Emmanuel Macron culmina esta semana su proyección europea con la Cumbre Espacial en el Grand Palais de París, tras su gira del fin del verano por Suecia, Países Bajos y Reino Unido. Su imagen exterior, como adalid del "despertar estratégico" del viejo continente, contrasta sin embargo fuertemente con sus mínimos de popularidad en casa: tan solo el 20% de los franceses asegura tener a estas alturas "confianza" en su presidente y el 75% descalifica su labor en la recta final de su mandato, según un reciente sondeo de Elabe para Les Échos.
La imparable cuesta abajo de Macron, propulsada por su impulso a la reforma de las pensiones y por las elecciones anticipadas del 2024 que le hizo perder la mayoría parlamentaria, se ha convertido de hecho en el "lastre" al que se enfrentan los dos máximos aspirantes a heredar el centro político. Sus ex primeros ministros Edouard Philippe y Gabriel Attal navegan a una más que considerable distancia de la favorita a las presidenciales del 2027, la líder de Agrupación Nacional Marine Le Pen.
Le Pen vuela en solitario con un 36% de las preferencias del voto, frente al 14,5% de Philippe y el 7,5 de Attal, superados ambos por el líder de La Francia Insumisa Jean-Luc Mélenchon (15%) en la última encuesta de Ipsos/BVA para Le Parisien. La polarización del electorado francés es tal que la hipótesis de un mano a mano entre la extrema derecha y la extrema izquierda, Le Pen contra Mélenchon, resulta cada vez más probable en la segunda vuelta del próximo 2 de mayo.
La sombra pesarosa de Macron se proyecta pues sobre sus posibles "sucesores", pese a todos los intentos del presidente por apuntalar su vocación europea y de convertirse incluso en el puente post-Brexit entre el Reino Unido y la UE, tras su reciente encuentro en Londres con el nuevo premier Andy Burham, con quien se comprometió a "reforzar la relación especial".
A falta de ocho meses para su despedida, Macron busca desesperadamente ahondar en el legado europeo de su mandato, pese a las fricciones recientes con Alemania (que han quedado a la vista en la antesala de la cumbre espacial de esta semana) y su tibia postura en la crisis de Ceuta, ofreciendo "solidaridad y apoyo" a Pedro Sánchez, y desmarcándose de los 22 países de la UE que criticaron abiertamente su política migratoria en la iniciativa impulsada por Giorgia Meloni.
La última rentrée veraniega del presidente al cabo de casi un decenio en el Elíseo, no ha servido para darle la vuelta a la curva de la impopularidad, según certifica también estos días el barómetro de YouGov para el Huffington Post, que le otorga igualmente un nivel de aprobación del 20%, el mismo que tenía en agosto. Macron sigue siendo a estas alturas el segundo presidente más impopular de la Quinta República, por detrás del socialista François Hollande.
Los aspirantes a sucederle iniciaron hace tiempo un calculado desmarcaje. Gabriel Attal, sacrificado tras el fiasco de las elecciones anticipadas del 2024, ha llegado a reconocer abiertamente: "No entiendo algunas decisiones del presidente". Edouard Philippe, que aguantó al timón durante la crisis de los chalecos amarillos, llegó a reclamar incluso elecciones presidenciales anticipadas ante la sensación de ingobernabilidad que se instaló durante los dos últimos años en Fancia.
Pese a sus divergencias con su mentor, Attal sigue al frente de Renacimiento, la última reencarnación del partido creado a imagen y semejanza de Macron con el nombre de La República En Marcha. Philippe encabeza su propio partido de centro, Horizontes, con el que revalidó el marzo su victoria como alcalde de Le Havre (empañada luego por el escándalo de corrupción y tráfico de influencias, pendiente aún de juicio, que ha salpicado su campaña).
Ante la confusión del electorado por la fragmentación creciente del centro político, el propio Philippe ha dado un paso al frente reclamando "la creación de un nuevo partido o una nueva confederación de partidos". "Eso implicará la necesidad de designar candidatos únicos en cada circunscripción", añadió, empezando por una candidatura unificada de centro a las presidenciales.
"Si queremos una mayoría política, hará falta un programa y un lema común", advirtió Philippe, respaldado entre otros por el ministro de Justicia Gerard Darmanin, que justificó su apoyo alegando que es "el capitán que nos hará llegar a buen puerto", frente a la amenaza de naufragio ante el avance impetuoso de Marine Le Pen y Agrupación Nacional.
A diferencia de Attal, percibido como más progresista, Philippe busca "una recomposición política basada en la reagrupación de la derecha y del centro", en un envite lanzado también al líder de Los Republicanos, Bruno Retailleau, empeñado en marcar también distancias con la extrema derecha.
"Debemos construir una agrupación que nos permita compartir los valores fundamentales, como el respeto al estado de derecho y al modelo democrático, el apego a la construcción europea, la defensa de los intereses y la seguridad de Francia y la conciencia clara de la urgencia climática", proclamó Philippe en un acto de campaña en Tourcoing, marcando las líneas rojas de una futura coalición unificada del centro.