El ejercicio de baja intensidad que puede revertir el hígado graso, según la ciencia

2026/08/06

Caminar: un aliado del hígado graso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hígado graso no alcohólico se ha convertido en una de las enfermedades metabólicas más frecuentes a nivel global.

¿Puede una rutina tan simple como caminar marcar la diferencia en su tratamiento? Las principales sociedades científicas, como la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana para el Estudio del Hígado, han dejado claro que la actividad física regular es fundamental para reducir la grasa hepática, incluso si no se logra bajar de peso de manera significativa.

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Caminar a paso rápido, en particular, es una de las formas más accesibles y seguras para quienes buscan mejorar la salud de su hígado.

La evidencia indica que caminar, siempre que se realice con cierta intensidad y frecuencia, contribuye a una notable reducción de la grasa acumulada en el hígado, mejora la sensibilidad a la insulina y disminuye el riesgo de progresión a enfermedades hepáticas más graves.

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La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos realicen al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, especificando que caminar a paso rápido cumple con este criterio.

La Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en que la caminata puede ser el punto de partida ideal para quienes no tienen experiencia previa con el ejercicio o presentan limitaciones físicas.

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La Asociación Europea para el Estudio del Hígado refuerza este mensaje, indicando que caminar rápido, durante media hora al menos cinco días a la semana, ayuda a reducir la esteatosis hepática.

Este tipo de actividad, además de accesible, es sostenible a largo plazo y puede adaptarse a las capacidades de cada persona.

Ilustración acuarelada de dos piernas y pies de una persona calzada con zapatillas deportivas y pantalones largos, sobre un fondo abstracto de tonos cálidos.
La caminata puede ser el punto de partida ideal para quienes no tienen experiencia previa con el ejercicio o presentan limitaciones físicas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estudios como el de Preetam Nath han demostrado que la caminata, cuando se realiza a una intensidad suficiente para elevar la frecuencia cardiaca, puede revertir la acumulación de grasa en el hígado en una proporción significativa de pacientes.

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En ese ensayo, quienes caminaron a paso moderado lograron una mejoría clara en la esteatosis hepática frente a quienes se limitaron a una actividad más ligera.

La revisión de Stine y colaboradores en 2023 respalda estos hallazgos, subrayando que los beneficios de caminar se observan incluso sin pérdida de peso marcadamente relevante.

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El punto clave es que la caminata debe ser constante y alcanzar la dosis mínima recomendada, es decir, el equivalente a 30 minutos diarios, cinco veces por semana.

Las instituciones científicas coinciden en que caminar despacio tiene beneficios sobre la inactividad, pero para alcanzar un efecto terapéutico real sobre el hígado graso, es recomendable caminar a un ritmo que eleve el pulso y la respiración, aunque todavía permita mantener una conversación.

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Esta intensidad se considera “moderada” y es la que produce cambios medibles en la reducción de grasa hepática según la EASL y la OMS.

El consenso australiano de Exercise & Sports Science Australia y la revisión de Keating y colaboradores señalan que al menos 135 a 150 minutos semanales de caminata rápida reducen entre un 2% y un 4% la grasa hepática, incluso en ausencia de dieta estricta.

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Este efecto se potencia si la caminata se combina con una alimentación saludable y la pérdida de peso gradual.

Una mujer con ropa deportiva camina por un camino asfaltado en un parque, árboles, césped verde y luz cálida del sol en el fondo.
El punto clave es que la caminata debe ser constante y alcanzar la dosis mínima recomendada, es decir, el equivalente a 30 minutos diarios, cinco veces por semana.(Imagen Ilustrativa Infobae)

La Universidad de Harvard explica que caminar regularmente ayuda al cuerpo a utilizar triglicéridos como fuente de energía y reduce la grasa visceral, la más peligrosa para el hígado.

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El movimiento constante mejora la sensibilidad a la insulina y el perfil metabólico general, lo que evita la progresión hacia etapas más graves como la esteatohepatitis.

El mecanismo es sencillo: el músculo activo durante la caminata capta glucosa y ácidos grasos, aliviando la carga del hígado y favoreciendo la restauración de su función normal.

La American Liver Foundation recomienda a las personas con hígado graso comenzar por caminar, aunque sea pocos minutos al día, e incrementar gradualmente el tiempo y el ritmo.

No es imprescindible acudir a un gimnasio ni realizar rutinas complejas; pasear por el vecindario, subir escaleras o caminar en un parque son ejemplos válidos de actividad que suma para el bienestar hepático.

El mensaje institucional es claro: caminar puede ayudar a revertir el hígado graso, especialmente si se convierte en un hábito regular y se realiza a una intensidad suficiente.

Para quienes tienen limitaciones físicas o edad avanzada, cualquier caminata es positiva, pero el objetivo debe ser progresar hacia sesiones de mayor duración e intensidad, siempre bajo supervisión médica si existen otras enfermedades.

Una persona de espaldas con chaqueta beige, leggings grises y zapatillas blancas camina por un sendero arbolado. Luz del sol ilumina los árboles y el camino.
Caminar puede ayudar a revertir el hígado graso, especialmente si se convierte en un hábito regular y se realiza a una intensidad suficiente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las guías de la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Americana para el Estudio del Hígado, la Mayo Clinic, la Cleveland Clinic y la American Liver Foundation coinciden: caminar, especialmente a paso rápido y de forma regular, es una estrategia comprobada para reducir la grasa hepática y mejorar la función del hígado graso.

El efecto es más potente cuanto mayor es la intensidad y la constancia, pero incluso en dosis modestas, caminar es siempre mejor que permanecer inactivo.

Adaptar el ritmo y la frecuencia a las posibilidades de cada persona es el camino recomendado por la ciencia para recuperar la salud hepática.