Las interrupciones obligatorias de tres minutos en cada tiempo del Mundial 2026 dividieron opiniones. Mientras la FIFA las presenta como una medida para resguardar la salud de los jugadores frente a las altas temperaturas, médicos, exfutbolistas y analistas económicos coinciden en que la decisión también abrió un nuevo escenario táctico y comercial que podría marcar el futuro del fútbol.
Por primera vez en la historia de la Copa del Mundo, todos los partidos cuentan con dos pausas obligatorias de hidratación, una en cada tiempo, con una duración de tres minutos.
La medida fue implementada por la FIFA tras la experiencia del Mundial de Clubes de 2025 y ante las condiciones climáticas previstas en Estados Unidos, México y Canadá, sedes del torneo, donde el verano del hemisferio norte ha llevado las temperaturas por encima de los 30 y 35 grados centígrados en varias ciudades.
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Según el organismo, el objetivo es proteger la salud de los futbolistas y garantizar las mismas condiciones para todas las selecciones. Sin embargo, la decisión ha generado un intenso debate.
Las pausas no solo modifican el desarrollo habitual de los partidos, sino que también ofrecen espacio para ajustes tácticos y para la transmisión de publicidad televisiva, un aspecto que ha despertado cuestionamientos dentro y fuera del fútbol.
La perspectiva médica: salud y deshidratación
Desde el ámbito médico, José Arce, deportólogo y secretario de la Confederación Sudamericana del Deporte, consideró que la implementación fue una medida acertada desde el punto de vista fisiológico, aunque sostuvo que pudo aplicarse con mayor precisión.
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Explicó que el contexto de este Mundial es completamente distinto al de Qatar 2022. Mientras en la anterior Copa del Mundo la mayoría de los estadios contaba con sistemas de climatización y los encuentros se programaron en horarios que reducían la exposición al calor, en Norteamérica predominan escenarios abiertos y varios partidos se disputaron durante las horas de mayor temperatura.
Según Arce, estas condiciones incrementan la deshidratación, elevan la temperatura corporal, disminuyen el rendimiento aeróbico y aumentan el riesgo de sufrir golpes de calor por esfuerzo.
También advirtió que el estrés térmico puede afectar la capacidad de concentración y la toma de decisiones de los futbolistas.
El especialista sostuvo que las pausas eran recomendables, aunque considera que la planificación debió contemplar un análisis climatológico más riguroso antes de establecer los horarios de cada compromiso.
Arce aseguró que cuando la temperatura supera los 28 °C representa un riesgo moderado-alto, de 30-32 °C un riesgo elevado y más de 32 °C significa un riesgo mucho más alto.
“Una pausa breve de hidratación alrededor de los minutos 30 y 75 disminuye la temperatura corporal, la frecuencia cardiaca y, si toma en cuenta las pérdidas hídricas acumuladas de todos esos días, da un riesgo médico elevado. Las pausas de hidratación son una medida correctiva, no preventiva”, dijo.
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“Yo hubiera programado todos los partidos de riesgo después de las 18:00, hubiera evitado los horarios de mediodía, hubiera utilizado estadios cerrados o climatizados lo más posible y hubiera aplicado criterios obligatorios basados en WBGT y no solo en temperatura ambiente, es decir, medir durante la hora antes y llevar medición durante el partido y ver la necesidad de implementarla”, agregó.
En su experiencia dentro del fútbol profesional ecuatoriano ha observado casos de jugadores que finalizaron un encuentro con pérdidas de entre cuatro y seis kilogramos de peso corporal producto de la deshidratación, incluso en partidos disputados durante la noche.
También recordó el caso de un futbolista que sufrió un síncope después de perder alrededor de cuatro kilos y medio durante un encuentro.
Para el médico, esos antecedentes reflejan la importancia de implementar protocolos individualizados de hidratación.
Señaló que no todos los jugadores responden igual al esfuerzo físico y que algunos requieren estrategias específicas, desde soluciones con electrolitos hasta técnicas como el enjuague bucal con agua, utilizada por ciertos futbolistas para estimular la sensación de hidratación sin generar molestias digestivas.
En ese contexto, consideró que las pausas de tres minutos demostraron ser útiles porque permitieron que jugadores visiblemente exhaustos recuperaran parte de su capacidad física antes de reanudar el juego.
No obstante, insistió en que este tipo de medidas no debería aplicarse de manera uniforme. En Ecuador, por ejemplo, plantea que la decisión debe depender de factores como la temperatura, la humedad relativa y las características de cada ciudad.
Desde su perspectiva, sedes como Manta, Guayaquil o Quito requieren evaluaciones independientes, ya que el impacto del calor varía considerablemente entre una región y otra.
La visión táctica: impacto en el juego
La visión cambia cuando el análisis se traslada al terreno de juego. El exseleccionado ecuatoriano y exjugador de Barcelona SC y Emelec Raúl Avilés reconoció que las pausas representan un beneficio para la salud de los futbolistas cuando las condiciones climáticas son extremas, pero advierte que también modifican el desarrollo competitivo de los partidos.
Según Avilés, los principales favorecidos suelen ser los equipos que atraviesan un momento complicado dentro del encuentro. Consideró que esos tres minutos permiten reorganizar el sistema táctico, realizar correcciones desde el banco de suplentes y frenar el impulso del rival cuando domina el compromiso.
En cambio, para el equipo que atraviesa su mejor momento, la interrupción puede significar una pérdida de intensidad y de ritmo ofensivo.
Avilés sostuvo que, si un conjunto está siendo superado, la pausa ofrece al entrenador la posibilidad de corregir errores que muchas veces no logra transmitir desde la banda durante el desarrollo normal del juego. Por eso consideró que, en términos estratégicos, suele favorecer al equipo que necesita reaccionar.
El exfutbolista también cree que las pausas deben utilizarse únicamente cuando las condiciones climáticas realmente lo justifican. Pone como ejemplo partidos disputados al mediodía en ciudades como Manta o Machala, donde la exposición al calor puede ser determinante para el rendimiento físico de los jugadores.
Sobre una eventual aplicación permanente en la Liga Pro, mostró ciertas reservas. Consideró que, aunque la medida puede beneficiar a los futbolistas, en el contexto ecuatoriano también existe el riesgo de que se prolonguen innecesariamente las interrupciones.
El impacto económico: publicidad y millones
Desde el ámbito económico, el analista Jorge Calderón, rector del Tecnológico Argos, sostuvo que la discusión no puede limitarse únicamente al aspecto deportivo, ya que las pausas también representan una oportunidad comercial de gran magnitud.
Explicó que la FIFA justificó la medida bajo criterios médicos relacionados con el aumento de las temperaturas y las olas de calor registradas en Norteamérica, pero añadió que el contexto estadounidense facilitó la incorporación de un modelo más cercano al entretenimiento deportivo que caracteriza a ese país.
Según Calderón, las cadenas televisivas, que previamente adquirieron los derechos de transmisión, aprovechan esos tres minutos para comercializar espacios publicitarios cuyo valor puede oscilar entre los $ 200.000 y cerca de $ 1 millón por anuncio, dependiendo de la relevancia del partido.
Considera que, al multiplicar esas cifras por los 104 encuentros del torneo y las dos pausas por compromiso, el movimiento económico podría alcanzar los $ 1.000 millones.
A su criterio, esta evolución responde a una estrategia que comenzó con la Copa América de 2024 y el Mundial de Clubes de 2025, ambos celebrados en Estados Unidos, y que continuará con otros cambios orientados al espectáculo, como el show de medio tiempo previsto para la final del Mundial.
El analista cree que las próximas Copas del Mundo también mantendrán las pausas de hidratación. Argumenta que los escenarios previstos para 2030 y 2034 volverán a desarrollarse en regiones donde las altas temperaturas servirán como justificación para preservar la medida.
En ese escenario, considera probable que la resistencia inicial disminuya y que estas interrupciones terminen siendo aceptadas como parte habitual del fútbol moderno. (D)