Actualizado Martes, 11 agosto 2026 - 00:02
A veces las cuentas pendientes no se saldan con dinero, sino con una cuerda, una escalera y un cuadro de la Virgen. Félix Alfonso Alonso lleva 41 años y cuatro meses como bombero del Ayuntamiento de Madrid y el próximo 15 de agosto cumplirá por fin una promesa que le hizo, casi sin darse cuenta, a su hija Ana cuando era una niña.
«Papá, ¿y tú cuándo vas a bajar el cuadro de la Virgen de la Paloma?», le preguntó ella hace 15 años. Él le dijo que lo haría en alguna ocasión. Ese día ha llegado por fin.
Félix será el bombero encargado de realizar el sábado el tradicional descenso del cuadro de la Virgen de la Paloma, una de las imágenes más reconocibles de las fiestas de agosto en Madrid.
Subirá por la escala hasta el altar de la iglesia, asegurará el cuadro y, coordinado con sus compañeros desde abajo, el lienzo iniciará el descenso mediante una cuerda y una polea. Una maniobra que parece sencilla desde la calle, pero que requiere precisión, coordinación y varios ensayos previos.
Una polea para bajar el lienzo
«Es una tarea simple, pero también tiene su complicación porque no contamos con mucho espacio y colocar la escala es difícil. Yo tengo que instalar el material para enganchar el cuadro, que luego baja colgado mediante una polea», explicó ayer Félix, dentro de esta iglesia, situada en pleno barrio de La Latina.
Pero detrás de su elección para esta misión tan especial hay una historia mucho más personal. Félix entró en el Cuerpo de Bomberos en 1985 cuando era joven, y, desde sus primeros años, estuvo vinculado a la Hermandad de la Virgen de la Paloma.
Mientras tanto, su hija iba creciendo y vivió muy de cerca esta estrecha relación con la Virgen. Hasta que un día le hizo una pregunta que no olvidaría: «Oye, papá, ¿cuándo vas a bajar el cuadro de La Paloma?».
La respuesta quedó en el aire durante años. Félix continuó con su carrera, pasó por distintos parques de bomberos y, en 2019, el ictus que sufrió su madre hizo que se desvinculara durante un tiempo de las actividades de la hermandad para poder atenderla. Pero aquella promesa infantil permaneció latente.
Una cuenta pendiente
Hasta que el año pasado, cuando este bombero empezó a pensar seriamente en su jubilación, su hija Ana se lo recordó: «Tú tienes una cuenta pendiente conmigo. Hace muchos años me dijiste que algún día bajarías el cuadro de la Virgen y te vas a jubilar y no lo has bajado».
Félix se puso manos a la obra para cumplir los deseos de la muchacha y le hizo la petición a Felipe, presidente de la Hermandad. El año pasado no dio tiempo a hacerlo, pero este 15 de agosto Félix subirá por primera vez al altar para bajar el cuadro de la patrona de los bomberos madrileños.
No es sólo una promesa cumplida. También será su particular despedida. Félix se jubila oficialmente el próximo 2 de septiembre, apenas dos semanas después de bajar el cuadro: «Es un broche de oro. Si lo llego a haber planeado, no me hubiera salido así de bien», dice satisfecho.
Su hija sigue su estela
Y hay todavía una última vuelta de tuerca. Su hija Ana ha seguido sus pasos en el mundo de las emergencias. El año pasado aprobó la oposición para técnico sanitario del Samur y, aunque se quedó sin plaza, la contrataron para el servicio durante la visita del Papa y ya ha comenzado a trabajar.
«Este acto va a ser como un relevo generacional. Yo dejo los bomberos; ella coge mi testigo y entra en Emergencias», indica Félix.
Después de cuatro décadas de fuegos y rescates, este sargento conductor ha vivido sucesos tan terribles como el incendio de los Almacenes Arias -en el que murieron 10 compañeros-, los atentados de ETA o los del 11-M.
«Los ataques de los trenes fueron durísimos. Yo encajo bien las cosas, pero hubo momentos en los que me derrumbé y me vine abajo. Tengo compañeros que se quedaron tocados y no lograron recuperarse. Al final, dejaron el cuerpo», relata.
Ahora, Félix abordará la bajada del lienzo con la misma calma con la que asegura haber afrontado las situaciones más críticas. «Me hace mucha ilusión. Espero estar lo más tranquilo que pueda», afirma. Aunque sus compañeros ya le han advertido: los nervios llegarán cuando se acerque la fecha.