Julio César Roca De Castro: EL CDH | Columnistas | Opinión

2026/10/10

10 de octubre, 2026 - 06h00

Hanna Arendt defendía el derecho de los humanos a tener derechos. No debería haber tenido que decirlo, porque la conciencia debería ser suficiente para entender que, por la dignidad inherente de toda persona, los derechos son universales sin excepción. Mas, desde que unos hombres se apoderaron del excedente de la producción y se enriquecieron sin trabajar, los otros carecieron de derechos por una ley no escrita, que los reconocía solo para aquellos. En la Revolución francesa la burguesía estableció como sagrado e inviolable el derecho a la propiedad. Mas los derechos fundamentales que consagró fueron un hito importante en la magna obra de construir una sociedad más justa.

Siglos ha existieron los defensores de derechos humanos, como el clérigo Bartolomé de las Casas, quien denunció las atrocidades cometidas por los conquistadores españoles en las tierras de América, acarreándole odio de quienes vivían del trabajo de los indígenas. Centurias después en el mundo entero luchan individuos y organizaciones por la defensa de los derechos humanos. Es el caso del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), que en agosto de 1984 obtuvo su reconocimiento jurídico con el nombre actual, dos días antes de instaurarse el régimen de Febres-Cordero, en cuyo periodo tuvo un activo papel como parte del Frente Ecuatoriano de Derechos Humanos, en el que ocupó varias veces la presidencia de las entidades que la integraban. Entonces el Estado cometió graves violaciones a los derechos humanos y, por denunciarlas, el CDH, sus personeros y abogados fueron objeto de presiones y amenazas.

Posteriormente ha mantenido esa conducta el Comité, a pesar de la incomprensión de un segmento de la población que lo sitúa como defensor de los delincuentes, cuando lo que hace es cumplir su rol de paladín de los derechos fundamentales de las personas, debiendo enfrentar muchas veces al Estado por no cumplir su más alto deber constitucional de respetar y hacer respetar los derechos de las y los ecuatorianos, que por ello lo hostiliza y llama “antipatria”. El CDH ha participado en casos de conmoción social, como el de los niños de Las Malvinas, víctimas de desaparición forzosa, torturados y abandonados por militares, logrando que se declare judicialmente la responsabilidad del Estado por ello y la condena a sus autores en primera instancia hasta ahora. Ha alzado su voz por decenas de otras desapariciones forzadas,

ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, condiciones infames de los reos en las cárceles. Además, el Comité trabaja con comunidades de barrios empobrecidos y con organizaciones de distinta índole para cumplir su rol. En tiempos de retroceso nacional y mundial en el respeto a los derechos humanos, su labor es determinante y se hace necesario el apoyo de la ciudadanía.

Por ello, a petición de un grupo de ciudadanos y ciudadanas, el Concejo Municipal de Guayaquil por unanimidad reconoció justamente la misión del CDH y le entregó ayer una condecoración en la sesión solemne que celebró por un nuevo aniversario de independencia de la ciudad. (O)