
El planeta registró en 2024 el año más caluroso en al menos 145 años de mediciones, según datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). La temperatura media global de la superficie se ubicó 1,55 °C por encima del promedio preindustrial (1850-1900).
En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, las cifras más recientes de organismos científicos y centros de investigación de todo el mundo componen un panorama alarmante: los gases de efecto invernadero alcanzaron niveles récord, los océanos absorben más calor que nunca y los fenómenos meteorológicos extremos se multiplican en todos los continentes.
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La magnitud de la crisis no se limita a un solo indicador. Un informe publicado en la revista BioScience advierte que, de 16 indicadores planetarios monitoreados, siete se encuentran en niveles récord. Las concentraciones de dióxido de carbono (CO₂) superaron en mayo de 2026 las 428 partes por millón (ppm), un valor un 50% superior al de la era preindustrial. Mientras tanto, la OMM confirmó que el período 2015-2025 comprende los once años más calurosos jamás registrados.

Según la OMM, el período entre 2015 y 2025 reunió los 11 años más calurosos desde el inicio de los registros globales. Por otro lado, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) afirma que la temperatura global se elevó a un ritmo promedio de 0,06 °C por década desde 1850, pero la velocidad del calentamiento desde 1982 es más del triple: 0,20 °C por década.
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Esa aceleración coincide con el aumento sostenido de las emisiones de gases de efecto invernadero. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que las emisiones globales alcanzaron un récord de casi 58.000 millones de toneladas en 2024.
El informe de BioScience aporta un dato adicional: las emisiones de CO₂ relacionadas con la energía superaron las 41 gigatoneladas por primera vez en 2025, impulsadas por el consumo récord de petróleo, carbón y gas. Aunque la energía solar y eólica creció un 18% ese mismo año, las fuentes renovables todavía representan una porción menor del consumo total frente a los combustibles fósiles.
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El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) no deja margen a la ambigüedad: “Las actividades humanas, principalmente a través de emisiones de gases de efecto invernadero, han causado de forma inequívoca el calentamiento global”.

Los océanos funcionan como un amortiguador térmico del planeta. Según la NASA, el 90% de la energía adicional generada por los gases de efecto invernadero se almacena en el océano. La OMM precisa que la tasa de calentamiento oceánico entre 2005 y 2025 más que se duplicó respecto al período 1960-2005 y equivale a unas 18 veces el consumo energético anual de toda la humanidad.
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Esta acumulación de calor provoca la expansión térmica del agua (es decir, el agua se dilata al calentarse y ocupa más espacio), responsable de aproximadamente un tercio del aumento del nivel del mar. Los otros dos tercios provienen del derretimiento de hielo continental. La capa de hielo de Groenlandia pierde alrededor de 270.000 millones de toneladas métricas de hielo al año, mientras que la Antártida pierde unas 150.000 millones de toneladas anuales, según datos de las misiones satelitales GRACE y GRACE-FO recopilados por la NASA.
El informe del Arctic Report Card 2025, publicado por la OMM con apoyo de la NOAA, confirma que en marzo de 2025 el hielo marino ártico invernal alcanzó la extensión máxima más baja en 47 años de registro satelital. Además, el hielo ártico más antiguo y grueso (de más de cuatro años) se redujo en más del 95% desde la década de 1980.
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Un estudio publicado en Communications Earth & Environment demuestra que el interior de la Antártida también experimenta un cambio climático marcado. La reconstrucción de temperaturas entre 1958 y 2022 muestra un calentamiento promedio anual de 0,06 °C por década en el continente antártico, con picos de hasta 0,47 °C por década en el norte de la Península Antártica, el centro de la Antártida Occidental y las cercanías de la estación Vostok.

La actividad de incendios forestales extremos se duplicó con creces a nivel mundial, según datos de los satélites Terra y Aqua de la NASA, analizados a lo largo de 21 años. Los incendios se volvieron más frecuentes, más intensos y más extensos, con el mayor incremento en los bosques templados de coníferas del oeste de Estados Unidos y los bosques boreales de América del Norte y Rusia. Las temperaturas nocturnas más cálidas son un factor determinante, ya que permiten que el fuego persista durante la noche.
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Las emisiones de carbono por incendios forestales aumentaron un 60% a nivel global entre 2001 y 2023, de acuerdo con la NASA. En 2023, las condiciones más cálidas y secas de Canadá desde 1980 alimentaron incendios extremos durante cinco meses que liberaron unas 640 millones de toneladas métricas de carbono.
El informe de BioScience advierte que la pérdida global de cobertura arbórea por incendios alcanzó 10,8 millones de hectáreas en 2025, su tercer nivel más alto en los registros. Este fenómeno crea un circuito de retroalimentación: los incendios liberan gases de efecto invernadero que, a su vez, alimentan más calentamiento y más fuegos.
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El PNUMA alerta sobre los puntos de no retorno, que son umbrales a partir de los cuales los cambios en el sistema climático se vuelven irreversibles. Si el calentamiento alcanza los 2 °C, es muy probable que casi todos los corales de aguas cálidas mueran. Con 3 °C, las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental colapsarían, lo que provocaría un aumento drástico del nivel del mar. Y con 4 °C, la selva amazónica podría convertirse en una sabana.
Las proyecciones del PNUMA indican que, si los países mantienen la trayectoria actual, la temperatura global podría subir entre 2,5 °C y 4,6 °C antes de que termine este siglo. Si cumplen todos sus compromisos climáticos, el aumento se ubicaría entre 2,1 °C y 2,9 °C. La OMM resume el estado de situación con una advertencia: los cambios que ya se produjeron en el calentamiento oceánico y en el pH de las aguas profundas son irreversibles en escalas de siglos a milenios.
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