El liderazgo sereno de Luis de la Fuente

2026/07/20

No es fácil. Abandonar el club de tus amores en el que has ganado todo como lateral izquierdo para irte a casi 1.000 kilómetros a empezar de cero. Escuchar partido tras partido los abucheos de la grada en tu primera experiencia seria como entrenador hasta que llega el cese a mitad de temporada. Llegar a dirigir la selección de tu país y tener que apoyar, por eso mismo, al presidente de la Federación más cafre que se recuerda.

A Luis de la Fuente le ha tocado gestionar a lo largo de su vida no solo éxitos, como ser titular en las mejores temporadas de la historia del Athletic de Bilbao o ganar finales, ya como entrenador, con chavales de 19 y 21 años, pero también con la absoluta. También sinsabores: como jugador, hacer las maletas de Bilbao a Sevilla; salir por la puerta de atrás de Mendizorroza tras ser cesado como entrenador para que los hinchas del Deportivo Alavés no le linchasen o enterrar a su propio hermano justo cuando tocaba el éxito con los dedos por haber alcanzado la ansiada posición de seleccionador nacional.

Lo dejó escrito Kipling y lo ha aplicado Luis de la Fuente toda su carrera: “si te encuentras con el triunfo y con el fracaso, trátalos a los dos de la misma manera porque son impostores”. Es muy difícil. En el fútbol más aún. Y ni te cuento en los tiempos que vivimos en los que la polarización ha subido la temperatura de cualquier conversación.

Su liderazgo sereno explica la ausencia de estridencias en su desempeño y en sus intervenciones públicas. El protagonismo para los jugadores; la elección de los seleccionados siempre basada en el mérito y la capacidad; las victorias como las derrotas: corales; el tono de voz siempre tranquilo; las opiniones impecables -como su apariencia-.

Liderazgo sereno como los grandes de la historia del deporte español: Rafa Nadal, Miguel Indurain, Pau Gasol, Andrés Iniesta o Carolina Martín.

El ciclismo de Miguel Induráin, ganador de cinco Tours de Francia y campeón en modestia y trabajo en equipo. Rafael Nadal y Carolina Martín consiguieron que miles de chicos comprendieran que el silencioso sacrificio es parte del secreto del éxito. Todos usaban, como Luis de la Fuente, después de sus triunfos, ese plural tan característico: «Hemos jugado bien» Sus éxitos eran individuales, pero el mérito con su forma de hablar se lo otorgaban siempre a un equipo. Exactamente igual que Pau Gasol o Andrés Iniesta, que repartieron en todo momento, generosamente, la responsabilidad de sus logros entre sus compañeros, buscando siempre un segundo plano, evitando el uso del 'yo' de tanto líder ególatra del deporte y de otras disciplinas que tantas líneas ocupan normalmente en la prensa.

El liderazgo sereno te permite gestionar altísima presión, cohesionar personalidades diferentes o conducir con calma las provocaciones del rival. Ahora solo falta que nuestro país adopte esa forma de afrontar lo que viene. Con el ejemplo de Luis y sus chicos, España volverá a ganar en las finales que sin duda va a tener que vivir.