El agricultor de 26 años que guarda cientos de semillas olvidadas y ahora los científicos creen que pueden ser claves para el futuro agrícola: “En tomate llevaré unas 500 variedades”

2026/07/22

En un pequeño pueblo de Palencia, Emilio Medina ha decidido dedicar parte de su trabajo a una tarea que va contra la tendencia de la agricultura moderna: rescatar variedades tradicionales que durante años fueron olvidadas. 

Con tan solo 26 años, este joven hortelano de Villalcázar de Sirga ha creado un banco de semillas propio con el objetivo de conservar variedades antiguas que forman parte de la historia agrícola de la zona. Su proyecto se basa en evitar que desaparezca una serie de cultivos que durante generaciones estuvieron presentes en los campos de Castilla y León.

Una decisión propia que puede cambiar el futuro agrícola

"Ha sido todo iniciativa mía, no tengo subvenciones. Nadie me ha preguntado, ni administraciones ni nada", explica Emilio en declaraciones para el Heraldo de León. Su trabajo se centra concretamente en recuperar semillas de la provincia, variedades que en muchos casos dejaron de cultivarse al ser sustituidas por otras más productivas o adaptadas a la agricultura industrial. 

Emilio decidió centrarse en esas variedades olvidadas como el tomate, del cual reconoce llevar "unas 500 semillas recopiladas solo en la provincia de Palencia". Cada semilla representa una característica genética diferente en cuanto al sabor, la forma, el ciclo de crecimiento o la capacidad de adaptación a unas condiciones de clima y suelo muy concretas. 

Ahora, la ciencia ha vuelto a fijarse en Emilio Medina y su obra de recuperación. Los investigadores llevan años estudiando la biodiversidad agrícola porque las variedades más tradicionales contienen genes útiles para desarrollar cultivos resistentes ante el aumento de temperaturas, falta de agua o aparición de nuevas enfermedades.

Por ello, la variedad genética es una herramienta muy potente frente a este reto y Emilio posee un tesoro bajo llave. Como si de un banco de semillas o de germoplasma se tratara, el joven hortelano puede tener recursos clave para el futuro agrícola.

Una mesa con decenas de variedades de semillas o tomates tradicionales.
Una mesa con decenas de variedades de semillas o tomates tradicionales

Aunque sus semillas no vaya a salvar la agricultura por sí solas, sí que forman parte de un recurso genético que los investigadores pueden utilizar para desarrollar soluciones. Por ejemplo, pueden crear cultivos más resistentes a la sequía, ya que muchas variedades tradicionales se adaptaron durante siglos a condiciones de menos agua o climas concretos. 

Por otro lado, las semillas de Emilio ayudarían a resistir mejor a enfermedades y plagas, pues las variedades tradicionales pueden conservar defensas naturales a determinados patógenos. Por último, algo que interesa a los investigadores es que la existencia de semillas antiguas es directamente proporcional al aumento de diversidad alimentaria. 

Si la agricultura depende de pocas variedades, un problema global puede (como enfermedades, plagas o cambio climático brusco) puede afectar a grandes extensiones de cultivo. De esta manera, se "cubrirían las espaldas" frente a un futuro agrícola cada vez más incierto.