Mapear desde el aire las zonas afectadas, retirar vegetación quemada, crear nuevos cortafuegos y acelerar el cultivo de árboles. El plan de la Comunidad de Madrid para reforestar la Sierra Oeste arranca con estos cuatro ejes centrales. La próxima semana se prevé iniciar un operativo para en las zonas calcinadas. En paralelo a estos trabajos, dos viveros autonómicos se centrarán en aumentar la producción hasta alcanzar las 300.000 plantas forestales autóctonas. Encinas, robles, fresnos, tejos y madroños serán algunas de las especies que se introducirán para recuperar las zonas verdes. Para ello, se analizarán las zonas para colocar las plantas mejor adaptadas a las condiciones y favorecer su supervivencia.
A falta de conocer la cifra total sobre el alcance del peor incendio de la Comunidad de Madrid, unas 27.000 hectáreas han quedado carbonizadas por las llamas. Dentro del Plan de Recuperación se ha diseñado una hoja de ruta para restaurar el área forestal. Uno de los primeros pasos que ya se realiza es cuantificar el alcance real de los daños, las características de la vegetación afectada e identificar los puntos más erosionados. Este trabajo de análisis se efectúa a través de imágenes de alta resolución tomadas por satélite, junto con cartografía ambiental, según han explicado desde el Ejecutivo autonómico.
Esta información servirá para priorizar y organizar el resto de actuaciones. "La próxima semana comenzamos por vía de urgencia los trabajos de retirada de arbolado y creación de fajas de seguridad junto a las pistas forestales de aquellos montes que gestionamos", indicó la presidenta del Ejecutivo autonómico, Isabel Díaz Ayuso, este jueves sobre la previsión actual. Así, se retirará parte de los restos para eliminar los elementos que sirvan de combustión y para prevenir la proliferación de plagas. Asimismo, se diseñarán nuevos cortafuegos.
Estas labores servirán para preparar el terreno antes de iniciar la fase de reforestación. Los nuevos ejemplares que se plantarán en la Sierra Oeste se cultivarán en los viveros del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (Imidra) ubicados en El Escorial y en Arganda del Rey. También se recurrirá al Banco de Germoplasma Forestal (Biformad) donde se almacenan semillas de especies autóctonas.
Encinas, quejigos, robles, fresnos, jaras, retamas o majuelos, y variedades incluidas dentro del Catálogo Regional de Especies Amenazadas, como el tejo, el acebo, el madroño, el alcornoque, el olmo de montaña o el mostajo, serán algunos de los árboles que se introduzcan en el paisaje para recuperar el área forestal perdida por los incendios.
El objetivo marcado es triplicar la producción actual de los viveros. En la actualidad los centros cultivan unas 100.000 especies y se prevé llegar a las 300.000 durante el periodo 2027-2028. "El Ejecutivo autonómico lleva varios años trabajando y cultivando especies regionales para repoblar y mejorar nuestros hábitats, especialmente aquellos que han sido dañados. Y este año, tras el peor incendio que ha vivido la región en su historia, esta iniciativa cobra aún más valor", señaló el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, al detallar la estrategia marcada.
Parte de estos ejemplares se cultivará a partir del almacenes de semillas existentes. Estos reservorios clasifican las semillas en función de la zona de recolección para asegurar que las plantas se pueden adaptar a las condiciones del terreno donde se ubicarán. "Esto favorece su éxito y supervivencia", explican desde la Comunidad de Madrid.
Aunque los procesos de reforestación se extienden en el tiempo, desde el Gobierno regional señalan la importancia de actuar rápido. Tras los incendios del año pasado en el municipio de Tres Cantos y la afección de 263,14 hectáreas en el Monte de Viñuelas las labores de recuperación ya han finalizado. Los trabajos se han centrado en recuperar el ecosistema y evitar daños irreversibles en el suelo. Así, se ha procedido a facilitar el rebrote de encinas a partir de cepas y raíces, y evitar que las cenizas se esparcieran hacia los cauces y espacios de agua. Asimismo, se han creado refugios para reptiles y anfibios con pequeñas charcas, barreras naturales de troncos y zanjas para retener la escorrentía. Por otro lado, se han conservado los árboles de gran tamaño para que las aves puedan utilizarlos como posaderos.