El ciclo lectivo 2026 se perfila, sin prisa y sin pausa, para tomar su recta final, y en el horizonte empiezan a asomar las innovaciones que trae de la mano el 2027. En ese ámbito aterrizan dos decisiones de gobierno de distintos distritos que, aunque tienen un objetivo común, buscan cada una a su manera que los chicos de 3 años tengan un lugar asegurado en el sistema educativo.
La Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires avanzaron hacia la ampliación de la escolarización, pero con herramientas y estrategias distintas. Aquí se impone distinguir entre dos palabras que se suelen usar como sinónimos pero conllevan matices: la “universalización”, que obliga únicamente al Estado a garantizar vacantes cercanas para quienes las soliciten, y la “obligatoriedad”, que exige tanto al Estado ofrecer el servicio como a las familias asegurar la asistencia de los niños.
A inicios de marzo pasado, a través de un decreto fundamentado en que “la incorporación de niñas y niños al Nivel Inicial implica mayores aprendizajes y asegura una mejor trayectoria educativa escolar”, el Ejecutivo bonaerense estableció que para el ciclo lectivo 2027 se alcanzará la “universalización efectiva de la sala de 3 años en el nivel inicial”.
En la CABA, el camino fue otro. Los legisladores porteños advirtieron que “los avances en la escolarización temprana se ven potenciados por un contexto demográfico inédito: una caída del 50% en la tasa de natalidad registrada entre 2014 y 2024 en la Ciudad”; sostuvieron que eso “libera capacidad instalada y abre una oportunidad estratégica”; y modificaron el marco legal para extender el tramo obligatorio de asistencia al aula a un mínimo de 15 años consecutivos: es decir, desde los 3 hasta la finalización del nivel medio. Esto entrará en plena vigencia en el ciclo lectivo 2027, con dos años de “tolerancia”.
una experiencia valiosa
Para Alejandra De Renzis Peña, especialista en Atención Temprana del Desarrollo Infantil, “la sala de 3 puede ser una experiencia muy valiosa, si empezamos por hacernos una pregunta bastante simple: ¿qué necesita realmente un niño de tres años? A esa edad está atravesando un momento de enorme crecimiento y desarrollo. Se amplían su lenguaje, su movimiento, su juego, su pensamiento y también su mundo emocional. Empieza a tener más herramientas para expresar lo que quiere, pero todavía necesita mucho de un adulto que pueda comprenderlo, alojarlo y transmitirle seguridad y confianza”.
Más que más que hablar de “estimular”, la docente prefiere en ese contexto hablar de “propiciar el desarrollo. A veces la idea de estimulación nos lleva a pensar que cuanto más hacemos desde afuera, más aprende el niño, y no necesariamente es así. El desarrollo necesita tiempo, experiencias reales, repetición, exploración y adultos capaces de reconocer cuándo acompañar y cuándo dejar espacio para que aparezca la iniciativa propia. Cuando una sala de 3 está pensada desde las necesidades del desarrollo infantil, sin apurarlo hacia aprendizajes que vendrán más adelante, puede ofrecer experiencias muy valiosas.
Martín Zurita, secretario ejecutivo de la Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de la Provincia de Buenos Aires (AIEPA), pone el fenómeno en un marco más amplio: “Desde 2015, Argentina se convirtió en el país del mundo que proporcionalmente más cayó en natalidad respecto de su población. Hubo 400 mil nacimientos menos, lo que impactó en todo el sistema educativo, y más en la gestión estatal que en la privada”.
“Creemos que la obligatoriedad es muy importante porque todavía hay muchos niños de 3 años que no están escolarizados” advierte el dirigente y analiza: “en las salas de 4 y, sobre todo, de 5 años, se ha alcanzado prácticamente a la totalidad. Con una ley de obligatoriedad y aprovechando las salas que van a quedar disponibles por la baja natalidad, podríamos lograr la cobertura total en sala de 3”.
De universal a obligatoria
El dirigente aclara la diferencia jurídica de fondo entre dos distritos relevantes: “El Gobernador sacó un decreto que estableció que a partir de 2027 la sala de 3 años va a ser universal. No es lo mismo universal que obligatorio: para la obligatoriedad se necesita una ley de la Legislatura... La gran diferencia es que cuando es obligatorio se obliga al Estado a asegurar la oferta, pero también todas las familias tienen la obligación de enviar al alumno. En cambio, cuando es universal se obliga al Estado a asegurar la oferta de jardines con salas de 3, pero no se obliga a las familias a enviar a los chicos”.
“Que más niños puedan acceder a una sala de 3 puede ser una oportunidad enorme, tanto para ellos como para sus familias, pero el verdadero valor estará en qué calidad de experiencia podamos ofrecerles” enfatiza De Renzis, quien hace hincapié en ambientes bien organizados y visualmente despejados, con materiales simples que ofrezcan posibilidades para la creatividad y el juego simbólico, un ambiente sonoro sin sobrecarga de ruidos, y presencia de la naturaleza.
“Salir al aire libre, tocar tierra, hojas, piedras o agua, sentir el viento, caminar sobre distintas superficies, son experiencias muy ricas” describe la educadora, quien considera que “sería muy valioso que la ampliación de la sala de 3 estuviera acompañada por instancias de formación y actualización específicas para quienes trabajan con niños de esta edad”.
Desde su experiencia, Romina Cortizo, directora del Jardín Crisol de La Plata y con treinta años de ejercicio docente, vería en la obligatoriedad un alivio institucional frente a la caída en la natalidad: “es una medida que ayuda muchísimo a asegurar la matrícula desde más temprano y, sin dudas, funciona como un amortiguador contra la baja de la natalidad”, sostiene, y agrega que “al adelantar el ingreso formal, los jardines logramos consolidar los grupos antes, lo que nos da una estabilidad y una previsibilidad que valen oro”.
acompañamiento cercano
¿Contar con menos chicos por sala mejora la enseñanza? Cortizo no tiene dudas: “pedagógicamente sí. No es lo mismo estar al frente de una sala superpoblada que de una en la que podés escuchar, observar y acompañar el tiempo de maduración de cada nene”. Y advierte sobre la tentación de “recortar” ante la caída de matrícula: “si la realidad te da menos chicos, se puede usar esa infraestructura a favor de la calidad. Los metros cuadrados que sobren pueden transformarse en un taller de arte, de inglés o de psicomotricidad que le dé un plus al proyecto pedagógico”.
El más reciente Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda, de 2022, indicó que la tasa de asistencia de niños y niñas de 3 años de edad, contemplando jardines de infantes y otros espacios de cuidado, alcanzaba en la provincia de Buenos Aires el 74,2%. Esa cifra, para 2025, se proyectó al 87,5%. Y ahora quieren llevarla lo más cerca posible del 100 por ciento.
Facundo Stazi, magister en Didáctica de la Lengua en Educación Infantil y Primaria, aporta una mirada aguda y singular. Sostiene que todo dependerá de lo que vaya a suceder en esa sala de tres años, y que hay que preguntarse “por qué” y “para qué” están allí los noveles alumnos, más allá de las buenas intenciones del Estado.
Su respuesta es contundente: “están porque tenemos que ir a trabajar, y cada vez tenemos menos redes de contención para criar a nuestros hijos en comunidad”, y la remata: “los niños no necesitan más jardines, necesitan estar con sus padres, con su familia, con adultos mayores, abuelos, tíos, vecinos, amigos. El problema es que estamos todos laburando”.
el reto de la equidad
Acerca del territorio, Stazi pone el foco en que la Provincia tiene 135 municipios, y La Plata no es solo el casco urbano, sino regiones periféricas de transición entre lo urbano y lo rural en los ejes norte, oeste y sur; centralidades como Los Hornos, Villa Elvira, San Carlos y Arturo Seguí; y centros de servicios rurales como Arana, Etcheverry, Poblet y El Peligro. “Una vacante más en el casco”, advierte, “no resuelve la necesidad de una familia lejana, sin transporte sencillo o con horarios laborales difíciles”; el desafío exige pensar “de manera quirúrgica” dónde crear salas y dónde no, porque “la cosa no es tan simple como agregarle una sala a los jardines que ya están funcionando”.
Acerca del declarado y buscado efecto promotor de la equidad social, Stazi matiza sin condescendencia: habrá “algún alivio”, pero para familias ya organizadas, una eventual obligatoriedad se sentirá como una imposición ajena, “una legislación que no era para ellos”.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial