hecho, ahí se plantea (las historias) desde la perspectiva de los fiscales que iban manejando cada uno de los temas. A ellos se les pidió que den también su testimonio y que fue reconocido y plasmado en el libro. Estoy realmente contenta, satisfecha, porque esto ha sido como un un ejercicio de catarsis para mí. He logrado sacar cosas que pensé que no estaban ahí, que quizá estaban escondidas porque no hubo la oportunidad quizá de ir a terapia, de tener un psicólogo que me vaya sacando los temas.
El comunicador y activista anticorrupción Simón Espinosa hace el prólogo de su libro y, no sé si ese género literario exista, pero lo describe como “realismo criminal”.
Sí, y “sangriento”.
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¿Pero todo lo que está ahí pasó? ¿No hay nada de ficción?
De ninguna manera hay ficción. Todos son hechos de mi vida, los pasajes son de mi vida, todo ocurrió. Quizá usted piense que el tema del “niño fantasma” (un niño que, según el libro, “penaba” en los pasillos de la Fiscalía y con el que ella dice que habló) puede ser hasta cierto punto surreal, pero eso es real; y, de hecho, existían comentarios o experiencias que había tenido personal de la propia Fiscalía, y es ahí donde reparo yo, no ahora en la escritura de libro, sino anteriormente, en esa época, que había estado frente a esta presencia paranormal. En general, todos son hechos verificables. Es mi vida, lo que me ha pasado y lo que me ha tocado.
En el libro usted hace un recuento de los casos más relevantes que manejó en sus años de fiscal. El que le dio fama fue el llamado FIFAGate, en el que logró la sentencia de Luis Chiriboga y otros dirigentes deportivos por lavado de activos. Ahí usted se refiere al relato que se quiso imponer sobre una prueba “perdida”. ¿Qué fue lo que pasó? ¿La boicotearon?
Al caso se lo denominó Tarjeta Roja. Y el tema de la prueba supuestamente perdida yo lo enfoco desde el primer acercamiento que tuve con el poder de la desinformación a través de redes sociales. No hubo una prueba perdida; eso fue lo que se trató de posicionar durante la investigación para, en primer lugar, deslegitimar la actuación de la Fiscalía, y, luego, allanar el camino para que los jueces pudiesen generar impunidad declarando inocente o confirmando el estado de inocencia del entonces investigado, el expresidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Se trataba del testimonio anticipado que se le había tomado al señor Eugenio Figueredo (expresidente de la Conmebol), o sea que ya se había practicado antes. Se quiso incorporar el CD para que se lo reproduzca en audiencia, pero lo que pedían los abogados era el acta de testimonio anticipado. Entonces, resulta que esa acta de testimonio anticipado no constaba en el expediente que estaba en el tribunal, y por eso decían que se había perdido la principal prueba. Y no fue así. Lo que pasó es que este testimonio anticipado reposaba en el juzgado de primera instancia y que no lo habían enviado de manera correcta; se traspapeló. Y, finalmente, sí se reprodujo este testimonio en el que Figueredo decía que no existieron donaciones de la Conmebol, como se habían registrado en los asientos contables de la Federación, y que era precisamente ese el soborno que había recibido el presidente (Luis Chiriboga). Es decir, la prueba estuvo, la prueba se la practicó, fue valorada, fue incorporada, pero erróneamente se circuló a través de cadenas de WhatsApp indicando que la se había perdido.
¿En este caso sintió que no tuvo apoyo de Galo Chiriboga, que entonces era fiscal general?
No. Lo que yo obtuve fueron actitudes para tratar de desviar el foco de investigación, y se me presionaba para que sea vinculado en ese entonces el exvicepresidente de la Federación. ¿Por qué? Porque al vincular a alguien que no tenía responsabilidad únicamente se iba a debilitar el caso y generar impunidad. En mi experiencia en los casos de primer nivel, no solo como fiscal general, yo tenía una máxima: en el momento en que yo formulo cargos es porque voy a obtener una sentencia condenatoria. Ventajosamente así fue siempre, a excepción del primer caso que conocí, que era un tema de de violencia intrafamiliar.
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Al final sí se obtuvo la sentencia que esperaba. Pero usted no acompañó a Galo Chiriboga en la rueda de prensa en la que destacó estos resultados. ¿Él se enojó?, ¿la sancionaron?
Simplemente no dijo nada porque no tenía una relación cercana como para que me pueda reclamar. Desde la Dirección de Comunicación se me convocaba un día sábado a las 08:00 para que asista y acompañe al fiscal general en la rueda de prensa, ahí sí, para vanagloriarse de la sentencia que habíamos obtenido el equipo de primer nivel sin su apoyo. De hecho, él me dijo: “Te quito el apoyo si no procesas conforme yo indico”.
En su relato del caso Odebrecht (en el que se sentenció a Jorge Glas por recibir coimas de esa empresa a cambio de contratos), usted cuenta que tenía la impresión de que el fiscal Carlos Baca Mancheno, que reemplazó a Galo Chiriboga, era un hombre bienintencionado. ¿Por qué le dio esa impresión?
Porque en las conversaciones que yo tuve cuando me designaron como fiscal coordinadora de la Unidad de Lucha contra la Corrupción él decía que tenía la idea de crear una unidad y apoyarla de tal manera que los casos relacionados con corrupción puedan salir adelante, algo que en la administración anterior no se había dado.
¿Y le pareció que él quería en serio combatir la corrupción pese a provenir de una vertiente correísta?
Por lo menos eso fue lo que a mí me dijo. No sé, en su fuero interno, qué es lo que estaba pasando. En su gestión, como le decía, se creó la Unidad de Lucha contra la Corrupción, y con el tema Odebrecht se acogieron los catorce elementos que fueron presentados en su momento y que terminaron con la vinculación del exvicepresidente (Jorge Glas). Y por haber asumido ese desafío, ese caso, estoy segura de que luego esto devino en su destitución en un juicio político en la Asamblea.
Usted narra que lo vio llorar cuando el expresidente Rafael Correa lo llamó para decirle “traidor”. ¿Esto la impresionó?
Yo estuve en su despacho en ese momento y me conmovió. Y por eso digo que me parece que era un hombre de buenas intenciones. De hecho, yo creo que el equipo que lo rodeaba tenía otra perspectiva, y a él se le notaba que sufría intensamente por tener que hacer las cosas. Estaba entre la espada y la pared. Sin embargo, él dijo: “Vamos”. Es más, él hace una pregunta en el equipo y dice: “¿En qué lado de la historia vamos a estar?“. Y nadie se atrevió a responder. Y yo le dije: ”En el lado correcto de la historia". “Que así sea, doctora”, me dijo.
El correísmo lo llamó “traidor”; incluso Glas le dijo a EL UNIVERSO que Baca quería ser presidente de la República.
De ninguna manera. El actuó como actúo porque existían los elementos suficientes para procesar a una persona que tenía responsabilidad.
Usted tuvo como jefes a dos fiscales correístas con quienes tuvo experiencias diferentes. ¿Qué reflexión le deja esto?
Usted puede ver que uno (Chiriboga) tuvo sus calificaciones (del concurso de selección) perfectas y que terminó su periodo ovacionado y que, de hecho, participaba aún de los temas de carácter político del correísmo, incluso en reuniones en Venezuela, o sea que seguía siendo amigo de aquellos que lo pusieron; versus el otro, que terminó con un juicio político por haber hecho lo correcto. ¿Qué era lo correcto? Procesar y acusar al haber encontrado elementos de convicción sobre una persona, sin importar si era su coideario, su amigo, qué se yo.
Al hablar del caso Sobornos, usted aclara que nunca acusó a Rafael Correa y a los otros procesados de “influjo psíquico”. ¿De dónde surge esta idea que posicionó el correísmo?
La narrativa del “influjo psíquico” surge obviamente del sentenciado que quiere evadir su responsabilidad diciendo que es una figura que no existe. La Fiscalía lo acusó en su calidad de autor mediato, es decir, por su autoría intelectual. ¿De dónde surge el término “influjo psíquico”? De la motivación que hacen los jueces para razonar la decisión en su sentencia. No es algo que salió de Fiscalía. El delincuente de cuello blanco no se asume como tal y, por tanto, trata de deslegitimar y de desviar la atención de los hechos verdaderos.
¿Cuál fue la parte más complicada de la investigación de este caso?
Yo creo que no hubo problemas como tales, sino más bien cierta complejidad por ser una investigación que partió sin miras a que iba a llegar a un desenlace de tener que vincular a un expresidente, a un exvicepresidente y a altas figuras políticas, sino que nació como una noticia de delito en la que se establecían ciertos hechos que debían ser investigados. La doctora Ruth Amoroso contaba con un equipo de trabajo sólido, fuerte, peritos que trabajaban muchas horas haciendo revisiones de los computadores, y creo que eso fue la mayor complejidad o desafío que se tuvo que enfrentar, la información voluminosa que tenía que ser analizada de forma rápida, dado que estábamos en una instrucción fiscal cuyo tiempo transcurría de 90 días hasta 120 días para organizar todo el caso. El tiempo estaba en contra nuestra.
Usted dice que no quedó tan conforme con la sentencia porque algunas personas quedaron fuera y sí había pruebas en su contra.
Sí, hubo un par de personas que fueron en su momento sobreseídas, pese a que tenían la misma connotación y el mismo tipo de actividades que los otros que sí fueron sentenciados. Incluso ya en la etapa de revisión también se les bajó la responsabilidad a cómplice sin ninguna explicación, teniendo también la misma característica condición que los otros empresarios. Yo no soy nadie para juzgar; simplemente yo dejo sentado eso para que el lector saque sus propias conclusiones.
Pamela Martínez, asesora de Correa y exjueza constitucional, fue cooperadora eficaz en ese caso. La norma señala que para que su testimonio sea aceptado debe tener pruebas. ¿Qué peso tuvieron las que ella presentó?
Su cooperación fue trascendental. Y esto no lo dice Diana Salazar ahora, sino que fue valorado por el tribunal, porque las pruebas que aporta el cooperador eficaz tienen que ser expuestas en una audiencia privada ante los jueces, y fueron ellos quienes aceptaron que sí, que la cooperación fue eficaz. ¿Y a qué me refiero con esto? Que la señora Pamela Martínez, más allá de su testimonio, que tiene también un valor de prueba, aportó, por ejemplo, las agendas, los cuadernos...
Los cuadernos de la Hello Kitty que decía Correa...
Sí se lo trató de minimizar y decir que es un cuaderno de Hello Kitty que fue escrito en un vuelo entre Quito y Guayaquil en 45 minutos. Mentira. Esa es otra de las narrativas mentirosas que han tratado de posicionar para que la gente diga: “Ay, pobres víctimas, se los acusa sin pruebas”. Existían alrededor de diez agendas que fueron entregadas por la señora Pamela Martínez como parte de su cooperación eficaz en donde constaban todos y cada uno de los registros, con las cantidades, con las fechas, con los montos, con los nombres de cómo recibían sobornos, y también escribía cosas relacionadas con sus temas personales. Yo también hago mis escritos sobre temas personales y del trabajo...
Y justamente de ahí salió su libro...
Sí, tranquilamente pudo haber salido un libro de todas las anotaciones de la señora Pamela Martínez. Pero hacia donde yo quiero ir es que se trata de otro de los temas que fueron presentados y valorados en el tribunal, pero que mediáticamente a través de redes sociales, a través de documentales quisieron decir que no existían pruebas.
En el último tramo de su gestión usted llevó el caso Metástasis, que surgió de la información que había en los celulares de un narcotraficante. ¿Se puede decir que aquí ya se vio más claramente el nexo entre la política y el crimen organizado?
Claro, yo considero que el caso Metástasis nos mostró la radiografía de cómo el Estado se encontraba permeado por el crimen organizado, el narcotráfico, los partidos políticos, la Función Judicial, con los sistemas de seguridad y con el sistema penitenciario, incluidos los abogados del libre ejercicio...
Usted cuenta que en esos días Rafael Correa filtró información incompleta sobre los operativos...
Menos mal que fue incompleta, porque no tenía idea de lo que íbamos a hacer, pero sí adelantaba que se iba a hacer un operativo a gran escala. Y en esa época se venía manejando el concurso de jueces de la Corte Nacional que tenía como objetivo seleccionar a jueces que luego iban a declarar nulidad de la sentencia de Sobornos y que este ciudadano prófugo quede en la impunidad. Eso es lo que él estaba tratando de resguardar.
Y nunca se investigó esta filtración.
Teníamos que concentrarnos en la investigación del caso más grande. Esto del “campanero” ya pasó a un segundo plano y simplemente nos confirmaba justamente la relación directa entre los involucrados y el crimen organizado.
¿Cómo perfila usted a Wilman Terán, alias Diablo, principal protagonista de esa trama de corrupción?
Yo creo que este ciudadano se dejó decantar por ofrecimientos de muy alto nivel y que llegó a ostentar un cargo para el que no estaba preparado ética y moralmente, y que puso en riesgo no solamente a la administración de justicia, sino a todo el Estado en general. (I)