
El Niño se intensifica en un mundo más cálido y amenaza con agravar las sequías, las inundaciones y las pérdidas de cosechas en regiones que abastecen de alimentos a millones de personas, mientras la FAO insta a los gobiernos a actuar antes de febrero o marzo para proteger la próxima producción agrícola.
El fenómeno coincide con la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, inaugurada el martes en Nueva York bajo una mañana fría y lluviosa. Presidentes y primeros ministros debatieron sobre sequías, inundaciones, calor extremo, aumento del nivel del mar y presiones sobre el agua y los alimentos, riesgos que podrían aumentar durante los próximos meses, según UN News.
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La Organización Meteorológica Mundial advirtió que este episodio alcanzará una intensidad “muy fuerte”, la categoría más alta de su clasificación. Aunque el máximo se prevé hacia el final del año, sus efectos persistirán después: “El pico es un pronóstico, no una línea de llegada”.
El Niño se origina en el Pacífico tropical, a miles de kilómetros de los territorios que puede afectar, pero modifica los patrones de lluvias y temperaturas en varias regiones. Para los agricultores, esas alteraciones pueden definir si una temporada termina con producción suficiente, con falta de pasturas para el ganado o con una crisis alimentaria.
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Kaveh Zahedi, subdirector general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y responsable climático de la entidad, explicó que el patrón se desarrolla sobre una base térmica más elevada. “El Niño actual se está formando sobre una línea de base mucho más alta”, afirmó. “Está ocurriendo en un mundo más caliente, lo que significa que magnificará algunos de los impactos”.
A diferencia de otras catástrofes, el fenómeno puede detectarse mientras se forma en el Pacífico. Los científicos siguen su evolución y los gobiernos disponen de un margen para prepararse, siempre que cuenten con recursos y voluntad política para aplicar medidas preventivas.
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La Organización Meteorológica Mundial monitorea los cambios de gran escala en el océano y la atmósfera. La FAO complementa ese seguimiento con más de cuatro décadas de registros sobre el impacto de episodios fuertes de El Niño en la agricultura.

La combinación de datos históricos, condiciones actuales, pronósticos estacionales e indicadores de inseguridad alimentaria permite delimitar las zonas expuestas. En algunos casos, los mapas identifican áreas vulnerables con una resolución de cerca de un kilómetro cuadrado, una escala que ayuda a decidir dónde intervenir primero.
La FAO prevé una alta probabilidad de sequía agrícola en África austral, el Sahel, el Corredor Seco de América Central y partes del sur y sudeste de Asia. En otros territorios, el principal riesgo será el exceso de lluvias y las inundaciones, mientras que el calentamiento inusual del agua podría afectar la pesca y los medios de vida en las costas.
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Científicos climáticos estiman que más de 450.000 personas podrían morir a causa del calor adicional provocado por este episodio de El Niño en los próximos seis meses, entre septiembre y febrero de 2027. La cifra abarca desde Indonesia hasta la India, y desde Nigeria hasta Estados Unidos, y no incluye las muertes adicionales que podrían derivarse de sequías, incendios forestales e inundaciones. Los países más afectados serán Nigeria, Indonesia, Sudán, India y Brasil, mientras que el Sahel africano y el sudeste asiático concentran los mayores riesgos regionales.
“La cifra de 451.000 personas puede parecer abstracta, pero detrás hay padres, hijos, abuelos y vecinos que trabajan y cuidan de sus familias”, señaló el profesor Michael Greenstone, cofundador del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago.
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El precedente de 2023 y 2024 muestra la dimensión de los daños que puede provocar un episodio fuerte. En Marruecos, el calor extremo y la sequía redujeron los rendimientos de cereales en 43%.

África austral atravesó su peor sequía en más de un siglo. La emergencia dejó a 61 millones de personas necesitadas de asistencia y llevó a más de ocho millones a una situación de inseguridad alimentaria; las malas cosechas también elevaron el precio de algunos alimentos básicos en distintos mercados del mundo.
Zahedi recordó que esa experiencia ocurrió sin una preparación suficiente: “Tenemos una muestra de lo que pasó la última vez, cuando no estábamos preparados”. El responsable de la FAO sostuvo que todavía es posible limitar los daños mediante medidas aplicadas antes del próximo ciclo agrícola.
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Entre las herramientas disponibles figuran las semillas resistentes a la sequía, una mayor capacidad de almacenamiento de agua, suelos más saludables, protección del ganado y sistemas de alerta que lleguen a los productores con tiempo para modificar las fechas de siembra o cambiar de cultivo.
“Hay mucho que podemos hacer”, señaló Zahedi. “Tenemos un plazo, pero debemos actuar rápido porque la ventana se está reduciendo”. El funcionario precisó que las medidas deben estar en marcha “para febrero o marzo” con el objetivo de resguardar la próxima cosecha.

La gestión del agua, los cultivos y animales resistentes, la recuperación de los suelos y el fortalecimiento de los ecosistemas responden a dos necesidades simultáneas: reducir las pérdidas asociadas a El Niño y preparar al sector agrícola para un clima más caliente e imprevisible. Para la FAO, la respuesta al fenómeno funciona como una adaptación climática con un calendario más inmediato.
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Los recursos destinados a esa preparación disminuyeron pese al aumento de los riesgos. Un próximo análisis de la FAO calcula que la financiación para el desarrollo vinculada al clima destinada a los sistemas agroalimentarios cayó 10% en 2024, hasta USD 26.900 millones.
Los cultivos, la ganadería, los bosques y la pesca recibieron cerca de 5% del total de la financiación climática para el desarrollo. En África, esos fondos retrocedieron 20%, incluso cuando el flujo global de financiación climática dirigido al continente aumentó.

“No está llegando suficiente dinero a los sectores productivos ni a la construcción de resiliencia”, afirmó Zahedi, citado por UN News. El funcionario señaló que los recursos deben crecer para proteger la seguridad alimentaria durante un año marcado por El Niño.
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El debate continuará en la Cumbre Climática prevista para el miércoles en la sede de las Naciones Unidas, donde la adaptación y la financiación ocuparán un lugar central. La llegada de El Niño no puede evitarse, pero sus impactos probables ya pueden cartografiarse y, en los lugares más expuestos, aún quedan meses para actuar.
La FAO plantea que la agricultura no debe ser considerada solo como una actividad afectada por las alteraciones climáticas. La restauración de tierras degradadas, la expansión de la agroforestería y modelos más sostenibles de ganadería y acuicultura pueden fortalecer la resiliencia, respaldar la seguridad alimentaria, preservar la biodiversidad y contribuir a reducir las emisiones.