Hoy otra Catalunya se abre paso. Aliança Catalana reconfigura el mapa político y se erige en la gran protagonista de un nuevo ciclo. El partido de Sílvia Orriols pasaría, en menos de dos años, de representar a 120.000 catalanes a superar los 500.000 sufragios, según el sondeo de Ipsos para este periódico. Con 30 escaños, lograría un peso en el Parlament idéntico al de un erosionado PSC.
La encuesta es una fotografía del ecuador de la legislatura, pero la magnitud del auge de Aliança –de los 19 escaños estimados por Ipsos en septiembre de 2025 a los 30 de ahora– estrecha el margen para un cambio de tendencia hasta la próxima cita electoral. Este resultado supondría un sorpasso histórico sobre ERC y Junts y un hito sin precedentes desde la restitución de la autonomía en 1980: rompería el duopolio del catalanismo y situaría su liderazgo en una formación de ultraderecha.
Orriols perfora todas las fronteras: araña 280.000 votos a la derecha y 120.000 a la izquierda
Solo una alianza antinatural evitaría el bloqueo institucional. Con un tripartito lejos de la mayoría (68 escaños), la gobernabilidad en Catalunya exigiría desactivar los vetos cruzados que han regido hasta ahora en los dos ejes articuladores de la política catalana: el ideológico y el territorial.
El bloque independentista (AC, ERC, Junts y CUP) sumaría 72 diputados (69 sin la CUP) y el de la derecha (AC, Junts, Vox y PP) alcanzaría los 75. Un acuerdo soberanista dependería de romper el cordón sanitario de ERC y de que Junts cediera el liderazgo a su principal rival. Por su parte, una alianza de derechas, aunque viable, derribaría la columna vertebral del discurso conservador de la última década: el antisoberanismo, al obligar a Vox y Junts a entenderse. Una tercera vía de orden implicaría el consorcio de PSC, ERC y Junts (69), quizá solo asumible una vez se celebren las elecciones generales.
A nivel estatal resulta inevitable trazar el paralelismo: tanto Vox como Aliança se erigen a ambos lados del Ebro en los principales beneficiarios si hoy hubiera elecciones. Sin embargo, aunque ambos sean vehículos efectivos para canalizar el malestar social, la formación catalana demuestra una transversalidad de la que Vox carece.
La explicación de su crecimiento va más allá del ajuste de cuentas interno del soberanismo o el desengaño con el procés . El partido conecta con dos preocupaciones clave del presente: la desafección mayoritaria con el Govern de Salvador Illa y la inquietud por la inmigración.
Orriols fideliza de forma extraordinaria a sus votantes de 2024 (86%) y perfora casi todas las fronteras partidistas, a izquierda y derecha. Atrae un 30% de votantes de Junts (su principal fuente de crecimiento) y un 8% del PSC, recabando también apoyos de PP (16%), Vox (15%) y ERC (12%). En total, absorbería unos 280.000 votos de la derecha y 120.000 de la izquierda.
A su vez, juega a favor de Aliança el propio sistema electoral. La disposición transitoria segunda del Estatut beneficia a los partidos con fuerte arraigo en Girona y Lleida y, como Junts, la formación de Orriols saca ventaja de ello: pese a situarse 3,8 puntos por detrás del PSC (17,9% frente al 21,7%), el menor peso parlamentario de Barcelona penaliza a los socialistas e iguala sus fuerzas en escaños.