El ADN de una princesa sueva revela nuevas pistas sobre Hispania: Roma dejó más herencia genética que los visigodos

2026/10/27

Unos seis millones de personas habitaban Hispania cuando los visigodos llegaron a una península que llevaba siglos formando parte del mundo romano. No era precisamente un territorio vacío a la espera de nuevos pobladores. Frente a aquella población, los recién llegados habrían sumado alrededor de 100.000 personas, según las estimaciones históricas recogidas por el genetista Carles Lalueza-Fox.

Esa diferencia de tamaño ayuda a entender por qué unos conquistadores capaces de establecer un reino dejaron una aportación genética bastante menor de la que podría sugerir su protagonismo político.

La movilidad romana dejó más descendencia que las conquistas germánicas

Un estudio internacional publicado en la revista Cell ha reconstruido la evolución genética de la península ibérica entre los siglos I y VIII mediante el análisis de 243 genomas antiguos procedentes de 31 yacimientos, junto con información genética previamente disponible. La investigación, impulsada por instituciones como el Instituto de Biología Evolutiva, el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, Harvard y la Universidad del País Vasco, distingue dos transformaciones de alcance desigual.

Por un lado, la integración en el Imperio romano modificó profundamente la composición de la población, mientras que la llegada posterior de grupos germánicos produjo cambios demográficos más limitados.

La primera transformación estuvo ligada a las conexiones humanas que Roma estableció por todo el Mediterráneo, facilitando desplazamientos hacia Hispania desde regiones orientales y el norte de África. Los genomas correspondientes a los siglos I al IV muestran una diversidad de ascendencias superior a la observada en la Edad del Hierro.

Los visigodos conquistaron una península de seis millones de habitantes, pero el ADN revela que Roma había transformado mucho más su población

Aquellos movimientos no se limitaron a los grandes centros administrativos: la circulación de personas por las redes imperiales contribuyó a formar comunidades con orígenes variados. Para Pablo Carrión, primer autor del trabajo e investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, esa amplitud contrasta con el efecto de las migraciones posteriores.

El escenario político cambió cuando alanos, vándalos y suevos penetraron en la península en el año 409, seguidos por el establecimiento del poder visigodo. Desde el siglo V aparecen individuos con ascendencia centroeuropea y del norte del continente, especialmente en enterramientos relacionados con las nuevas élites.

Sin embargo, la mayor parte de las comunidades conservó una composición genética heredada de la época romana. La contribución de esos grupos se sitúa entre el 12% y el 22%, según la región y el contexto social. En Britania y los Balcanes, las migraciones posteriores al dominio romano tuvieron consecuencias demográficas mucho mayores.

Las tumbas revelaron desplazamientos y posibles alianzas entre élites

La movilidad de aquellas élites también puede reconstruirse a escala familiar gracias a dos enterramientos separados por unos 725 kilómetros siguiendo las antiguas carreteras romanas. Uno apareció en Mérida y el otro en Ildum, una posada situada junto a la Vía Augusta, en Castellón. Los restos pertenecían a un hombre y una mujer que compartían progenitores, ambos con ascendencia centroeuropea y probablemente inmigrantes de primera generación.

Sus ajuares funerarios indican una posición acomodada, aunque todavía se desconoce por qué terminaron enterrados tan lejos. Los investigadores consideran posible que sus desplazamientos estuvieran relacionados con la expansión sueva.

Los restos de un hombre y una mujer con los mismos progenitores aparecieron en Mérida e Ildum, separados por unos 725 kilómetros de antiguas vías romanas

Esa relación entre origen familiar y posición social adquiere otra dimensión en las tumbas de nueve mujeres enterradas con joyas en la Mérida del siglo V, conocidas como princesas suevas. Sus objetos funerarios habían alimentado la idea de que todas procedían de una élite extranjera, pero el análisis revela ascendencia local en al menos una de ellas.

El resultado permite plantear matrimonios y alianzas entre familias hispanorromanas y los nuevos grupos dirigentes. Varias murieron en un intervalo próximo; una posible disputa sucesoria tras la muerte de un rey en 448 constituye, por ahora, una hipótesis sin confirmar.

La falta de ADN antiguo limita las conclusiones del estudio

La reconstrucción todavía presenta vacíos importantes, especialmente por la escasez de muestras antiguas del norte peninsular, de la Meseta y del norte de África. La cremación habitual en determinados periodos también dificulta recuperar ADN de etapas anteriores.

Patxi Pérez-Ramallo, historiador de la Universidad Libre de Bruselas ajeno al estudio, advierte de que las muestras representan comunidades distribuidas a lo largo de varios siglos y exige prudencia al extrapolar los resultados. El equipo pretende ampliar el análisis a épocas medievales y posteriores para investigar cómo evolucionó aquella diversidad hasta la composición genética actual.