Durante el último año, los instrumentos financieros destinados a proteger el valor de los ahorros frente a la inflación han recuperado un marcado protagonismo. Entre ellos, los plazos fijos UVA experimentaron un crecimiento notable, posicionándose nuevamente como la alternativa predilecta para aquellos ahorristas que buscan resguardar su capital y obtener rendimientos reales positivos en un contexto de alta volatilidad de precios.
De acuerdo con el último Informe Monetario Diario difundido por el Banco Central, el saldo total de plazos fijos UVA/CER trepó hasta los $1,695 billones al 18 de agosto. Si bien el instrumento experimentó una caída del 4% en los últimos treinta días, el balance anual arroja un salto del 496,5% en lo que va de 2026.
Este resurgimiento responde a una combinación de factores: por un lado, la aceleración de los precios que dominó el escenario macroeconómico durante el primer trimestre del año (donde la inflación acumuló una suba anual del 19,3% tras el 2,1% registrado en julio), y por el otro, la implementación de incentivos y reestructuraciones impulsadas por la banca pública para captar el ahorro privado.
La particularidad fundamental de los plazos fijos UVA reside en su fórmula de actualización. El capital se convierte en Unidades de Valor Adquisitivo (UVA), cuyo valor se actualiza diariamente a partir del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), un índice estrechamente vinculado a la inflación medida por el INDEC.
De esta manera, la ecuación financiera básica del instrumento garantiza que el dinero invertido se adapte de forma automática al ritmo inflacionario, incorporando además una tasa de interés real adicional que preserva y expande el poder adquisitivo del ahorrista.
A pesar de sus atractivos rendimientos frente a la inflación local, los especialistas advierten sobre las limitaciones propias del instrumento. En primer lugar, los plazos fijos UVA exigen la inmovilización del capital por un período mínimo de 90 días.
Asimismo, el instrumento ofrece cobertura exclusivamente frente a la evolución de los precios en moneda nacional. “Esta opción sólo protege frente a la inflación medida en pesos y no ofrece cobertura ante una eventual suba en el tipo de cambio”, advierten los analistas. Si el dólar experimenta un salto abrupto, los ahorros en UVA pueden perder capacidad de compra frente a la divisa, ya que el reajuste se rige estrictamente por el índice local de precios.
En ese marco, para mitigar los problemas tradicionales de iliquidez, el Banco Nación implementó modificaciones estructurales en su producto. La nueva modalidad permite cobrar intereses mensualmente (con una tasa anual de hasta el 4,5%) depositados cada 30 días en la cuenta del cliente, mientras que el capital ajustado por inflación se entrega íntegramente al cumplirse el plazo mínimo de 90 días, con una inversión inicial accesible a partir de los $1.500, según lo establecido.
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