El escándalo que hizo temblar la torre Eiffel

2026/09/30

Carlos FresnedaCorresponsal París

Actualizado Jueves, 1 octubre 2026 - 01:50

¿Quién dio instrucciones a las mujeres que trabajan en la torre Eiffel para desaparecer de la vista durante una visita del grupo tradicionalista hinduista Bochasanwasi Akshar Purushottam Swaminarayan Sanstha (BAPS), que aboga por la estricta separación de géneros? ¿Hasta qué punto existió una clara discriminación del personal femenino en nombre de una secta religiosa en la tierra de la igualdad y del laicismo?

La polémica llevaba cociéndose desde el 5 de septiembre, cuando un centenar de monjes y miembros del movimiento BAPS visitaron la torre Eiffel y reclamaron no cruzarse durante la visita con ninguna mujer, en cumplimiento de sus estrictas reglas rayando en la misoginia.

Sorprendentemente, la dirección de la torre Eiffel accedió a la petición. Los monjes posaron orgullosos con sus ropajes naranjas frente a la estructura metálica antes, durante y después de la polémica visita sin mujeres a la vista que no tardaría en saltar a los grandes titulares.

Los trabajadores denunciaron la discriminación y los sindicatos convocaron una huelga de protesta que obligó a cerrar el acceso a la torre "por motivos operativos". El Ayuntamiento de París, propietario del 99% de la torre que acoge todos los años a 6,7 millones de visitantes, emitió un durísimo comunicado advirtiendo de que "ningún protocolo, consideración cultural o religiosa puede justificar la ruptura del principio de igualdad entre hombres y mujeres. El alcalde Emmanuel Grégoire calificó lo ocurrido como inaceptable y ordenó la apertura de una doble investigación.

La polémica saltó incluso a la campaña de las elecciones presidenciales de 2027. La líder de extrema derecha y favorita en las encuestas Marine Le Pen advirtió de que en Francia "nunca se aceptará que la presencia de las mujeres se vea limitada". "Nuestros principios no están a la venta: vergüenza para quienes se someten", proclamó el también candidato por Los Republicanos y ex ministro del Interior, Bruno Retailleau.

Al cabo de tres semanas, el escándalo que hizo temblar la torre Eiffel ha provocado la caída del director general, Patrick Branco Ruivo. "En ningún momento di instrucciones para reemplazar a las mujeres en el camino de esta delegación", dijo en el momento de anunciar su dimisión al frente de la Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel (SETE), que se hará efectiva a finales de año. "Sin embargo, las mujeres quedaron fuera de la vista durante esta visita y lo lamento", agregó Branco Ruivo, nombrado en 2018 por la entonces alcaldesa Anne Hidalgo, atrapado en el fuego de la tormenta política y mediática.

Como en el caso del robo de las Joyas de la Corona en el Louvre, el escándalo ha sacado a la luz los problemas ocultos bajo la imponente fachada de la torre diseñada por Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889, que venció con el tiempo el rechazo inicial de los parisinos y llegó a ser el edificio más alto del mundo durante cuatro décadas, con sus 330 metros de altura.

Los fallos de seguridad, los conflictos con sus 400 empleados y la mala gestión financiera tras el mazazo del Covid -con un déficit de funcionamiento de 121 millones de euros acumulado durante cinco años- son algunas de las deficiencias reveladas por una investigación de Le Monde ("Un monumento de postal plagado de escándalos"), que ha precipitado también la dimisión del director general.

"Las disfunciones han pasado regularmente en silencio dada la dimensión política, económica y simbólica de la torre Eiffel", denuncia Le Monde, que aporta decenas de testimonios y documentos sobre "el mal funcionamiento profundo que puede poner en peligro el monumento en sí, a sus visitantes y a los profesionales que trabajan en el sitio".

El informe saca a la luz los fallos en los sistemas de alarma y la deficiente colocación de las cámaras de seguridad frente a posibles atentados terroristas, la vulnerabilidad del muro blindado que rodea la torre y en el que se invirtieron 10 millones de euros, los problemas de mantenimiento y la mala conservación de los elementos originales de la torre o la falta de protección necesaria para preservar la salud de los trabajadores.

El uso de la torre con fines comerciales también ha sido cuestionado, así como las lucrativas visitas "culturales" como la que ocasionó el último escándalo, que ha manchado al mismo tiempo la imagen del movimiento BAPS, con más de un millar de templos repartidos por el mundo, como el inaugurado por las mismas fechas de septiembre en Bussy-Saint-Georges, en los suburbios de París.

"Hasta donde sabemos, en ningún momento se le negó el acceso a la torre Eiffel a nadie", podía leerse en un breve comunicado de BAPS en las redes sociales. "Dado el tamaño de nuestra delegación, la visita se organizó en coordinación con un equipo de la torre Eiffel, al comienzo de los horarios de apertura habituales, para limitar en la medida de lo posible cualquier molestia para otros visitantes".