Hay barcos que forman parte de la historia y barcos que permiten viajar dentro de ella. El Waverley pertenece a la segunda categoría. Ochenta años después de su botadura, el gran vapor de ruedas escocés continúa navegando con pasajeros y conserva buena parte de la maquinaria y de la apariencia que lo convirtieron en uno de los últimos representantes de una época en la que los vapores conectaban ciudades, pueblos y destinos turísticos de la costa británica.
El 2 de octubre de 1946, el barco fue botado en el astillero Pointhouse de Glasgow, sobre el río Kelvin. Este viernes ha cumplido oficialmente ocho décadas desde aquel momento, una efeméride que se ha celebrado con una navegación especial por el Támesis. El Waverley pasó bajo el Tower Bridge, continuó hacia Gravesend y Southend-on-Sea y navegó después frente a los fuertes marítimos de la Segunda Guerra Mundial de Knock John, Red Sands y Shivering Sands.
A pesar de celebrar su ochenta cumpleaños desde su botadura, el Waverley no realizó sus primeras pruebas hasta junio de 1947 y su primera navegación con pasajeros tuvo lugar el 16 de junio de ese año, cuando comenzó una trayectoria que todavía continúa a día de hoy.

Un barco nacido de la guerra
El actual Waverley fue construido por A. & J. Inglis para la London and North Eastern Railway (LNER), compañía ferroviaria que explotaba servicios marítimos complementarios a su red. La quilla se colocó el 27 de diciembre de 1945, pocos meses después del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa, pero las dificultades de suministro de materiales de la posguerra retrasaron su construcción.
Su misión original era relativamente modesta comparada con lo que acabaría haciendo décadas después: cubrir la ruta entre Craigendoran y Arrochar, en la costa occidental de Escocia, a través de Loch Goil y Loch Long. El barco debía transportar pasajeros por el Firth of Clyde y sustituir a su predecesor, también llamado Waverley.
Ese primer Waverley, construido en 1899, tuvo un destino mucho más dramático. Durante la evacuación de Dunkerque, la Operación Dynamo, participó en las labores de rescate de tropas británicas y fue hundido por acción enemiga el 29 de mayo de 1940. El nuevo buque tomó su nombre y nació precisamente para reemplazarlo.
El nombre, además, tiene una raíz literaria: procede de las novelas Waverley de Sir Walter Scott, uno de los grandes escritores escoceses del siglo XIX.

Cuando los vapores dominaban la costa
El Waverley pertenece a una tradición marítima mucho más antigua. Los vapores de ruedas desempeñaron un papel destacado desde el siglo XIX en los transportes costeros y, especialmente, en las excursiones turísticas. En el Clyde llegaron a existir auténticas flotas que conectaban localidades de la costa con Glasgow y servían al mismo tiempo como ferris y barcos de recreo.
La expansión del ferrocarril, los automóviles y los nuevos ferris fue relegando progresivamente aquella tecnología. En los años sesenta el modelo había entrado claramente en declive y cada vez quedaban menos vapores de ruedas operativos.
En 1970, el Waverley ya era el último vapor de ruedas marítimo del mundo. Tres años después llegó la amenaza definitiva: terminó la temporada de 1973 con Caledonian MacBrayne y quedó retirado del servicio. La naviera consideraba que su explotación era demasiado costosa y que necesitaba una inversión importante para continuar navegando. Parecía el final de una era.
Salvado por una libra
La historia dio entonces uno de sus giros más improbables. La Paddle Steamer Preservation Society (PSPS) llevaba años defendiendo la conservación de los vapores de ruedas y consiguió que Caledonian MacBrayne aceptara transferir el Waverley por la simbólica cantidad de una libra. La operación se formalizó el 8 de agosto de 1974.
Aquella libra no fue suficiente, ni mucho menos, para devolverlo al agua. Había que recaudar dinero, reconstruir elementos del barco y conseguir que una máquina concebida en otra época pudiera cumplir con las exigencias de seguridad de la navegación moderna.
Una campaña pública consiguió los fondos necesarios y, en mayo de 1975, volvieron a encenderse las calderas. El Waverley regresó al servicio el 22 de mayo de 1975, iniciando una segunda vida bajo conservación que ya suma más de medio siglo.
Desde entonces no ha permanecido atracado como una pieza de museo. Todo lo contrario: la filosofía de la PSPS ha consistido precisamente en conservar estos barcos en funcionamiento. La sociedad calcula que ha aportado más de cuatro millones de libras a la conservación del Waverley desde 1974.

Una máquina de vapor que todavía trabaja
Subir hoy al Waverley significa encontrarse con una tecnología que desapareció hace mucho tiempo del transporte marítimo convencional.
El barco mide unos 73 metros de eslora, 17,5 metros de manga y tiene un calado cercano a 1,9 metros. Su corazón mecánico es un motor de vapor de triple expansión construido en 1947 por Rankin & Blackmore, en Greenock, con una potencia máxima de 2.100 CV. Su velocidad habitual de servicio ronda los 14-14,5 nudos, mientras que en las pruebas llegó a superar los 18 nudos.
La fuerza se transmite a las dos enormes ruedas laterales. Cada una dispone de ocho paletas articuladas, un sistema denominado feathering que mejora su funcionamiento al entrar y salir del agua. El árbol principal está unido sólidamente a ambas ruedas, por lo que no pueden girar de forma independiente.
Hay además algo especialmente atractivo para el visitante: el motor permanece visible para el público. Durante el crucero se puede contemplar el movimiento de las bielas y mecanismos y escuchar el telégrafo de máquinas mientras las órdenes del puente se transmiten a la sala de máquinas.
No todo, lógicamente, es exactamente igual que en 1946. Las exigencias actuales de seguridad han reducido su capacidad de pasajeros desde los 1.350 originales hasta un máximo de 860, y buena parte de sus equipos han tenido que ser actualizados.
Tampoco utiliza ya carbón. Sus dos calderas actuales, instaladas en 2020, funcionan con Marine Gas Oil y generan el vapor necesario para mover el motor principal y una buena parte de la maquinaria auxiliar. El barco conserva además otros equipos accionados por vapor, como el molinete, el cabrestante, bombas y parte de los sistemas asociados al gobierno.

Ocho décadas y más de seis millones de pasajeros
Según Waverley Excursions, el barco ha transportado más de seis millones de pasajeros desde su regreso al servicio en conservación y ha visitado más de 60 puertos y muelles del Reino Unido. En los últimos años su actividad se ha extendido de nuevo mucho más allá de su territorio natal.
El coste de mantener en funcionamiento una maquinaria de ocho décadas sigue siendo uno de los grandes desafíos. En septiembre, la compañía calculaba que mantener el barco en vapor costaba casi 15 libras por minuto, mientras que el incremento de los precios del combustible suponía una presión adicional de más de 300.000 libras sobre el coste previsto de la temporada.
Sus 80 años no son únicamente una cifra. Son la prueba de que una tecnología que desapareció hace décadas del transporte comercial todavía puede sobrevivir cuando una comunidad decide que no basta con conservar un barco: hay que conservarlo navegando.