El vino con hielo llega para quedarse en los bares de Gipuzkoa: «No es una moda pasajera» | El Diario Vasco

2026/08/23

Ane Deba

23/08/2026

Actualizado a las 08:15h.

Las terrazas lucen un nuevo imprescindible sobre las mesas durante los días más calurosos del verano. Pedir una copa de vino blanco acompañada por un cubito de hielo, una tendencia popularizada en las barras bajo el nombre de 'Blanco París', se ha consolidado como la opción favorita de muchos clientes para combatir las altas temperaturas a pie de calle. Lo que arrancó como un gesto informal y espontáneo para rebajar la temperatura del trago ha terminado por abrir un debate fresco en todo el sector hostelero, donde la comodidad e inmediatez que exige el consumidor colisionan de lleno con el protocolo, la etiqueta y la liturgia tradicional del servicio del vino.

En el día a día de las terrazas, esta práctica responde principalmente a una necesidad térmica acuciante y a la búsqueda de un alivio instantáneo. Ainara Arregi, camarera del bar Napar Berri de Zarautz, confirma que es una petición que se dispara en cuanto aprieta el sol y que suele concentrarse sobre todo en el consumo de vino por copas: «No es una moda pasajera; con los años ves que va a más».

A esta preferencia del público se le suma un reto logístico recurrente en las barras durante la temporada estival: la enorme dificultad de mantener la bebida a la temperatura óptima de servicio en plena faena. Desde la gerencia de un concurrido establecimiento local explican el apuro diario que sufren tras los mostradores: «Con tanto calor, las cámaras frigoríficas sufren con el ritmo de trabajo; abres y cierras continuamente las puertas y el vino a veces no sale tan helado como exige la gente».

«No es una moda pasajera, con los años ves que va a más; cuando aprieta el calor es cuando más lo pide la gente»

Ainara Arregui

Camarera del bar Napar Berri

El perfil de quien se suma a esta costumbre es bastante variado, aunque los profesionales de las barras coinciden en señalar principalmente a clientes adultos, veraneantes y visitantes de paso. Roger Sosa, camarero del restaurante Charly en Zarautz, destaca que el pedido suele ser directo, pragmático y sin rodeos por parte del usuario: «Te piden que quieren un 'Blanco París' y no te especifican si prefieren un Verdejo, un Godello o un Chardonnay; solo buscan algo que entre bien y esté bien fresco».

Anton Arozena, desde la barra del bar Otamendi, también en Zarautz, coincide en que se trata de una rutina íntimamente ligada al turismo de playa y al ocio estival, mientras que otros profesionales del sector perciben además una presencia notable de «público femenino que busca en esta mezcla una alternativa ligera, fría y refrescante frente a la cerveza o a los combinados convencionales».

Otro punto de vista

Esta búsqueda de frescura rápida contrasta, sin embargo, con la visión de la alta gastronomía y la sumillería profesional, que observan el fenómeno oscilando entre el rigor técnico y la resignación. Rogerio Montesino, sumiller del restaurante Martín Berasategui, advierte de la profunda transformación organoléptica que sufre la bebida en el momento en que entra en contacto con el agua congelada: «Al añadir hielo estás diluyendo el producto en agua. Los aromas se apagan, los sabores pierden su intensidad original y la textura en boca cambia por completo. A los sumilleres nos da cierta pena porque conocemos de primera mano el trabajo enorme que hay detrás de la elaboración de un vino, pero entendemos que el cliente paga y tiene la última palabra».

«A los sumilleres nos da reparo porque sabemos todo el trabajo que tiene hacer un vino para los agricultores, las bodegas...»

Rogerio Montesinos

Sumiller de Martín Berasategui

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A pesar de las reticencias técnicas de los puristas, el propio experto reconoce que la industria vitivinícola se encuentra ante un cambio de paradigma inminente empujado por el público joven y la búsqueda de formas de consumo mucho más informales. «Las nuevas generaciones sabemos adaptarnos. Las bodegas tendrán que sacar etiquetas pensadas específicamente para tomarse con hielo», reflexiona Montesino.

Mientras esa transición llega a los mostradores, para quienes busquen enfriar la bebida sin alterar las propiedades del vino, el sumiller recuerda el método clásico más eficaz y respetuoso con el producto: sumergir la botella en una cubitera tradicional con agua, hielo y una pizca de sal, para que no se derrita tan rápido el hielo, sin sacrificar un solo matiz de su sabor.