El regalo de ver con claridad

2026/09/09

Meta Humanos

Mi intención con este artículo es motivar a los guatemaltecos a dejar el juicio.

¿Cuándo fue la última vez que se te hizo una pregunta hermosa? Por pregunta hermosa me refiero a una pregunta que, como gota de agua que cayó en un lago sereno, provoca círculos expansivos. Es usual que las preguntas mueran en el instante en el que se plantean. Así como abundan las gotas de agua que caen en el pavimento. Sin nutrir el suelo. Sin impacto.


Preguntas… Probablemente se nos plantean todos los días. Preguntas que no mueren… Preguntas abiertas donde la(s) respuesta(s) no son directas ni están fijadas en el tiempo. Preguntas con distintas posibles respuestas donde cada posibilidad depende de la calidad y de la profundidad de la reflexión. Esta categoría es rara y preciada.


Comparto la última pregunta hermosa que se me hizo: ¿Si no fueras capaz de juzgar, qué estarías sintiendo en este momento? Antes de proseguir, pido amablemente al lector/a que note y valore el arte que implica seleccionar palabras cuidadosamente. En la segunda línea de este artículo, hago mención a un lago sereno. Es importante que la palabra “sereno” no pase desapercibida. Los círculos que provoca una gota de agua no se pueden ver en un lago alborotado. La calma es esencial.


Es vital comprender que la calma no solo se aplica al lago. Puede que el lago esté calmado, pero si la mente del espectador/a está en un momento xocomil, la belleza de los círculos en el agua no puede ser percibida. Una reflexión de calidad y profundidad depende tanto de la pregunta en sí misma como del estado mental de quien la recibe.
La pregunta hermosa que se me hizo —“si no fueras capaz de juzgar, ¿qué estarías sintiendo en este momento?”— llegó justo cuando mi mente estaba lista para alojarla.


Recién me mudé a Sudáfrica, y hace poco le pregunté a un bóer con quien almorzaba, un descendiente de los holandeses, qué idioma hablan quienes estaban a nuestro alrededor. “No sé, algún idioma africano. Hay muchos”, me dijo. Su comentario despertó una crítica de mi parte: ¿Cómo es posible que esta persona lleve viviendo aquí más de 60 años y aún no reconozca siquiera qué idioma es el que se está hablando?


Al escuchar mi propia crítica, recordé la pregunta hermosa y mi respuesta me hizo ver algo importante. De no poder juzgarlo, yo me estaría sintiendo hipócrita. En ese momento me di cuenta de que la crítica aplicaba a mí. Como ladina, la verdad es que, a pesar de que he estado rodeada de personas que hablan diferentes idiomas mayas por dos décadas, hoy yo no podría responder cuál es el idioma que se está hablando.


La pregunta hermosa permite ver con claridad y considero que esto es un regalo. Al ver mi hipocresía con claridad puedo hacer algo al respecto. Es justo por esta razón que la metáfora de una gota de agua me parece tan apropiada. Una gota de agua que cae en pavimento, como ya mencioné, no tiene impacto. El juicio es pavimento. Cierra la mente y, lo que es peor, el corazón. Las preguntas hermosas buscan que tanto nuestra mente como nuestro corazón se mantengan abiertos y flexibles, y al ser así se opera desde la curiosidad.


Mi intención con este artículo es motivar a los guatemaltecos a dejar el juicio. Imagino una sociedad en donde reina la curiosidad. De la curiosidad emanan cualidades positivas como la amabilidad y la sabiduría. Del juicio emanan la división y el odio.


Si queremos una sociedad amable y sabia, debemos empezar por nosotros mismos. Por ver nuestro reflejo, y es justo por esta razón que comparto esta reflexión.


Espero que la pregunta hermosa que compartí haya llegado en el momento correcto, y para ti, lector/a, tenga un impacto expansivo como gota de agua que cae en un lago sereno.