El día que nadie ve la tele

2026/08/15

El 15 de agosto es el día de las fiestas patronales de tantas ciudades y pueblos de España. La verbena, el flotador, la paella con la familia, el helado con los amigos... La sombrilla releva al mando. Y la tele se queda más sola. Ni siquiera están los más fieles a La 1, a Antena 3, a Telecinco. Es tiempo para levantar castillos de arena con los nietos en la playa, para jugar con esas raquetas que sobreviven a cada verano.

Las cadenas lo saben. Y tiran de relleno en épocas de ahorro. Servicios mínimos para un festivo en el que hay que estar pero sin gastar. Solo Telecinco, en horas bajas, está necesitando experimentar con nuevos programas, como El show de Paz, de Paz Padilla, que abre también este 15 de septiembre. Está el share como para faltar... Pero la televisión tradicional ya no tiene la misma relación con la época estival. Es normal, pues los niños ya guardan su propia pantalla en el bolsillo. Nada que ver con los años noventa, cuando los más jóvenes se hacían dueños de la casa en plenas vacaciones y a la tele no le quedaba más remedio que adaptar la programación a "sus nuevos propietarios". Adiós, magacines de actualidad. Hola, series juveniles y algún que otro programa hecho a medida, como No te cortes que se realizaba desde la playa de Sitges allá por el verano de 1993.

Esta versatilidad a la hora de entender las necesidades de tu audiencia era una ventaja para la industria audiovisual. Los programas podían tomarse un descanso para coger impulso en septiembre y la televisión se vestía de verano. La tele iba de la mano del estado de ánimo de su sociedad. Las canales desprendían olor a salitre en julio y agosto y, después, en septiembre se presentaban novedosas programaciones de manera excitante. Todo parecía que venía descansado, renovado y hacían sentir al público que llegaba un curso repleto de estrenos en el que nos íbamos a comer el mundo.

Tres largas décadas después, la televisión se ve de muchas formas, no solo de una única, sus programas tienen más vidas que nunca, ya que se pueden seguir en directo o en diferido, cómo y cuándo quieras. Pero, en cambio, la tele ya parece no saber cambiar sus rutinas al ritmo que demandan los hábitos de vida del espectador. En la actualidad, el cometido de la "desconexión con la monotonía" lo abordan las plataformas bajo demanda, que nos llevamos de vacaciones en el portátil, la tablet e incluso en móvil. Sus catálogos cuentan con un abanico de ficciones y documentales listos para airearnos cuando el calor aprieta.

Y la tele tradicional se queda creyéndose la mentira de que sólamente le queda ser referente de una actualidad que nunca para. Ni la dejamos parar. Tampoco en la temporada alta vacacional. Pero si en la tele da la sensación de que todo el rato es invierno también la tele se acaba atascando. Porque no olfatea nuestros cambiantes sentimientos cotidianos, no rompe su propia monotonía, no descansa para probar ideas nuevas. Ni siquiera en el día en el que hasta los que nunca bailan se atreven a salir a bailar. Ni siquiera el 15 de agosto en el que parece que nadie te está viendo. Y, entonces, te atreves a hacer lo que nunca te dejaron ser.